Sala de ensayo
Tomate, imágenes de la violencia genérica en la ciudad de México

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No hay invención sin memoria, y la memoria tiene una recurrencia natural a la invención, porque memoria no significa fidelidad a nada ni lealtad a los hechos, sino dispersión y fragmentación. Invento.
Nélida Piñón.

El cuento es una imagen que razona. Tiende a asociar imágenes extraordinarias como si pudieran ser imágenes coherentes.
Gastón Bachelard

En el cuento Tomate, publicado por la escritora mexicana Sabina Berman en 2005, se nos presentan distintas modalidades discursivas mediante un lenguaje literario que atrapa y seduce al lector en una intrincada red llena de imágenes, invenciones y disquisiciones. Es un relato que llama la atención al reproducir y comentar sobre aspectos vividos en la historia y enfatizados por una memoria ficcional. Es un rebuscamiento de las propiedades y usos del lenguaje de la historia, de la literatura; es decir, de la escritura literaria. De tal manera que el lenguaje narrativo de Sabina Berman se comunica sucintamente con las expresiones de invención y raciocinio versadas sobre los espacios de la memoria y la ficción leídos en los epígrafes que anteceden a esta otra memoria/escritura que tiende hacia el lector un discurso/puente confeccionado con el uso de los recuerdos y razonamientos humanos de la cultura mexicana pasada y presente. De hecho, están latentes en el texto las ideas y memorias que sirven para mostrar la descomposición social derivada de la violencia genérica que se recrudece y se ve todos los días en la ciudad de México abarcando todos los ámbitos y avasallando, en menor o en mayor medida, a los diferentes actores sociales.

Como ha asentado Juan Carlos Ramírez-Rodríguez, “la violencia, como una forma de expresión del ejercicio de poder entre los géneros es productiva y, por lo tanto, genera formas cambiantes del ejercicio de la violencia”. El mismo crítico argumenta, en relación a la creciente violencia genérica, que:

El movimiento social, la denuncia, el cabildeo y, finalmente, la investigación, ubicaron al tema de la violencia doméstica masculina contra la pareja heterosexual (VDMCPH) como un problema de salud pública que no puede seguirse soslayando en México. Los aportes muestran, de manera fehaciente, su distribución y elevada prevalencia entre las mujeres. Asimismo deja claro que una proporción de varones de la misma dimensión son responsables de estos hechos. Esta es una práctica sociocultural compleja que se encuentra en una etapa primaria de exploración (2007: 12).

La proliferación de esa violencia implica la necesidad de éste y otros estudios sociológicos y literarios, pero no sólo para edificar tratados y explicaciones que sólo le reditúen algún beneficio a los interesados en el tema. Lo que hay que hacer es incentivar más la necesidad imperiosa de develarla, aportando la información necesaria para concientizar a toda la población con el fin ideal de suprimirla. Es importante recordar que no se debe caer en el error de limitarse a representar la violencia con palabras e imágenes en un discurso que será archivado o publicitado. Por el contrario, hay que tomar en cuenta que los hechos violentos deben recordarse para estudiarlos, usar la información para poder determinar las causas de los mismos en aras de una factible erradicación.

Es precisamente mediante el uso de la memoria y la razón, combinadas ambas con la invención/imaginación, como se logra este acercamiento a una narrativa que propone una mirada diferente sobre esta situación de la violencia entre los seres humanos. Es, en especial, una mirada sobre la violencia ejercida en contra de la mujer a lo largo de la historia y que continúa en pleno siglo XXI. Así, al recordar lo sucedido en esta historia del siglo pasado y confrontarla con el registro de los acontecimientos contemporáneos, se establece una comunicación más estrecha con el lenguaje de la literatura, de lo literario y con la historia. Por medio del recuerdo de estas otras imágenes y de estas otras historias se logra ver y asociar lo no visto ni pensado en el recuento de los trágicos acontecimientos violentos en Tomate: “Los sucesos de las dos Marianas, ocurridos igualmente en junio, pero de 1984”.

La memoria de esta tragedia humana se puede entender mejor al modificar los efectos de una violencia que es del todo conocida aunque muchas veces ignorada o modificada. La voz de la narradora nos convierte en testigos-protagonistas de esa misma violencia humana al poder recordar esas otras “perturbaciones de la vida colectiva emanadas del instinto de agresión y de autodestrucción” (Freud, 87-88). Así, al extendernos en las realidades del lenguaje y al comenzar a incursionar en la creación literaria de Sabina Berman, se empieza, al mismo tiempo, una comunicación que conduce a sitios y temas conocidos, desconocidos otros, al mismo tiempo que se incursiona hacia una serie de desafíos y remembranzas temporales y espaciales. De hecho el título del cuento, Tomate, el juego con las tres sílabas que forman esta palabra, to-ma-te, enfatizan la alteración del lenguaje dentro de una historia en tres tiempos (1984, 1985 y 2005), espacios y formas por medio de una narradora que la está recordando/reescribiendo a 20 años de distancia y que nos hace parte de una memoria fragmentada que nos ata/relata a ella.

Al ubicarse la acción de los personajes en la ciudad de México de los años 80 y al tener a dos mujeres diciéndonos la historia de lo que pasó con las dos Marianas —la primera madre viuda pelirroja de cuarenta años y la otra, una hija niña/adolescente estudiante de secundaria—, envueltas ambas en un caso policiaco sucedido en junio de 1984, se suscita un mayor interés de parte del lector por comprender la historia que está leyendo, y entender mejor el porqué de los constantes encuentros y de la repetición de los hechos trágicos a lo largo de todo este relato enmarcado por un final intensamente pensado contenido en la última palabra del mismo: “MATE”. Es el recuento de un crimen de una menor de edad contra el amante de su madre.

Se puede leer esta doble exposición/experimentación de lo social y lo literario al combinarse imagen y palabra en la descripción del escenario final del drama que tiene a Mariana hija y a Xavier como antagonistas. Desde la cima del edificio se presencia la sima del agresor. El doble juego de la distorsión del espacio, de los tiempos, de los colores y de los personajes nos señala la reiteración por combinar lo visual con lo escrito, enfatizando, al mismo tiempo, las acciones de los personajes que interactúan dentro del cuento Tomate: “En la azotea, tras las sábanas blancas colgadas, en la zona de tinacos, Mariana sentada en una banca que forma un desnivel, fuma. Se marea fumando. La ciudad se mira desde allí y desde el mareo como si estuviera sumergida en agua. Desenfocada. Los bordes de los edificios un instante un milímetro para acá y al siguiente para allá” (2006: 71).

No es solamente la representación gráfica de los lugares, las cosas y las personas, sino también la creación de nuevas imágenes la que altera y alterna un discurso perturbador pero también seductor. Es una palabra que se regodea con la creación de imágenes urbanas mismas que, a su vez, producen y crean nuevas palabras para problematizar la interpretación del texto. Porque en la escritura de Tomate no hay nada fijo en su lugar, todo está alterado y en movimiento perpetuo, cambiante como cuando se visualiza, en este pasaje, el pasado por medio del habla de los personajes:

Ladea la cabeza. El espacio ha cambiado de sitio otra vez, ¿o se imagina cosas?

—¿O se imagina cosas? —preguntó a la vidente.

—Hay ventanas de tiempo y espacio donde las cosas suceden distinto a como suceden en el plano de conciencia común. Haz de cuenta que en el orden de las causas y los efectos entrara un viento y reacomodara todo (2006: 68).

Este continuo ejercicio de la literatura nos va mostrando una palabra versátil, un escrito que combinando lenguaje, memoria, espacio y tiempo, logra que se visualice esa violencia rampante que se vive en una ciudad como la ciudad de México y por lo tanto, a la misma ciudad que muestra: “la existencia de un urbanismo, público y privado, que parece empeñado en romper la ciudad a trozos, en aislar a las personas, segregar los grupos sociales, encerrar a cada uno en su gueto...” (Borja, 107).

Nos adentramos en este mundo urbano dividido revivido parcial y fragmentariamente para recorrer los diferentes discursos e imágenes que nos hablan de la violencia del hombre contra la mujer y del registro de la respuesta de ella misma desde una memoria centrada/creada por Sabina Berman, que también se une a lo dicho por otra célebre artista, la brasileña Nélida Piñón. Esta última ha señalado cómo cada escritora “actualiza a la mujer con su mundo, la obliga a conjurar el silencio, la fatalidad histórica que la persiguió siempre” (2006: 50-51). Es esta fatalidad en contra de la mujer precisamente, lo que se percibe cuando habla la narradora del relato para romper ese silencio atávico al momento de prepararse un té, lo cual la hace evocar aquellos otros tés nunca compartidos con las otras protagonistas de su historia actualizando, así, un pasado no tan claro, pero que le da voz y vida nuevamente a las mujeres de la historia. La narradora habla y se traslada desde ese año 2005 recordado en Tomate:

Paro un momento para prepararme un té. No sé, pero se me ocurre, bueno: es una idea que se desliza en mí no sé de dónde, que podría ser que en el primer sorbo, en el sabor del primer sorbo caliente, nos encontráramos: Mariana, yo, la vidente. Las tres vivas todavía (2006: 69).

En ese sentido, las tres mujeres forman parte de una historia en la que han logrado trascender, prevalecer y tomar una actitud diferente ante la realidad urbana que cada una de ellas enfrenta, la niña, la vidente, la periodista se enfrentan al miedo provocado y ante la violencia de los hombres en la ciudad de los hombres; porque “en la ciudad no se teme a la naturaleza, sino a los otros. La posibilidad de vivir, o el temor a la llegada súbita de la muerte, el sentimiento de seguridad o la angustia engendrada por la precariedad que nos rodea son hechos sociales, colectivos, urbanos” (Borja, 203). Ellas se unen en una temporalidad única porque comparten un mismo lenguaje, una misma energía y una misma posición ante lo des/conocido del texto, aunque no hayan compartido la misma infusión comparten una ciudad, una realidad y una posición precaria por ser mujeres en la ciudad de los hombres.

Al dialogar con el texto se van recorriendo lugares y situaciones verosímiles dentro de una realidad periodística recreada literariamente por la memoria. La historia ubicada en los aciagos años 80 llama poderosamente la atención al centrarse en la urbe de la ciudad de México, aunque bien podría referirse también a todas las ciudades del continente que vivieron lo que en términos económicos se llamó La década perdida y a la que también pudiera aludírsele como la generación perdida en donde se desconocía la presencia y participación de la mujeres, de los niños, de los inmigrantes, de los extranjeros. Es decir, de todos aquellos que no se incluían en la visión dominante y masculina de la ciudad (Borja, 246). Esa situación de invisibilidad y marginalización genérica, de los otros personajes que habitan la ciudad, como son las mujeres, es ahora recuperada en el texto para resaltar los momentos del cambio y deterioro social histórico.

Por consiguiente, puede afirmarse que en este cuento/reportaje/testimonio de Berman el pasado y el presente se fusionan y compenetran porque se está hablando del pasado al tiempo que se habla con el pasado y éste, a su vez, se presenta por intermedio de una escritura presente que reitera lo presente. El hecho de que en esta narración se toquen aspectos culturales y sociales muy pertinentes a la realidad histórica nacional mexicana de las últimas dos décadas, confirma el interés de la escritora por poner al descubierto estos vacíos de la historia oficial. Tal y como lo confirman las descripciones que se hacen de los cambios ocurridos en la ciudad y su inquietante problemática social/espacial; así vemos que esos espacios o huecos en la historia de la capital son llenados por las pintas o grafitis oficiales en las bardas, las diferentes costumbres, creencias (como el culto mariano), magias, clarividencias y situaciones paradójicas que se perciben en este relato híbrido que nunca termina de completarse ni de entenderse completamente. La reclusión dentro del espacio familiar privado y seguro no le sirve a la mujer para protegerse de la violencia de los espacios públicos de una ciudad hecha para los hombres. No se logra llenar los espacios de tiempo descritos en Tomate porque éste sólo es un pretexto para incitar la pregunta sobre lo que pasó. El comentario crítico que hace del cuento Rosa Beltrán ayuda a hacer más evidente la paradoja del mismo, porque “aquí la historia se presenta desde múltiples perspectivas como la relación de un hecho con el que se quiere dotar de un sentido a lo que de suyo no lo tiene, la vida” (2006: 13).

Así de paradójica y sin sentido es la situación de la violencia vivida por Mariana hija y Mariana madre en su relación con Xavier, el amante de ambas y de cuya muerte a manos de Mariana hija nos enteramos mediante la vidente llamada Alejandra. Esta última es quien ve y describe lo que pasó por medio del pañuelo de la víctima al ser entrevistada en junio de 1985 por la reportera/narradora, quien nos comenta dentro del relato:

Según mi diario, de donde transcribo esto, atildando la ortografía y la gramática, es 1985, junio, trabajo para el periódico Unomásuno de la ciudad de México, y me han enviado a consultar a la vidente sobre sucesos de otro año.

Los sucesos de las dos Marianas, ocurridos igualmente en junio, pero de 1984.

Ahora lo transcribo en junio del año 2005.

Y tú lo lees en el mes de................... del año..............

Otra vez me asombro de la extensión de cualquier cadena de causas y efectos. Lo antes escrito: nadie puede abarcar ninguna cadena completa de causas y efectos; al menos no una inteligencia humana (2006: 65).

Por lo tanto, no sólo estamos reviviendo una conversación entre las distintas mujeres que colaboraron en el quehacer del reportaje y de la creación literaria, sino que el texto habla con y para sí mismo al tiempo que nos habla a nosotros los lectores con el fin de reubicarnos dentro de la trama y del acontecer literario que ahora se ha hecho realidad, mejor dicho nos ha hecho parte de esa realidad vivida por la mujer, de su historia, de su memoria, de su habla.

—¿O se imagina(n) cosas?

Esta historia es producto de una imaginación que se desplaza y altera en el transcurso del tiempo y con el cambio de voces que van apareciendo dentro del texto. En el cuento, además, se anuncia que habrá una víctima “inocente”, puesto que al principio un niño le grita: “¡Se te cayó la cabeza, Mariana!”; esta premonición se ve duplicada en la jaqueca de la madre y la presencia de la “X” en Xavier, que es una presencia incómoda para la hija y se presenta como un cruce de caminos, una encrucijada. Lo anterior es también preludio de la violencia, del viacrucis, la inmolación y sacrificio que se presenta al final de la historia, al enunciarse la palabra MATE en referencia al “jaque mate” materialmente dado al rey de la casa nueva dentro del penthouse moderno.

La realidad que se revela en Tomate pone en evidencia los alcances y malestares provocados por la seducción/violación y continuado abuso de la menor de las Marianas develando lo oculto o lo que no se quiere ver, aceptar ni reconocer en el ámbito social. Directamente el texto nos muestra, mediante la acción final del crimen cometido, que la mujer no es más ese enigma ni el objeto del deseo masculino, sino un sujeto capaz de decidir su destino ayudada por la mano creativa de una escritora que usa al arte para iluminar y esclarecer lo real o imaginado. Es así como dentro del texto cada palabra antecede y anuncia lo que está sucediendo, sucede o sucedió en esa ciudad de México, la sempiterna urbe de la historia y de la histeria. La ciudad que también es el espacio o “el sitio de los eventos transitorios, de los movimientos y de las memorias” (Chambers, 1995: 93). Esta palabra histórica y literaria es la que nos guía y revela los espacios que enlazan las tres historias citadinas y las diferentes voces que aluden al deseo sexual y a la sexualidad masculinas y que se conectan indirectamente también con el amor y odio edípicos. Porque, como ha aclarado Teresa de Lauretis: “También un relato es siempre un cuestionamiento del deseo” (112). En sus propias palabras, esta crítica feminista también observa que:

The desire is Oedipus’s, and though its object may be woman (or Truth or knowledge or power), its term of reference and address is man: man as social being and mythical subject, founder of the social order, and source of mimetic violence; hence the institution of the incest prohibition, its maintenance in Sophocles’ Oedipus as in Hamlet’s revenge of his father, its costs and benefits, again for man (Lauretis, 112).

En Tomate esta paradójica conexión con el Edipo Rey de Sófocles es evidente: la niña abandonada, la vidente que hace evidente el misterio, el nuevo habitante que toma la casa por aventura, Xavier (cuyo significado, derivado del vasco Etxavier, significa “la casa nueva”) la parricida sin saberlo, la incestuosa sin saberlo y la que se sentencia a sí misma por sus propias acciones. Todos son hechos incrustados en este triple relato temporal que une a la tragedia del pasado con el presente que se describe pero que en su momento real desconocemos y que paradójicamente lo vemos o creemos verlo en la escritura re-narrada y re-articulada. Otro enigma más dentro del torrente de imágenes creadas en Tomate donde se duda de lo mismo que se narra:

Me dice la vidente que nada es seguro. Que lo imagina. Ha leído el reporte policiaco, ha visto las fotos del cadáver, ha guardado en el puño cerrado el pañuelo, ha cerrado los ojos. Lo imagina: bajo los párpados van cruzando imágenes. ¿Corresponden o no a lo que sucedió? Ni para la madre de Mariana es seguro cómo sucedió. Nadie lo vio todo (69).

Todo este acontecer permanece en la memoria, en el flujo constante del tiempo. Asimismo, nada va quedando de la vida de los personajes, sólo las reflexiones y el reconocimiento de los fragmentos de lo que realmente pasó. Como se dice en el relato, son “Excepciones. Rajaduras” (68). En la opinión de Rosa Beltrán hay una oscilación: “Entre la duda y la autorreflexión, el cuento de Sabina Berman cuestiona los distintos significados de una historia y avanza a través de un leit motiv que se mueve en espiral. Tomate. To mate. Te mato” (13).

La misma narración es la que nos va indicando este entrecruce de caminos entre lo cierto, lo incierto, la alteración e incomunicación que se mantiene con la tragedia mencionada y con el mito griego. Al retomar/recordar las voces publicadas y sus apuntes privados, la narradora comenta una historia pormenorizada que intenta recapturar las acciones, situaciones y hechos ejercidos en contra de la niña/mujer, y nos muestra ese deseo malsano y destructivo de la violencia genérica que se percibe en el texto. Aquí hay una llamada de atención hacia este tipo de violencia que recuerda y se emparenta con el análisis propuesto por Teresa de Lauretis, publicado, coincidentemente, también en el mismo año de 1984, en el cual se reconsidera lo edípico en la narrativa:

The work of narrative, then, is a mapping of differences, and specifically, first and foremost, of sexual differences into each text; and hence, by a sort of accumulation, into the universe of meaning, fiction, and history, represented by the literary-artistic tradition and all texts of culture. [...] Therefore, to say that narrative is the production of Oedipus is to say that each reader-male or female-is constrained and defined within the two positions of a sexual difference thus conceived: male-hero-human, on the side of the subject; and female-obstacle-boundary-space, on the other (1984: 121).

El cuento de Berman es un buen ejemplo de esta diferenciación sexual enunciada por De Lauretis, porque se muestra a las mujeres dentro de un mundo diseñado y hecho sólo para los hombres. Porque, como se ha confirmado, “si las mujeres apenas son un nuevo tema de preocupación en la concepción de las ciudades, los niños también han sido históricamente invisibles para la vida urbana” (Borja, 244). El del cuento es un mundo en el cual los sujetos masculinos actúan, se mueven y hablan en oposición al silencio y la pasividad de las mujeres encasilladas en el rol del otro, el objeto del deseo. “Violencia sería, entonces, tanto para Platón como para Sade, Girard o Lacan, algo que la representación toma por su objeto” (Blanco, 4). En este relato son los objetos, las cosas, los colores, las formas arquitectónicas, los materiales y las descripciones físicas las que señalan claramente este territorio hecho, modificado y pensado por y para satisfacer al hombre.

El lenguaje dentro de la narración nos da más imágenes fálicas al nombrar: bardas, rayas, árboles, camión, cabeza, ático, llave, agua, cuerpo desnudo, apodo, taladro, tijeras, pene, pistola, encendedor, cigarro y lengua. En Tomate, el mismo género de las palabras usadas denota o hace evidente la alusión al objeto del deseo y por inferencia a lo que se quiere poseer, penetrar: la vagina de la mujer. Por eso tenemos que las palabras tierra, cueva, casa, frontera, oscuridad y silencio, le son impuestos arbitrariamente a lo femenino y por ende a la mujer. Estos son los territorios que el hombre se empeña en penetrar, conquistar, dominar. “In other words, the picture of the world produced in mythical thought since the very beginning of culture would rest, first and foremost, on what we call biology” (De Lauretis, 1984: 119). Este rol de objeto secundario y dependiente constantemente asignado a la mujer es una de las causas de que se siga ejerciendo la violencia en contra de la misma en nuestras sociedades. Hoy en día todavía se le sigue considerando como un ser inferior “objeto del deseo masculino, de la lujuria del hombre” (Piñón, 43). Desafortunadamente, en la crítica que analiza la agresividad masculina se asienta que:

La violencia, como ejercicio de fuerza para someter al otro al propio deseo o voluntad, es, en último término, negación del otro y de la diferencia. Si la alteridad es condición de posibilidad de lo simbólico (Lacan) la violencia retrotrae ese esfuerzo de construcción, esa complejidad para fundirse en la mismidad (Dolto), para funcionar en la continuidad de lo imaginario. La violencia quiere o bien fusión o bien exclusión, no tolera el tercero que habita la alteridad y es, por ello mismo, destrucción (Blanco, 6).

Esa es la ideología y el movimiento destructivo que generan las acciones del hombre en la casa de las Marianas: la idea de extender y tener posesión no de una sino de dos mujeres a la misma vez. Para Xavier, como el nuevo hombre de la nueva casa, su masculinidad no tiene contrapeso; por lo menos así se lo han hecho creer ideológica y socialmente; esta es una constatación de la individualidad señalada por Ricardo Blanco Beledo, quien afirma que: “La violencia, en el vínculo del perverso narcisista, ejemplifica el mal tanto para el psicoanálisis como para la tradición judeocristiana” (8). Esta acción es confirmada asimismo dentro del análisis de Borch-Jacobsen al objetar el egoísmo del sujeto masculino: “Indeed following Kojéve, Lacan admits that properly human desire is a desire of desire, that is, a desire to be desired by the other” (1994: 279). Así se anuncia y enfatiza esa pasividad, naturalidad y aparente inocencia de la seducción y de la sexualidad masculina en Tomate:

Fue sin premeditación: acostumbrarse a Mariana hija. Como si fuera una extensión de Mariana madre. El mismo rostro pálido y los mismos ojos. Con pelo distinto. Con distinta edad. La misma mujer en dos edades. Y lo que siguió fue una extensión de esa cercanía. Tan simple: estaban sentados a la mesa de madera de la sala, leyendo el periódico, cada cual otra sección, y Mariana madre no estaba en casa (72).

Pero es evidente que ni es tan simple ni inocente la seducción que deviene de la violación de Mariana hija por parte de Xavier y su posterior relación incestuosa; así como tampoco la violencia parricida de Mariana hija. Cabe señalar que si bien los abusos sexuales sufridos por Mariana hija al despertar a una “normatividad sexual/social” son extensión y copia del deseo sexual no satisfecho de Xavier, son también señales inequívocas del deseo masculino que violenta a la mujer, que la abusa y utiliza como un objeto más dentro del orden social vigente en crisis, porque:

Existe una especie de control tácito masculino sobre los espacios de carácter social transitorio entre lo público y lo privado, alejándolas, de hecho, de ellos. Así, la amenaza del dominio sexual masculino a través de provocaciones verbales y la posibilidad de un desencadenamiento de la violencia son determinantes en la relación con el espacio público (Borja, 243).

En el orden patriarcal es el hombre quien mantiene el dominio arbitrario y la potestad de la palabra, puesto que también la violencia subsiste en el lenguaje. Es por esta razón que hacia el final de la historia Xavier cree que todo irá ajustándose a sus deseos de manera natural y que las dos mujeres podrán no sólo compartir el mismo nombre, sino también al mismo hombre.

—Va a ir sucediendo —murmura de nuevo él—. Mamá Mariana se va a ir dando cuenta y lo va a ir aceptando y va a ser bien simple te digo.

Desde aquella tarde del beso extraño, Xavier llegaba a media noche a su cuarto y volvía a tocarla sin prisa, sin palabras, con ojos suaves, a pesar de que ella suplicaba muy quedo para no despertar a su madre en el cuarto contiguo: No, no, por favor ya no, en medio del placer y el miedo y la culpa, y [...] (2006: 73).

Dentro de la sociedad mexicana situaciones parecidas a las de las dos Marianas permean en todos los estratos sociales en donde se mantiene esa ominosa relación entre los hombres y las mujeres: la violencia contra mujeres. Como lo denuncia Cecilia Lavalle, la crisis social/familiar dentro de la población va en aumento:

Cualquier mujer, de cualquier edad, de cualquier estrato social y con cualquier condición civil, corre grave riesgo de ser agredida dentro o fuera de su casa. Los crímenes en Ciudad Juárez son sólo el botón de muestra. Los asesinatos ahí y en otras partes del país continúan y la impunidad también. La violencia hacia las mujeres se aloja en uno de cada cinco hogares, una de cada tres mujeres ha sido agredida al menos una vez en su vida, las violaciones sexuales son cosa de todos los días, el estupro y la pederastia aumentan casi de la mano (2).

Estas declaraciones vertidas por la palabra periodística nos muestran la relación directa entre las imágenes del mundo real y las del imaginario literario. La certidumbre de que la violencia presentada en Tomate ha sucedido, que realmente sucedió o que está por suceder y que no es tan sólo una invención más de la palabra literaria, es una reiteración de la violencia genérica. La acción instintiva de Mariana al eliminar a Xavier es una deformación en contra de la idea de que “a la violencia hay que explicarla no con relación al Edipo sino a la ‘mimesis colectiva’ y al sacrificio de alguien que tiene que cumplir el papel de la víctima propiciatoria” (Izaguirre, 4). Esta es la otra de las muchas alteraciones de un cuento en el que la víctima propiciatoria resulta no ser tan la señalada sino aquel que la había señalado; de tal manera que el cuento conlleva una doble violencia en respuesta al abuso de Xavier, como una reacción contraria a la victimización que sufre la mujer vista, tradicionalmente, como víctima ideal, la mujer sacrificada.

Esta reiteración de la violencia genérica en el cuento mediante la imbricación de lo mítico, lo literario y lo histórico, sirve para poner en evidencia a la violencia perenne y endémica que sufren las mujeres en la ciudad de México y por extensión en el mundo que habitamos. La utilización de una escritura engarzando memoria, seducción y violencia en Tomate bien puede ser una visión singular y original creada por la escritura misma y que se asemeja a aquello razonado por Jean Baudrillard al hablar de la seducción: “we are indeed in an original situation as regard sexual violence —violence done to the “subsuicidal” male by unbridled female sensualism. But it is not a matter of a reversal of the historical violence done to women by male force” (1990: 27).

La violencia a la par de la estructura compleja y repetitiva del cuento re-vuelve y re-presenta la vida cotidiana de las dos Marianas al tiempo que saca a flote el drama humano intrafamiliar con sus funestas secuelas. Si bien pudiera ser cuestionable la forma y la interpretación del cuento, es y seguirá siendo un acierto utilizar a la escritura, a la literatura, al lenguaje, para enunciar, revelar y denunciar la violencia en contra de las mujeres en un intento más por suprimirla.

 

Bibliografía

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