Letras
“El espejo continuo”, de Javier EtchemendiEl espejo continuo
Extractos

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Los espejos mentidos

I.

Vos  y  Yo tan iguales y distintos.
Un día se terminará la cuerda;
el polvo de la tiza escribirá su última palabra
y el miedo a no saber quién sos.
Nunca saberlo.

 

II.

Conozco tu mirada al borde de la noche
la duda de tu boca     el  nosaber  del día.
Hay tanto por hacer;
mi deber yace en las pequeñas cosas:
el universo llenando una botella.

Hay un crimen perpetrándose en mi sangre
el beso interminable de la muerte
y el miedo a no saber quién sos.
Nunca saberlo.

 

III.

El Otro:
una idea
una casa sin sombra ni fresco al mediodía;
el quicio en donde aguarda el ausente.

 

IV.

No importa pensar lo que fui,
un barco turbio en medio de la nada.
Mi existencia exige perdón
por reflejar distinto los siete óleos del espejo.

 

V.

Los  puros vienen soltando aves para picar mi sueño;
llegan cimbrando el arco      oscureciendo el día.
Mi sueño deshaciéndose en la sombra
—clamores de victoria—
 y el miedo palpitando azul y rojo.

 

VI.

Van pasando los Otros.
Ajenos.
Tardíos.
Penetrantes.
Señuelos del ahora.
El paso distinto
—mejor—
casi perfecto.
Van cruzando la fiebre de un espejo de plata.

 

VII.

La tarde yace en ruinas al borde de mi casa.
Nunca dejé de irme del paso hacia la puerta,
el miedo asomando en las entrañas.
Un pensamiento constante:
los Otros son mejores
abren alas
colores invencibles en la cara.

 

VIII.

Un tren inmóvil en la luz refleja mi rostro arrodillado.
Escarbo en la noche buscando una salida.
El ojo rubio del futuro mira hacia otro lado.

 

IX.

Debo derribarlo todo      hacerlo de una vez;
juntar valor para ese instante
como si fuese ineludible rincón de última cosa.

Debo cruzar huyendo del extraño
que se ha puesto mi rostro a cargo de los hombros.

 

X.

Día de arrancarse la lengua y echarse en cuatro patas
a roer el hueso de la lluvia.
Día de una sierpe interminable rodeando la cama.
Día de querer negras las paredes      la luz de la lámpara.
Día de locura y de hastío      de asesinato.
Día de mirar hacia otro lado dejando morir a todos.
Día de tumba en el sillón.
Día en que duele la mandíbula de apretar los dientes.
Día de no morir por falta de valor e izar los hombros
para que los empuje el viento.
Día de patear animales para verlos rodar... y  verme rodar.
Día de perdón y olvido en el espejo.
Día de no querer nada y de quererlo todo;
de pensar si vale la pena, si acaso vale la pena.
Día de escribir por no haber comprado el revólver.
Día de cubrir la herida bajo la ropa, la herida incurable.
Día en que Otros son los adecuados y no parece mentira.

 

XI.

Habría que rescindir este contrato.
Habría que dejar la jaula abierta,
dar el paso de plomo
morir y renacer      hacerse solo.
Habría que negociarlo todo nuevamente;
regresar a la oficina de los cielos
y revisar la lista de oportunidades:
loco
santo
traidor
personaje histórico
partícula
o material de un sueño.

 

XII.

Dudaré del tenue reflejo que devuelve tu espalda
de aquel libro con el final cortado;
dudaré de la luz en el terrario de tiza.

Los espejos mentidos.

 

XIII.

Pasar toda la vida reparando el azogue
la luna del espejo.
Callar en aquel cuarto
oyendo el sonido que venía en el aire
trayendo la vencida insinuación del tiempo.

 

XIV.

Nunca serás lo bueno que habían dicho
y harás ruido a descalzo con madera
un fondo de cajón de puro muerto.

Nunca serás aquello que ha salido perfecto
que señala con sus puntas de viento
la estrella más pura y brillante del cielo.

 

XV.

La hora no es propicia
desde el oscuro extremo del mundo
está llamando un muerto.
No hay luz      acaso un resplandor tardío.
Inacabado.

Los huesos aturdidos pronunciarán mi nombre:
descalzo
entumecido
semilla de otra cosa.

 

XVI.

Perros y santos detrás de la cruz
—muge la dicha de los idos—
unos y otros atropellamos el paso hacia la luz.
Al matadero.

 

XVII.

Posar para una foto.
Dejar caer la ropa      los dones recibidos
tachar a los ausentes;
pedir a Dios o analista perdón por la tardanza.

 

XVIII.

Estoy cruzando el río donde Otros gesticulan
como advirtiendo el peligro.
Estoy con los pies rodeados
el molino de aspas detenido
y las piedras temblando bajo el agua.

 

XIX.

Un balde sin roldana se estrella y desvanece.
El Rey del manicomio afila sus espadas,
la risa de la gente queda lejos
y el mundo se aglutina en la mirada.

La sombra exhala un niño oscuro en la retama.

 

XX.

He de cruzar la puerta.
He de bajar el tono palpitante de la lengua.
Habré esperado en vano.
Habré mentido.
Quizá alguien haya podido odiarme.
Yo he odiado y reído.
Se romperá el espejo y habrá lunes para siempre.
Ojalá no vuelva a verte.
Ojalá pueda estrenarte un día cualquiera
—un día, un domingo—
esos en los que uno ha desertado un poco; lo merezco.
No sé si cambiaría alguna cosa. Tal vez, que el dolor
fuese decente con mi cuerpo.
Y haría, eso sí, un juramento: no olvidarme de mí.
Ni hacer silencio.

 

XXI.

Durar:
clavarse en la congoja mareante de un desnudo.

 

XXII.

Amar al Otro como a sí mismo.
Como a sí mismo... no, como al azul de un calabozo.

 

XXIII.

El amor ha llegado a reclamarme, sus pasos arden sobre la sien.
Mi alma se ha quebrado bajo el plomo de su rosa.

(Ganador del Premio Fondos Concursables para la Cultura 2008).