Letras
Penélope

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Los ríos con sus bifurcaciones
regalan trozos de nube añeja
a los seres aéreos que ahorita,
sólo ahorita,
se encuentran entre otras plumas
en otros parajes que convierten en jungla
la vastedad negra y vacía de la noche
pintadita de luciérnagas blancas;
esperando,
sí,
ellas,
las incandescentes figuras,
pendiendo en un hilo de lana bermeja,
la llegada de un viento polvoriento
vestido con jirones telares carcomidos por los pájaros.
En ese momento,
la V de viejo tomará un barco a Ítaca,
pedirá prestada una delta,
y convergirá
en amores aéreos.
Hasta entonces, amor, hasta entonces,
entretendré mis dedos con agujas
tejiendo los luceros guindados.

 


 

Miro mis piernas.
Allí están, cortas, escuetas,
llenas de raspones y marcas.
Deberían ser de otra forma, ¿no?
Lo bueno es que caminan
B        I        A
     A         L          N
Trazan estelas en sus p a s o s
Colorean el vacío de tu media luna.
A veces me pregunto
Si mis piernas hubiesen estado atadas a otro torso
¿Habrían tenido los mismos cráteres?
¿Habrían caminado r-e-c-t-o o en z I g Za G?
¿Me las habrías espiado como detective inglés, buscando con lupa pistas de debilidad?
No lo sé.
Tráeme una flecha
la lanzaré con uno de mis arcos,
tu tercer ojo se romperá
y lloverán millones de gotas de cristales
Mis piernas
se enredan poco a poco en las tuyas
haciendo guerra
y paz triangulada.

 


 

Te deshago en sombras
Tantas veces.
En esa multiplicidad
se me ahogan los ojos
mientras caes con ella
entre espirales.
Te deshago en sombras y no eres mío
pero lo eres con tus cantos de negro
lo eres en la etereidad de las cosas.
En la mañana observo
que, después de todo,
quien se deshizo en sombras
fui
yo.
Finito.