Intriga de Amador
Alguien pregunta con acento de extramuros acerca del destino
del mundo y digo he aquí una pregunta pues el extranjero
no agrega precisiones a la cuestión y sonríe complacido
a un escruchante que lo acecha y al interés de alguna puta
que olfatea la ocasión de unos dólares extra y una comilona
de lujo aunque el sujeto desalienta al manolarga mostrando
sus bolsillos vacíos y a la dama le pellizca el trasero
murmurando sorry darling exponiendo a sus ojos azorados
el parche de HIV cosido a su bragueta y ella declara
que no es por su dinero es que su desamparo le recuerda
su primero y gran amor —el único— además no tiene (él)
aspecto de turista sino más bien de náufrago.
El viajero sonríe casi —nobleza obliga— presto a reconocer
su condición de polizón a bordo de una nave perdida
entre unas islas y Amador alucina que ese rostro vejado
por la desolación y las tormentas le recuerda unas facciones
acuciantes que cada noche a la hora de afeitarse lo interrogan
con un rictus de burla acerca de su destino y el del mundo
tras el azogue turbio del espejo.
Sin mapas y sin brújula
Hay palabras que revuelven el avispero por ejemplo
la palabra sórdido porque nos representa me parece
algo que no queremos imaginar cómo ser un mendigo
un HIV desahuciado o la intimidad de los loqueros
y los geriátricos o las cárceles. Por suerte los tranquilizadores
de conciencia nos garantizan que las cosas no son sórdidas
en general sino en particular porque las abstracciones
no son buenas ni son malas ni siquiera huelen
sencillamente son y nos permiten confeccionar
buenos pensamientos y esos textos tan bonitos
de la última página del diario y las tarjetas de Navidad
que casualmente llegan siempre desde y hacia
donde la miseria, la intolerancia y las venéreas
hereditarias no le quitan a nadie el sueño
pero no debemos preocuparnos porque a esa otra gente
tampoco le quitarán el hambre y en realidad
es muy probable que nada pueda ser quitado
a quienes ya lo han dado todo por perdido
y navegan desnudos sin velas y sin remos
en un océano de mierda que alguien les informó
que baña las costas generosas del mejor
de los mundos y la esperanza ni les permite
recordar que tampoco llevan mapas ni brújulas a bordo.
Hoy puede ser un gran día
Las dos de la mañana cerca de los corrales y esa niebla carnívora
amasando las pepsinas y los tufos de la muerte
la de las vaquillonas resignadas y la otra huérfana de resignación
de los pequeños entes desparpajo en mano invalidez en mano
incluso en mano una sonrisa mansa que desalienta a las busconas
y a los chorros de la primera hora (o de la última)
quién puede arrebatarle algo al que no es porque no tiene
porque no pudo porque no sabe cómo
es la hora de los ínfimos cafishios los travesti perdedores
los pichi que recorren el espinel recogiendo la diaria
para el comisario para el concejal para el compañero secretario
la hora de los revendedores de tres minutos de cielo
llave en mano blanca de la buena podés probarla
una pizca nomás la punta del dedito esto es nieve no joda
vos no pibe rajá no es merca para piojosos tenés que conformarte
con oler chupetear cerca de los surtidores esa mezcla de orines
y nafta adulterada antes del aserrín y los lampazos de las cuatro
esperando el camioncito de las primeras ediciones matutinas
que por ahí te tira un mango para descargarle los atados
de mentiras y a las cinco anotarte de ladero
en el primer carrito cartonero que te haga vamos con el gesto
dále pibe mové las gambas que hoy puede ser tu día.
(Intriga de Amador; XXIII Premio Internacional Ciudad de Zaragoza 2006).