Sala de ensayo
Eliza Lynch y Elisabeth Nietzsche: dos mujeres en el Paraguay

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En 1887 se fundó, en el centro del territorio paraguayo, una aldea que según sus propios fundadores iría a representar el más genuino ideal ario: la aldea fue fundada, y aún hoy se llama, Nueva Germania. Sus fundadores fueron el matrimonio Bernhard Förster y Elisabeth Nietzsche, la hermana del famoso filósofo. En un libro desafortunadamente inédito aún en español, Forgotten Father land: The Search for Elisabeth Nietzsche, editado en el año 1993, el columnista del London Times, Ben Macintyre, nos expone este apasionante tema. Desde Nueva Germania se tenía la idea de hacer de ésta el centro de un imperio ario que abarcaría toda Sudamérica. Comentemos algo más al respecto: Elisabeth no sólo ha sido la cofundadora de Nueva Germania sino que, también, ha sido la manipuladora de los escritos de su hermano (Friedrich Nietzsche) en pos de ideologías a las que Nietzsche precisamente no adhería; ella ha sido una seguidora del antisemitismo pregonado por Richard Wagner en su juventud y, ya en sus últimos años, de las doctrinas de Mussolini y de Hitler. Por otra parte, recordando el libro El Fiscal, de Augusto Roa Bastos, se rescata la figura del conde polaco Erwin Brinnicky Niëtzsky, “el gran héroe cultural de la Guerra Grande que aún no se le ha rendido los honores que ese extranjero merece”, y el de su hija Malwida Brinnicky-Niëtzsky. Mientras que Erwin Brinnicky ha formado parte del sequito de Solano López y Eliza Lynch, Malwida conoció a Elisabeth Nietzsche: padre e hija son los conectivos de estas dos generaciones, dos momentos distintos por los que el Paraguay ha pasado. Las obras principalmente precisadas son esas dos. De antemano cabe comparar a estas dos mujeres, Eliza Lynch y Elisabeth Nietzsche: mientras que Eliza Lynch ha sido más bien una mujer aventurera, que ha sabido escalar en la vida en todo el sentido de la palabra, Elisabeth Nietzsche en cambio ha sido una mujer que se ha sumado a la causa antisemita pero que no siempre ha sido consecuente con esa convicción. Más allá de las diferencias entre ambas, el punto en común que tienen es el haber vivido en Paraguay con las mismas ambiciones de poder. Y, si repasamos la historia, veremos que tanto en el matrimonio Solano López-Lynch como en el de Förster-Nietzsche, más allá de las ideologías, estuvieron las ambiciones más desmedidas y, en consecuencia, el más crudo fracaso. A su manera, intentaron llevar a cabo un poder que trascendía todos los límites y fracasaron.

Como sabemos, el hermano de Elisabeth Nietzsche, Friedrich Nietzsche, también había trabado relación con el músico, para después romper abruptamente; léase El origen de la tragedia, libro que es un verdadero canto al espíritu wagneriano. Lo que expone enfáticamente Macintyre en esta obra, es la no adhesión por parte de Nietzsche a las diversas doctrinas dogmáticas. En todos los sentidos, la posición que aduce este periodista es lo que Juan José Sebreli clasificaría como “nietzscheano de izquierda”, es decir la concepción sobre Nietzsche, desde un punto más totalmente humanista, rescatando más que nada la libertad del humano en un sentido pleno. Es por eso que en el prólogo el escritor dice que el éxito de Elisabeth reside en que, a pesar de los años, Nietzsche aún no se ha podido desembarazar de sus vínculos con el fascismo y el nazismo. Yo he tenido la posibilidad de hacerle algunas preguntas a este periodista. Una de ellas fue la del hecho de que Elisabeth Nietzsche manipuló la obra de su hermano no es del todo conocido, incluso en la actualidad es algo que parece increíble. “¿Usted es uno de los primeros escritores que descubrieron la personalidad de Elisabeth Nietzsche en el contexto histórico del pensamiento?”. A lo que él me contestó: “No me puedo considerar el primero en descubrir las manipulaciones de Elisabeth. Aunque durante su vida no faltaron aquellos que protestaron por lo que ella estaba haciendo. Pero confío que hice saber a un público más amplio de sus crímenes intelectuales, y de alguna manera, reivindiqué a Nietzsche”... En esta obra se abordan el contexto sociopolítico e histórico de Alemania y del Paraguay. Por una parte, Alemania estaba en una crisis económica severa, saqueada por los capitalistas, los que eran mayormente judíos; de allí surgieron diversas líneas antisemitas, algunas de las cuales confluyeron en el gobierno de Hitler.

Por otra parte, el Paraguay, hacia la segunda mitad del siglo XIX, debió atravesar una guerra bastante sangrienta: la Guerra de la Triple Alianza. Hacia marzo de 1886, cuando los colonos alemanes, siguiendo al matrimonio Förster-Nietzsche, arribaron a Asunción, esta ciudad se hallaba en ruinas. La causa de fundar una colonia en medio de la selva paraguaya, era justamente esta: Paraguay había quedado despoblada casi por completo tras la guerra, finalizada apenas siete años atrás, después de la muerte del dictador Francisco López Solano. Vale decir que, en más de una ocasión, el matrimonio invitó a Friedrich Nietzsche sin éxito; en más de una ocasión lo tentaron con invertir dinero en Nueva Germania, en lo que también fallaron.

Macintyre revisa la historia, acerca de principales promotores de esta absurda empresa. Nos dice que “Morgenstern... era un sospechado pederasta, un consejero militar y un historiador y cartógrafo aficionado, terminó en el Paraguay como ministro de Inmigraciones (...). Se había encargado de realizar reportes sobre el estado del Paraguay, que eran impresos en los diarios europeos, incluso en el Times (...). Bernhard Förster fue uno de los que leyeron y vieron los mapas que el coronel Morgenstern había dibujado”. El coronel Morgenstern era parte del gabinete de Solano López. Él también se encontraba escapando de los brasileros cuando perseguían al dictador al norte del territorio paraguayo, cerca de Cerro Corá; una vez atrapado se salvó de ser muerto por los soldados enemigos por ser extranjero, al igual que Eliza Lynch.

Cuando analiza la figura de Eliza Lynch, como quien prepara el camino para que Elisabeth venga: ambas guardaban las mismas características, ambas eran mujeres por igual hermosas, con ambiciones desmedidas de poder y riquezas, empresas en las que ambas terminaron fracasando estrepitosamente. Macintyre gusta comentarnos algunos hechos de Eliza Lynch, quien se jactaba de que Liszt “la había escuchado tocar el piano en París y le aconsejó seguir una carrera musical, y se ponía furiosa cuando sus recitales eran interrumpidos por el sonido de los tambores del Ejército (...), las tropas enemigas se iban acercando, así que el Presidente y su Dama escaparon hacia el norte (...). Así que se encargaron de llevar el famoso piano Pleydel de Eliza... Apurados por el rápido avance de las unidades de caballería del Brasil. En un lugar entre Las Lomas y Cerro Corá, en el extremo norte del territorio paraguayo, la vida del Presidente llegó a su fin, el piano Pleydel fue abandonado cerca del río. Los caballos que lo llevaban habían muerto y fueron comidos. El pueblo en que eso ocurrió fue llamado Piano, o Isla Madama”.

En El Fiscal, de Augusto Roa Bastos, hay otras versiones de Eliza Lynch y de Elisabeth Nietzsche. En El Fiscal Eliza Lynch es en cambio la antípoda de Pancha Garmendia, la otra amante de Francisco Solano López: “La Lynch y Pancha Garmendia, al comienzo, no sólo eran rivales en cuanto al amor del semidiós de la guerra que había brotado de una tragedia griega. Lo eran también en cuanto a su hermosura”. Augusto Roa Bastos habla también del piano de Eliza, incluso nos indica su procedencia: “En un remate de fina ironía Malwida Brinnicky-Niëtzsky relató la historia del piano de Chopin que la Lynch mandó a comprar en Sotheby’s”. El padre de esta mujer fue a Londres a revisarlo, finalmente no era de Chopin, aunque así se lo hicieron creer a Lynch. Ese fue el primer piano que ingresó al Paraguay. “Muchos años después me contaron que los indios del Amambay transportaron el piano a la cumbre de su cerro sagrado y lo convirtieron en objeto de culto de sus ceremonias rituales”.

Pero así como el padre de Malwida tuvo cierto protagonismo en cuanto a la dictadura de Solano López, su hija tendría suma importancia en cuanto a la obra de Nietzsche; sería ella quien recibiría en San Bernardino a Elisabeth Nietzsche cuando recién llegaba al Paraguay. En El Fiscal el narrador nos cuenta que Malwida vio que Elisabeth, ni bien había llegado, tenía en sus manos los manuscritos de Ecce homo, en el cual escribía y arrancaba algunas hojas. Malwida, consciente de que se estaba destruyendo el manuscrito de un gran libro, decide escribirle a Lou Andreas Salomé; es allí que, según Roa Bastos, Lou Andreas Salomé va a al Paraguay para rescatar estos manuscritos.

...Malwida logró convencer a Lou que visitara el Paraguay. Logró traerla a su castillo de San Bernardino [Lugar en donde se suicidaría Bernhard Förster años después, y donde actualmente se halla su tumba como también tierra alemana enviada por el mismo Adolf Hitler] (...). Malwida y Lou fueron recibidas por Bernardino Caballero, héroe de la guerra, a la sazón presidente de la República. Le expusieron la dramática situación de los manuscritos y le pidieron su mediación (...). Mandó a que la justicia interviniese de inmediato. Förster nada pudo hacer en defensa de los supuestos derechos legales de su mujer sobre la obra inédita. Elisabeth fue obligada a entregar los manuscritos a un juez. Éste los devolvió al tribunal de Weimar, ciudad en la que se encontraba Nietzsche, paralitico, y donde poco después había de morir. Así se salvaron los manuscritos de Ecce homo en Paraguay, el país de las causas perdidas.

En Roa Bastos como en Macintyre, Elisabeth Nietzsche es la misma mujer, obsesivamente preocupada por tergiversar los escritos de su hermano, en favor de sus propios intereses personales. Macintyre, con justa razón, ha asegurado que justamente su éxito reside en que a su hermano, Friedrich Nietzsche, aún se lo emparente con el fascismo y el nazismo, ambos tan catastróficos como lo fue para el Paraguay la influencia de Solano López y Eliza Lynch.

Es curioso que estas dos mujeres tan insertas en la cultura europea hayan surcado las aguas de nuestro tan amado Paraná. Acá enfrente nomás.

El año de fundación de esa insólita colonia, influida por la filosofía de Richard Wagner, fue, como ya dijimos, 1886. Pero, a pesar de las múltiples conexiones que podemos encontrar con lo que ocurría por aquí, este poblado ario es, a mi entender, un hecho tan aislado en la historia del Gran Chaco, que vale recordar qué es lo que ocurría en nuestra región, vecina a aquella: Resistencia acababa de ser fundada. Tenía tres mil habitantes, mil menos que Santa Fe. En palabras de Guido Miranda, era “el único cantón, colonia y municipio del territorio deslindado, que constituyó de hecho la capital” (p. 116). Aunque todavía se trataba de marcar los límites. Apenas un año antes, en enero de 1885, Obligado llegaba a Resistencia para asumir el cargo de gobernador con retención de la Jefatura de las Fronteras del Norte, preocupado por la consolidación de las líneas de fortines. Hacia 1887, un año después, Alejo Peyret conocía Resistencia y comentaba en su libro Una visita a las colonias argentinas, sobre los progresos edilicios de esta ciudad. Haciendo mención del aspecto que ésta poseía, semejante a un campamento militar.

Hacia 1878, casi una década antes que Nueva Germania sea fundada, comenzaban a llegar los primeros inmigrantes a estas regiones no de Alemania, sino del noreste de Italia. Según Miranda, fueron los furlanos los primeros en llegar a la nueva capital, es decir, Resistencia.

No obstante, todo esto, que ocurrió en la segunda mitad del siglo XIX, no se aparta en absoluto de lo que ocurría en Argentina por aquel entonces. Por demás está mencionar a Sarmiento, con sus ideas tan iluminadas y sombrías a la vez por ejemplo, que además se relacionaba con nuestro país vecino del norte.

Lo que ocurrió por aquel entonces en el Paraguay es, podemos entenderlo así, un facsímil y una extensión de la conquista del desierto, que acaecía en nuestro territorio; según el criterio con el que lo abordemos.

  1. Una extensión, ya que dicha conquista se realizó de sur a norte. Además, la ideología que imperaba en el Paraguay era muy similar a la argentina. Ambas partes ensalzaban en mayor o menor medida la cultura europea por encima de la criolla y nativa.
  2. Y un facsímil, vale hacer la distinción, ya que la ocupación de los suelos paraguayos, por parte de colonos europeos, tiene sus características propias.

Si nos ubicamos en la época, las dos grandes poblaciones de la época eran Buenos Aires y Asunción. Todo el resto, en especial el sector norte del país, y el interior del Paraguay, eran sectores de difícil acceso.

Si lo consideramos como una extensión podemos pensar en lo que Guido Miranda, en su Tres ciclos chaqueños, nos dice. En el comienzo del capítulo XIII (“La capital”), nos dice: “El Gran Chaco, parcelado por la constitución de las repúblicas de Bolivia, Paraguay y Argentina, seguía siendo un complejo de bosques, sabanas y esteros esparcidos en el norte, sin una población estable que lo sujetase mediante el protocolo de la escritura de propiedad”.

Y dice un poco más adelante: “La verdad es que todo el Chaco, sin límites demarcados en las cartas geográficas-políticas, resultaba un territorio multiforme, peregrino y cambiante, cuyas orillas fluctuaban según el influjo alternante de los malones o las campañas de represalia, como si no tuviera debajo de sí el basamento inamovible de la llanura sedimentaria” (p. 112).

Supongo que esos comentarios son los que nos hacen pensar que lo que ocurrió en Paraguay no fue sino una extensión de dicha conquista del Chaco, por no decir del desierto. Supongo que las características enumeradas por Guido Miranda son las que hacen que la palabra “extensión”, sea aquí verosímil.

A pesar de los límites políticos, lo que llamamos “el Gran Chaco” se anteponía a éstos.

 

Bibliografía consultada

  • Macintyre, Ben: Forgotten Fatherland: The Search for Elisabeth Nietzsche. Harper Perennial. 1993.
  • Miranda, Guido: Tres ciclos chaqueños (crónica histórica regional). Editorial Norte Argentino. 1980.
  • Roa Bastos, Augusto: El Fiscal. Ed. Sudamericana. 1993.
  • Sebreli, Juan José: El olvido de la razón. Ed. Sudamericana. 2002.