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Muere el fotógrafo colombiano Hernán Díaz
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Hernán Díaz, uno de los más grandes fotógrafos colombianos de la segunda mitad del siglo XX, murió la tarde del domingo 29 de noviembre, en su casa de Bogotá. “Tuvo un año de enfermedad por un enfisema muy fuerte que se lo llevó con un paro respiratorio fulminante, como él quería”, dijo el amigo de toda su vida, Rafael Moure.

Díaz era famoso por sus retratos de personalidades y por ser uno de los primeros en publicar trabajos en revistas como Life y Time, así como para el periódico Christien Science Monitor. Nacido en Ibagué en 1931, desde muy joven se involucró en el mundo de las imágenes. En 1954 inició sus estudios en el Photographers School, en Westport, Connecticut. Para la década de los 60, empezó a publicar sus propios libros y sus fotografías empezaron a publicarse en varias revistas prestigiosas en todo el mundo.

Desde entonces y a lo largo de toda su carrera logró poner bajo su lente a todas las personalidades influyentes que se dieron a conocer en la vida pública colombiana. Unos de la política y otros del mundo del arte, todos quedaron plasmados en fotos que ahora son retratos clásicos.

“Sus fotografías son impecables”, opina la fotógrafa Gilma Suárez, directora del Fotomuseo, y agrega: “Fue el maestro de todos y sus retratos los estudian todos los que quieren hacer buena fotografía”.

“Fue mi amigo del alma”, dice Gloria Zea, directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá (MamBo). “Como persona era excepcional. Hace poco lo visité y me enteré de que estaba enfermo. Ese día empezamos a organizar la exposición que vamos a hacer en el MamBo en septiembre del año entrante. Serán cien fotos con un libro. No pensé que él no llegaría a esa fecha”.

Todos recuerdan al fotógrafo como dueño de un sentido del humor excepcional. “Una sesión de fotos con él era para morirse de la risa”, dice Zea. Por su parte, Moure comenta: “Hernán era directo, con mucho humor y sarcasmo. Era malo, en el sentido bueno de la expresión, y pícaro”.

Si unos le reconocen su habilidad para el retrato, otros como su amigo Álvaro Castaño Castillo destacan su trabajo en la fotografía arquitectónica, especialmente la de Cartagena: “Creo que las mejores fotos de Cartagena son de Hernán. Las primeras fotos que la hicieron famosa fueron de él. Si alguien piensa en los cinco fotógrafos más famosos del país, tiene que estar él”.

Gloria Valencia de Castaño lo recuerda con un humor ácido y certero. “Era una persona muy valiosa y fue un gran testigo de nuestra sociedad”.

Si bien, cuenta Álvaro Castaño, en los últimos dos años su ánimo decayó un poco, tanto él como los demás entrevistados le reconocen que fue uno de los hombres más festivos que conocieron.

Tanto Gloria Valencia como Gloria Zea recuerdan que él y el artista plástico Enrique Grau se disputaban ser los anfitriones de las mejores fiestas de Bogotá, entre los años setenta y ochenta.

“Hernán vivía en la ‘Colina de la Deshonra’, que es la calle que sube frente a las Torres del Parque entre la calle Quinta hasta la Circunvalar. Ahí vivían, también, Grau y un montón de artistas, y se hacían las fiestas más sensacionales. Por eso el nombre de la calle”.

Rafael Moure concluye: “Él fue el historiador desde los 70 hasta el presente”.

Díaz publicó, entre otros libros fotográficos, Cartagena morena (1972), Diario de una devastación (1979), Las fronteras azules de Colombia (1982), Casa de huéspedes ilustres de Colombia (1985), Cartagena de siempre (1992) y Retratos (1993).

Recibió varias distinciones por su trabajo, entre ellas el Premio Nacional de Fotografía Federico Hecht (1968) y el Primer Premio del Concurso Mundial de Carteles (1980), en Venezuela.

En los años sesenta fundó Memorabilia, la primera tienda galería de fotógrafos de arte que existió en Colombia, y a partir de 1966 ha realizado numerosas exposiciones de su obra. Desde ese año hasta 1994, sus exposiciones fueron constantes.

Recientemente, el periódico virtual Con-Fabulación había señalado que Díaz “capturó con su lente los rostros y el rictus de quienes tendrían papeles protagónicos —no siempre dignos y loables— en la enorme, desaforada y contradictoria farsa nacional”.

Interrogado por la misma publicación si sentía nostalgia de su pasado, respondió: “¿Cómo no voy a sentir nostalgia? La mitad de los que retraté están muertos (...) y la otra mitad en la cárcel”.

Fuentes: EFEEl TiempoSemana