IX
Apenas si he aprendido
a querer y tú quieres
que haga el amor.
En tertulias inesperadas —en un cafetín
del centro—, se descubrió que el amor no se hace,
porque Dios se nos adelantó
y lo hizo primero; el amor sin sexo.
El amor se hizo antes
de costillas y culebras
y manzanas,
se hizo con sustancia sempiterna y no tiene
principio. Nunca acaba.
El amor es la “a” y la “z”; el llanto
inconsolable y la risa breve,
el “sí” que vivifica
y el “no” que extingue y amortaja.
El amor es el aceite
de las vírgenes y el genio
de la rarísima lámpara.
El amor es el ojo del sordo y el tímpano del ciego
(ambos mal hayan lo que desconocen
y dejan de admirar lo hermoso que poseen)
¡Quiero ojos de sordo para no verte!
y tímpano de ciego para
no escucharte. Tú, hembra de labios
y manzanas,
eres el amor palpable y perecedero.
Tus ojos me reciben alegres como un sorbo de luz, la pálida rosa
y me aniquilas bajo la sombra de tu cuerpo iluminado de besos.
Mujer, eres la extensión de mi costado
Y youn hijo de tu vientre cóncavo,
socavado. Siempre te ocultas bajo
mi brazo como queriendo acoplarte
entre mis costillas
y yo exploro tu cuerpo convexo con mis curiosas manos.
Toco, beso, hasta sembrarte
un hijo en el jardín edénico
de tu cuerpo.
Ya ves, el amor no se hace
¡qué bueno que ya está hecho!
Y no necesito demostrártelo echándote
encima esta sábana de piel y besos;
sólo recuéstate sobre mi pecho,
mientras ensayo
un te quiero,
pues apenas si he aprendido a quererte
y tú quieres que te haga el amor.
XVII
Heme aquí y estoy allá.
Tan lejos de estar cerca.
Tan cerca de no estar tan lejos.
Ignoro todas las cosas,
sólo para aprenderte.
Aprendo a ignorar sólo para olvidarte.
Y tú me ignoras sin ignorarme, sin aprenderme.
Me siento vacío tan lleno de ti.
Me lleno sintiendo
ahíto tu vacío.
Y tú tan llena de todo,
vacía de mí.
Profano lo profundo, de ti, sin ti.
Me sumerjo en lo profundo de lo profano
y te penetro descaradamente hasta el tuétano del alma.
Te veo sin mirarte, sin ojos, sin sombra de luces.
Con luz de sombras te miro sin verte,
aun sin ojos.
Y tú con tu corazón ciego
ni me miras, ni me ves...
¡Oh paradoja!, me exilio de ti
y soy un cíclope.
Frente de mí un sendero que no se bifurca.
Muy atrás se marchitan nubes porque les llueven rosas.
Canto I
Silban silvestres sílfides
Fantasmas de aliento provocan el rojo desmayo de tu boca,
dragón en mi pecho, diáspora de aleluyas en su hocico:
Silban las nubes sin boca,
Silban de roca corazones,
Silban Eolos flautas de Pan
tersas ardillas arañan tu vientre
buscando nueces secretas,
nadie oía el silencio hasta que gemiste,
nadie veneraba el amor hasta que profanaste el neceser
para ofrendar tu pubis de alhaja, dos palominos picoteaban
los dedos de una estatua aquella noche y un trío de sátiros
tocaba románticas canciones en la avenida.
Tu pelo de largo luto, tu piel de calladas nupcias,
Dos efebos buscaban cicatrices de sol bajo tu ropa,
Estabas herida de mujer, herida ciega que guardabas, aquiescente,
Esperando secreta dócil puñal de piel zaherida
Que penetre hasta el tuétano del alma.
De amor vencida sobre la sábana
Pétalo de sol
Átomo de estrellas
lunar de luna
Leche de galaxias,
El universo sobre una cama,
Yo sobre ti,
virgen desposada.