La necesidad de contar con una compilación que reúna la obra de escritores, artistas plásticos y activistas políticos pertenecientes a El Techo de la Ballena, grupo de marcada importancia en la cultura venezolana de los años 60, llevó a Monte Ávila Editores a publicar El Techo de la Ballena, antología 1961-1969, que será presentado el domingo 1 de noviembre a las 11 de la mañana en la Galería de Arte Nacional, en la avenida México de Caracas.
El libro, que rescata obras esenciales y da a conocer otras que no llegaron a formar parte de selecciones anteriores, cuenta con prólogo y notas del poeta Juan Calzadilla, selección y edición de Israel Ortega Oropeza y concepto gráfico e imágenes de Daniel González. Está dividido en cinco partes que rescatan formas de expresión propias de los “balleneros”, a saber Manifiestos, Literatura, Artes Plásticas I, Artes Plásticas II y Testimonios.
En la presentación de la antología participarán, además de Calzadilla y Ortega Oropeza, los escritores Carlos Noguera —presidente de la editorial—, Edmundo Aray y Josefina Urdaneta. El acto es un homenaje para los “balleneros” Carlos Contramaestre, Caupolicán Ovalles, Adriano González León, Salvador Garmendia, Alberto Brandt, J. M. Cruxent, Efraín Hurtado, Dámaso Ogaz, Hugo Baptista, Gonzalo Castellanos, Mary Ferrero, Juan Antonio Vasco y David Alizo.
El movimiento vanguardista de El Techo de la Ballena se caracterizó por la diversidad de sus expresiones. Juan Calzadilla, escritor y miembro del movimiento, argumenta en el prólogo: “De aquel grupo surgieron iniciativas no siempre fielmente ortodoxas ni sometidas a un lenguaje común. Al contrario, hay diferencia de conceptos en la posición a tomar, distintos estilos, actitudes alegres o arribistas según el caso, autenticidad donde la hubo, pero El Techo de la Ballena es un proyecto de respuesta a la violencia asumido en un lenguaje nuevo, diametralmente opuesto al de la tradición”.
A la pregunta inquisidora “¿Por qué la ballena?” Adriano González León (1931-2008) respondía: “No vamos a dar una respuesta pura y simple. Siempre hemos odiado la voracidad de los interrogatorios, y un examen es un examen, llévese a cabo en el aula, en el café o en la Dirección General de Policía”. Aunque luego aclara: “¿Por qué la ballena? Por eso justamente. Porque hubiera sido fácil elegir el caimán. O porque hubiera sido de señoritos estetas elegir el hipocampo. Y también porque la ballena está en el medio de la bondad y el horror, sujeta a todas las solicitaciones del mundo y el cielo, con su vientre dignísimo que se ríe de Jonás y se engulle un tanquero de petróleo, toda extendida de uno a otro extremo de la Tierra, que casi es la Tierra misma o es el pájaro minúsculo que picotea su diente cariado en el cual nadan los peces”.
“Esa amplitud natatoria, ese deslizarse frenético, que nos permite negarnos en un comienzo a contestar, y concluir contestando, porque, a pesar del odio al inquisidor, teníamos suficientes respuestas para anular su deleznable pregunta. Ese empuje hacia lo desconocido que puede acrecentarnos la razón de vivir y contaminar los instrumentos de una substancia corrosiva que cambie la vida y transforme la sociedad”, continuaba el autor de País portátil.
Junto a la literatura las artes plásticas constituyen un eje central de la estética ballenera. Entre los artistas destacados en la compilación se encuentran Daniel González, Alberto Brandt, Fernando Irazábal y Jacobo Borges. En los apartados que conciernen a las artes plásticas se encuentran textos y catálogos referentes a las exposiciones. El quinto apartado, dedicado a los testimonios, muestra escritos de González León, Rodolfo Izaguirre, Carlos Contramaestre, Edmundo Aray, Dámaso Ogaz, Juan Antonio Vasco y Ángel Rama. El libro cierra con una cronología de exposiciones y publicaciones.
Fuente: Monte Ávila