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Cantos del río del Este
Extractos

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Cantos del río del Este
Santiago Bao
Editorial La Luna Que...
Buenos Aires, abril de 2009

Ventanas

A través del cristal húmedo
veo los árboles
multiplicados por la lluvia
y tu rostro,
río que corre
más allá de su forma.

 

Perfiles

Los tréboles se platinan
con la llovizna incesante.
Más allá,
un sendero se acuesta
en el bosque.

Nada se mueve.
La clara corteza del abedul
deja resbalar un tiempo de gotitas.
Más arriba,
en el gris profundo de la tarde,
se inicia la trama
de un recuerdo.

 


 

Lloviznan
minúsculas moscas
de terciopelo gris.
En el muelle,
contra el atardecer,
esperas.
Llovizna con tardanza.

El barco late ausencias
y desde la lejanía,
tu pelo destella 
con gnomos
de esmeralda.

 


 

Te contemplo
ausente,
sentada junto a un árbol,
mientras zurces
la trama
del universo.

 


 

Desde la galería
descubro
la espuma de la primavera
que como una cascada
se pulveriza en el parque.
Burbujas de mariposas
trepan
con la brisa
mientras en los rincones
del cuarto,
los materiales del sueño
se disipan.

 


 

Suspendidos
de la niebla del canal
flotan vaporosos sueños.
Del pasado
y del corazón de la lluvia,
cae tu lágrima
dejando una cicatriz
en el río.

Un silencio cruza
el crepúsculo
y se enhebra
en el tapiz
de la calma.

 


 

En el declive
de la tarde
mientras florecen
los ciruelos
y en el río saltan
las bogas de plata
la luna se prepara
para darle a tu cuerpo
el cuerpo de la noche.

 


 

Llueven girasoles
desde tu sonrisa,
cubriéndome el alma
de niños rebeldes.

 

Cenas

Junto al río de la noche,
tus manos
sorprenden al pan
que crepita vivo,
mientras le hablas
al fuego y tiembla el aceite
con el pescado de plata.

Del café,
surge tu voz
de azúcar dormida.

 


 

Un gallo invisible hechiza
el alba inconclusa.
Los sueños aún
hilan la gracia
de la noche.
Es la hora
en que tu aliento
roza mi sueño
y lo multiplica
en una avenida
de espejos.

 


 

Hay una jaula de maíz
en tus ojos
que inauguran
en las ausencias
la dulce prisión
de mi memoria.

 


 

Llovizna
sobre el espejo del río,
desde la cocina
el pan insiste en nacer
para la desnudez
del vino
y nuestra celebración
simple que teje
la singular trama
de los días.