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Muere el veterano periodista español Carlos Nadal
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El veterano periodista español Carlos Nadal falleció en Barcelona el pasado 26 de enero a los 86 años de edad, después de una vida dedicada al periodismo y la pedagogía, y marcada por la defensa de las libertades, que siempre ejerció con un profundo humanismo.

Durante más de medio siglo trabajó en el diario español La Vanguardia, donde firmó su primera crónica en junio de 1956. El último Week-end Político Mundial, la columna semanal que mantenía desde 1976, se publicó el domingo 24 de enero.

Al ingresar a la redacción de La Vanguardia, Nadal se sumó al foro clandestino que, dirigido por su hermano Santiago, luchaba contra la dictadura de Franco y a favor de las libertades democráticas. Más tarde formó parte de la asociación, también clandestina, Periodistas Democráticos de Barcelona.

Su hermano fue subdirector de La Vanguardia y su hermano Eugenio, en honor del cual se creó el Premio Nadal de Novela, el primer redactor jefe de la revista Destino. Su esposa, María Dolores Masana, es la actual presidenta de la sección española de Reporteros Sin Fronteras, organización en defensa de la libertad de prensa, y la vicepresidenta de la Comisión de Quejas y Deontología de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (Fape).

La defensa de la libertad marcó su carrera como analista y también como pedagogo, pues fue profesor de lengua y literatura en la Escuela de Periodismo de la Iglesia de Barcelona, así como de Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

En el año 2001 recibió el Premio Godó de Periodismo por un Week-end donde defendió la prensa como salvaguarda de la verdad en unos tiempos, a su juicio, de extrema opacidad y desinformación. También fue reconocido con el Premio Rodríguez Santamaría de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y con una mención especial en los Premios del Instituto de Derechos Humanos de Cataluña (IDHC).

Mientras trabajó en La Vanguardia, donde fue jefe de Internacional y de Opinión, se caracterizó por un respeto profundo a cualquier idea. Era un gran oyente, al que le gustaba puntear las tertulias con las breves y certeras observaciones del sabio tranquilo y modesto.

Fuentes: La Vanguardia