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Termina la Feria de Frankfurt con polémicas sobre China y Google
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La 61ª edición de la Feria del Libro de Frankfurt cerró sus puertas el domingo 18 de octubre con la entrega del Premio de la Paz de los Libreros Alemanes al pensador italiano Claudio Magris y una fiesta de recibimiento al próximo invitado, Argentina.

Argentina, que inauguró en esta feria un pabellón inusualmente amplio, ya piensa en el futuro y celebró con una fiesta los preparativos para ser el próximo invitado de honor en 2010, coincidiendo con el bicentenario de su independencia. Numerosos escritores argentinos pudieron verse estos días en la feria, como Claudia Piñeiro, Osvaldo Bayer, José Pablo Feinmann, Mempo Giardinelli y Guillermo Martínez.

Y como cada año, la feria se clausuró con la entrega del Premio de la Paz de los Libreros Alemanes, en el recinto de ceremonias que fue la Iglesia de San Paul de Frankfurt (Paulskirche), que este año le fue concedido al escritor, traductor y profesor italiano graduado en lengua y literatura germánicas Claudio Magris, considerado creador del concepto político “Mitteleuropa”, es decir, en una Europa Central con predominio alemán.

Según el jurado, sus estudios han contribuido a difundir en su país natal el conocimiento de la cultura centroeuropea. Sus relatos, frecuentemente de factura mixta e indefinida entre lo narrativo, lo ensayístico y el libro de viajes, se inspiran en el mito de la frontera para explicar los más urgentes problemas de la identidad contemporánea.

El Premio de los Libreros Alemanes, que se concede desde 1950, es uno de los más prestigiosos del país, supone un reconocimiento internacional y está dotado con 25 mil euros. Este prestigioso galardón se otorga a personalidades de las artes, letras y humanidades que hayan realizado una contribución a la paz.

La feria dejó al mismo tiempo un sabor de fuerte polémica por la invitación especial este año a China y la impresión de que el evento se ha redefinido y convertido en una feria mediática, así como por el anuncio hecho por Google de lanzar el año próximo el servicio Ediciones Google, que permitirá cargar libros enteros en el teléfono celular o en cualquier dispositivo lector.

Pocas veces los organizadores de la feria han recibido tantas críticas como esta vez al escoger al país socio, y en los simposios y discursos se habló sobre la censura y la libertad de expresión, la persecución de escritores disidentes y la política estatal de China frente a la literatura. Incluso la Canciller Federal alemana, Angela Merkel, en la ceremonia oficial de inauguración, pidió a China que aceptara las preguntas críticas y que hablara sin tabúes.

En septiembre, China negó el permiso para que escritores disidentes acudieran a un simposio sobre la realidad china, preparatorio de la feria.

El vicepresidente chino, Xi Jinping, rechazó las críticas de algunos comentaristas acerca de la censura de libros y de Internet en China, y pidió respeto para la forma que tiene China de manejar algunas cosas.

La postura de la feria fue clara: su presidente, Jürgen Boos, condenó la violación de derechos humanos y las restricciones a la libertad de expresión y prensa en China, pero defendió la invitación especial alegando que no se puede ignorar al país y asegurando que el objetivo es desencadenar un debate político con el objetivo de buscar un cambio.

También se presentaron delegados del Dalai Lama y de la dirigente de los uigures, Rebiya Kadeer.

Agrias discusiones se generaron también por el proyecto editorial de Google, que los editores adversaron frontalmente.

Roland Reuss, profesor de literatura de la Universidad de Heidelberg, es uno de los que denuncian el plan de Google de digitalizar numerosos libros agotados o difíciles de encontrar para proponerlos luego en Internet y cobrar los beneficios a través de la publicidad.

“Esto no tiene sentido, de A a Z es basura y propaganda histérica”, sostuvo Reuss en un foro realizado sobre el tema, advirtiendo contra el riesgo de aniquilar a la industria editorial tradicional. “Ustedes revolucionan al mercado (del libro), pero el costo será la destrucción de los que producen libros”, declaró.

Un ejecutivo de Google en Gran Bretaña, Santiago de la Mora, respondió: “Nosotros resolvemos uno de los grandes problemas mundiales, el hecho de que un libro que no se puede encontrar es casi un libro muerto”.

Según de la Mora, el proyecto de Google “hará revivir estos libros haciéndolos más visibles para 1.800 millones de usuarios de internet, de una forma muy bien controlada”.

Desde que Amazon lanzó el dispositivo Kindle, la perspectiva de un nuevo competidor hace temer a los editores una fuerte caída de las ventas de libros “clásicos”. Según los pronósticos del sector, los libros electrónicos formarán parte de los regalos más corrientes en Navidad.

Para los editores, Ediciones Google es más amenazador que Amazon. Todo aparato electrónico dotado de un navegador web —desde los smartphones a los lectores electrónicos, pasando por las computadoras, portátiles o de mesa— podrá tener acceso al catálogo de Ediciones Google. En cambio, las obras que se pueden leer en los libros electrónicos Kindle sólo se pueden adquirir a través de Kindle.

Según Google, unas 500.000 obras estarán disponibles desde el primer semestre de 2010 en Europa. Laurent Picard, cofundador del grupo francés Booken, que presentó en Frankfurt su modelo electrónico Cybook Opus, considera que Google y Amazon “tendrán un gran poder sobre los editores” y podrían comenzar a influenciar los precios de la edición cuando las versiones en papel comiencen su decadencia.

Ediciones Google convertirá al gigante estadounidense en editor online, empaquetador de novedades y fondo de catálogo que otros le suministren para venderlos en la red. Se lanzará a finales de año o principios de 2010 en Estados Unidos e Inglaterra y en junio en una decena de países, entre ellos España.

La propuesta abrirá la participación a autores, editores y libreros y ofrecerá una cantidad ingente de libros digitalizados que no se descargarían de la manera tradicional sino que serían accesibles a través de conexión a Internet. Ello permitiría que el libro (Google prevé arrancar con una oferta de medio millón de títulos digitalizados) pudiera ser leído tanto en una pantalla de ordenador, como en un móvil, un dispositivo lector (abierto a Internet) o en un televisor.

“Se trata, por un lado, de que la tecnología no sea problema alguno como la mayoría de los formatos que se ofrecen ahora, que son cerrados, y de que participe todo el sector, por eso preferimos hablar de ecosistema del libro más que de plataforma”, asegura Luis Collado, representante en España de Google, empresa que por esta razón no estaría considerando la creación de dispositivos de lectura propios como los de Sony y Amazon.

La mecánica, que “se entiende como una nueva oportunidad, barata y sencilla, de comercializar contenidos”, pasaría por las siguientes opciones: el editor cede un libro físico, o en formato PDF, a Google, quien se encarga de su digitalización. Una vez realizada, el libro pasa a los servidores de la empresa, que puede comercializarlo directamente, o bien a través de la web del editor o, incluso, de una librería.

Según la vía, Google se quedaría con un porcentaje distinto del precio final, que se movería entre un 15% si lo vende a través del editor, un 37% si lo comercializara directamente y un 55% si fuera a través de una librería online.

El usuario tendría acceso al libro a través de una cuenta abierta en Google, donde deberán constar sus señas personales y bancarias. Precisamente esta información es la que, según Collado, garantizará la menor piratería. Y el sistema está preparado para que el lector no pierda el libro a pesar de que se corte la conexión: “Queda en una especie de memoria caché del aparato que no se borrará hasta que se apague”.

El usuario podrá, además de hacerse su biblioteca virtual, marcar las hojas y hacer anotaciones, cortar-y-pegar hasta un máximo de un 20% de su contenido e imprimirse algunas páginas, “pero nunca la totalidad del libro”.

“A través del registro del volumen por su ISBN y por la cuenta sabemos en todo momento qué hace el usuario”, continúa Collado. El precio será “el que elija el editor: sólo ha de tener los derechos digitales y saber a qué zonas del mundo puede venderlo”, expone el representante del buscador, en otra diferencia tácita con respecto a Amazon, que tiene fijados todos los títulos a 9,99 dólares, cifra que los expertos califican de no rentable.

Este modelo abre la posibilidad de que un autor acuda a Ediciones Google y proponga que cuelguen su libro en su plataforma sin más intermediarios, siempre que disponga de los derechos electrónicos, “pero una editorial velará por la calidad de su texto; Google ofrece una plataforma. Pero no somos editores en el modo tradicional”.

La oferta de Google está abierta a su vez a las plataformas de las editoriales que ya han empezado a crear las suyas, como el triunvirato Random House Mondadori-Planeta-Santillana, 36 L, de Grupo Cultura 03 y Vicens Vives, o Zona e-book (Edhasa y Castalia). Su lanzamiento coincide con el anuncio de Amazon de vender su aparato de lectura Kindle fuera de Estados Unidos a cien países y de buscar también acuerdos de derechos específicos para cada zona.

El proyecto de biblioteca digital Google Books (Libros Google) ya ha sido adversado en Estados Unidos y Europa por quienes temen que involucre una violación de los derechos de autor.

A fines de 2008, los autores y los editores estadounidenses concluyeron con Google un acuerdo sobre la explotación de esos títulos colocados en línea y el pago de los ingresos publicitarios respectivos. Sin embargo, el Departamento de Justicia de Estados Unidos, en nombre de los derechos de autor, les ordenó revisar su proyecto. La discusión continúa ante la justicia en Nueva York, donde se espera un veredicto en noviembre.

El acuerdo concluido a fines de 2008 también es impugnado por los gobiernos de Francia y Alemania. Los editores europeos y los poderes públicos consideran que Google violó las leyes vigentes en la Unión Europea al escanear sin autorización previa 10 millones de obras, algunas provenientes de Europa. “Antes de toda utilización comercial de una obra, hay que pedir permiso”, afirmó Christian Sprang, abogado de la Asociación de Editores y Libreros Alemanes.

Según el comisario europeo encargado del multilingüismo, Leonard Orban, “hay que garantizar el acceso del público a los libros, si es posible gratuitamente, pero también hay que proteger a los autores”.

Fuentes: AFPEl PaísNotimex