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Grabado de una edición de “Don Quijote de La Mancha”, de Miguel de Cervantes (1780)Don Quijote, Sancho y la justicia

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En el capítulo XI de la primera parte de la obra magna de Cervantes, “De lo que sucedió a don Quijote con unos cabreros”, el caballero manchego dice, al referirse a la Edad de Oro: “Dichosa edad y siglos dichosos aquellos que los antiguos pusieron el nombre de dorados...”, y expresa más adelante: “No había el fraude, el engaño ni la malicia mezclándose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus propios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del intereses que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen”. La ley del encaje —sentencia que el juez dicta por lo que él ha pensado (encajado en la cabeza sin tener en cuenta lo que las leyes establecen)— aún no se había asentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había entrado en la senda de la perversión.

En el capítulo XLII de la segunda parte, “De los consejos que dio Don Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar a la ínsula...”, cabe destacar la importancia que nuestro personaje da a la administración de la justicia, pues muchos de ellos advierten al futuro gobernante acerca de las dificultades que tendrá para resolver los casos que se le presenten.

Después de los primeros consejos que se inician con la invocación a Dios, fuente de toda sabiduría y, ante todo, tener en cuenta la máxima “conócete a ti mismo” y no olvidarse ni avergonzarse de sus orígenes humildes, menciona otra vez la ley del encaje, “que suele tener mucha cabida en los ignorantes que presumen de agudos”. Es una exhortación a ceñirse a las leyes, respetarlas y no ceder a los propios impulsos, pero esto no exime de tener compasión, “pero no más justicia”, por las lágrimas del acusado para que éstas no sean velo que oculte las razones de la denuncia.

Y comienza don Quijote a indicarle a Sancho cuál debe ser la postura del juez ante los litigantes y sus exigencias:

  • La verdad, para impartir con rectitud la justicia, debe ser buscada sin pausa y desentrañada de las razones que ante el árbitro expongan las partes, sin que nada, ni dádivas, promesas o lamentos influyan en la decisión que se tome para cerrar la causa.
  • Al impartir justicia con la debida equidad, el juez debe ser algo más comprensivo que riguroso, lo que llevará, al aplicar la ley, a no cargar todo su rigor en el inculpado. Buscar siempre, entonces, el camino legal que permita al juzgador ver más allá del hecho en sí, el momento, las motivaciones, el medio social y todo aquello que permita atenuar, si cabe, la gravedad del delito. Ello permitirá “doblar la vara de la justicia” no con presentes o donaciones sino con el peso de la indulgencia, sujeta a los preceptos generales de las normas legales.
  • También al enemigo debe administrársele justicia en el término correcto de las leyes. En tal situación no debe influir la enemistad; apartar el pensamiento de los agravios, si los hubiera, y buscar sólo la verdad para dirimir el pleito. “No te ciegue la pasión propia de la causa ajena”, dice don Quijote a Sancho, porque un juez cabal no puede perder el equilibrio que la rectitud de su juicio exige y que es lo que de él esperan quienes están en el estrado. Nada debe turbar la conciencia del magistrado, que tendrá siempre presente el interés de la justicia y no el propio.
  • También el juez debe cuidarse y no favorecer a la belleza que a veces se presenta con gemidos y con lágrimas para conmover el espíritu del juzgador, cegar su sensatez y no dejar que valore con ecuanimidad lo que pide.
  • Quien dicta sentencia no debe maltratar de hecho ni de palabra al condenado, pues “sin malas razones” le basta pensar en el destino que le espera, con la cárcel o con trabajos... No olvidar que el inculpado es hombre y, por lo tanto, sujeto a las falencias de su condición humana, y esto basta para mostrarse con él “piadoso y clemente”: como todos somos iguales ante Dios, es más respetable la misericordia con justicia. De seguir estos consejos, según don Quijote, Sancho tendrá vida feliz, colmada de bienaventuranza que durará hasta el fin de sus días para trascender a su descendencia.

Estos son algunos de los consejos que don Quijote da a su escudero a punto de asumir el gobierno, y que se refieren a la administración de la justicia, importante tarea del mandatario de la ínsula. De seguirlos, indudablemente, su gobierno será recordado con admiración y respeto por sus súbditos. Sera la época de Sancho Panza. La justicia a la que se refiere don Quijote es la justicia práctica, la que resuelve los casos usuales de la vida diaria. Así se exponen en los pleitos que Sancho resuelve: deudas impagas, disputas entre familiares desavenidos o vecinos y que se resuelven recordando casos similares por la perspicacia del hombre común que ha observado y apela a ese conocimiento de las peleas del ingenio popular, para resolver lo que se le plantea. Los consejos están dictados no para definir sino para valorar la justicia, especialmente la práctica, e indicar la mejor forma de aplicarla sin menoscabo ni sombras que hagan dudar de la integridad o de la sapiencia de quien debe administrarla.