Letras
Mientras espero

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“Ahora, para colmo de mis males, en este momento en que me siento como vomitada, sola, dejada al fuego en un rincón, me imagino que todo debiera haber seguido como fue aquella hermosa luna de miel donde sobraron las promesas y hasta me fue ofrecida una casa con televisor en cada pieza. A mí, que adoro los cuartos que dan a algún hermoso jardín con begonias y bifloras y todas las demás matas que mi mamá cultivaba en aquella casa de campo donde quedó mi inocencia enredada detrás de un maldito cañaduzal. Esto fue hace muchos años, tal vez quince. Ya nadie se acuerda de todo esto. Quedó en mis recuerdos de niña. Lo que me importa ahora es el problema con este marido que viene tan tarde todos los días. Cuando regresa no sabe responder nada porque quién sabe con quién se quedaría el sinvergüenza ese. Le debería hasta dar pena que con una situación de éstas, en que la plata ya no rinde para nada, se ponga él de toro bravo a gastar y hasta invitar a todos, diciendo que es de cuenta de su bolsillo. ‘Yo pago’, me imagino que dice cuando se sienta y empieza a vociferar que da miedo cuando tiene algunos tragos ya en la cabeza. Pero dejémoslo que él tiene venir en cualquier momento y entonces, ¡ya verá! Ya se acordará quién es la que manda en esta casa porque la de la responsabilidad soy yo que estoy aquí encerrada como una sirvienta que va y viene por toda la casa desde las cinco de la mañana, para que todo esté siempre limpio y cuando venga alguien pueda decir que está que brilla como un espejo. Esto es lo que creo que me van a decir siempre que oigo la bocina del carro de Alfredo cuando pasa por aquí y le da por entrar a contar algún chisme. Pero para los vecinos soy la misma, la perdida señora X que está en esa casa encerrada quién sabe por qué razón o por qué castigo porque no la dejan ni asomar la cabeza a la calle. Llego hasta a pensar que esto es como era en la época de la violencia allá en el pueblo cuando voló tanta sangre y cuando no se oían a cada momento sino los pregones del ejército que obligaban a estar todo el día con la puerta trancada y bien cerrada. Era una época de mucho jaleo cuando los políticos se disputaban el país y cuando decían que aquí todo tenía que cambiar como a ellos les parecía, aunque fuera matando a todos los que estuvieran contra ellos. Porque déjense de vainas, este país está que hiede como agua de cloaca; por todas partes no se ven sino guerrilleros y gente que ya no cree en nada y contrabandistas que andan por ahí sueltos bregando a ver cómo sacan mariguana del país y echando candela por todos lados. Creían además que todos los santos de este maldito pueblo debían ayudarles porque afirmaban que donde hubiera bala debía de estar la ley para imponer el orden y que no se rebelara nadie. No sé por qué me acuerdo yo de estas cosas y todos los días siempre que me voy a acostar sola antes de que llegue Arturo. Voy a tratar de olvidar pronto todo esto. Pero qué carajo, hasta incluso a punto de cerrar los ojos un miedo me va fluyendo por dentro y creo oír ya pisadas por toda la casa. Ahora veo de nuevo esa figura de Esteban cuando estaba colgando su fusil en lo más alto del eucalipto del patio para evitar que se lo cogieran en medio de la casa y ahí sí le dieran mucha madera y hasta plomo que era lo que les daban a todos los que por causalidad pasaban por los recodos interminables que conducían a aquel pueblo terminado. Trato de no acordarme más del tal Esteban ese, pero sigue mi imaginación que más parece una loca y por eso es que tenían razón los maestros en el colegio que decían entre otras cosas, siempre que me iban a regañar, que la imaginación era la ‘loca de la casa’ y que por eso había que estar siempre haciendo algo, no fuera que llegara de improviso el demonio y nos echara en la ‘paila mocha’ del infierno que se iba calentando a medida que iban entrando más y más condenados, de esos que iban a estar siempre encaramados aullando de puro fastidio eterno. Pero, por qué esa misma pendejada de la pensadera constante todas las noches en Esteban sabiendo que él no puede estar ni en figura por estos lados como que está bien muerto. Sin embargo, cuando pienso esto es como si lo viera venir por todos los rincones de la casa y siempre es lo mismo cuando estoy destendiendo la cama y me voy a echar la cobija encima. Pero también cuando Arturo está, siento a veces esto mismo, incluso cuando me acuesto a su lado buscando sus costillas para encontrarme protegida. Aun así un extraño recuerdo me atosiga las entrañas y parece que ya fuera a sacudirme todo el cuerpo. Pero en momentos así logro calmarme más fácilmente porque entonces tomando una mano de Arturo ya todo se aquieta y me duermo cuando no es que otra preocupación viene a atormentarme como cuando pienso lo que hay que hacer al otro día. Pero este recuerdo de Esteban sí me va a aniquilar, viéndolo botar sangre por la boca que más parecía un hueco echando agua, igualito a los que yo hacía cerca de la quebrada cuando íbamos con todos los de la casa. Se me viene a la cabeza esto ahora como toda aquella historia ya pasada y vivida tan horriblemente por todos nosotros. Bueno, en fin, tengo que dormir ya y dejar estos temores porque más parece que soy una niña de kínder que no sabe ni dormir sola mientras llega este marido que quién sabe dónde estará gastando hasta el último centavo sin saber qué pasará al otro día. Él, que se está dando la gran vida sin saber qué dificultades tiene una que pasar hasta de noche en el momento de acostarse. Pero, en fin, dejemos todo esto que algún día tendrá que pagármelas todas juntas. Sí, así como lo digo yo en esta noche. Maldita sea, es que he sido muy boba permitiendo que él se lleve una vida tal como la lleva, mientras yo estoy aquí pasando por todo esto. Sí, he sido muy boba, mientras voy viendo otra vez a Esteban como si en realidad estuviera pegado a la cortina verde que cae del techo hasta el suelo de este cuarto de matrimonio que ya parece una cárcel de lo puro encerrada que vivo en él. Sí, es lo que he dicho yo, estoy encerrada de por vida y todo por culpa de este matrimonio que empezó con tantas risas y tantas fotos y tantos gastos al otro día cuando el calor de la fiesta ya había terminado por completo y no quedaron sino los platos sucios y los manteles de las mesas vueltos nada. En ese día precisamente, y ahora lo recuerdo, me pegué la primera ‘mantequeada’ de esta vida perra, la primera fregada de platos y justamente de los invitados a nuestro matrimonio. Es que es para morirme de risa y hasta de fastidio viéndome al lado de Arturo fregando la loza aquella de una vecina quien la había prestado con miles de dificultades porque ella la necesitaba también al otro día. ‘Tranquila, doña Soila, que usted ha sido muy amable con nosotros y sobre todo en este momento tan especial. Los invitados ya deben, a estas horas, estar preparándose imaginando qué platos deliciosos se van a comer y todo lo que a van a bailar en esta noche para agasajar a los novios que empiezan su bella vida de amor. Sí, doña Soila, mañana mismo le devolvemos todo esto que usted tan amablemente nos ha prestado, tenemos que salir bien temprano para nuestra luna de miel’ . Pero qué miel ni que nada. Yo diría ahora que fue de sal y de sal sin sabor, porque si hubiera sido de esa sabrosa que comía en el pueblo al lado de mi mamá, pues podría pasar, pero ahora me parece que era una sal como la que le echaban a los animales para que no les doliera la barriga. Me da hasta náuseas pensar en todo esto. Yo sola aquí en este cuarto de muerte, mientras mi maridito, a quien yo pensaba querer toda la vida, me deja como abandonada en esta noche obligada a recordar momentos tan crueles. Y es que sólo me acuerdo de lo de Esteban y del fracaso de nuestra vida matrimonial cuando estoy sola, cuando ni mis amigas están aquí para soportar al menos con ellas este infierno que me traspasa el corazón. Pero no, definitivamente no puedo dormir. Voy a prender el televisor para distraer un poco el asco de esta noche. Las mismas pendejadas y hasta estas horas. No hay nada que ver. Debían dejar un canal especial para las que como yo se acuestan o terminan el día desesperadas, sin encontrar contento en nada de lo que ven. Bueno, voy a sumirme de nuevo en esta oscuridad que me lame hasta los huesos. Mañana tengo que ir a la casa de Gloria donde pienso ver cómo es que ella ha arreglado el cortinero de la sala porque me ha contado que le quedó lindísimo. Voy a ver si por fin arreglo la sala y cambio los de las piezas para ver si le quito a esta casa la apariencia de cementerio. Después pienso ir a averiguar lo de la patente porque eso de estar siempre esperando a Arturo para poder salir de compras o hacer el mercado me tiene más que dependiente de un ser que sólo piensa en sus cosas y en dejarla a una abandonada por ahí cuando se encuentra con alguno de sus amigotes sin fijarse en todas las cosas que tiene que hacer una en el centro de compras ni en todos los asuntos que tiene que atender una pobre ama de casa que sólo piensa en hacer feliz a su marido y nadie le reconoce su pesada labor. No me acuerdo ya en qué revista fue donde leí acera de una manifestación de unas madres de familia que no podían soportar ya tantas cargas como esta civilización moderna de consumo había puesto sobre sus hombros. Creo que a una vaina de estas sí me metería sin pensarlo dos veces porque esto sí es una cosa demasiado cierta para ser discutida. Es más que conveniente ahora tomar las cartas por partes iguales cuando el hombre ha manifestado tanta debilidad en cuestiones como esta de la política donde hasta las mujeres les están enseñando a los hombres cómo es que se resuelven los problemas de la guerra en que éstos han botado tanta corriente y millones de pesos todos los gobiernos que sólo están por pelear. Están peores que nosotros que cuando estamos berracos tiramos todo por encima de la cabeza y esto parece la hora llegada según supe indirectamente que comentaban unos vecinos que viven hablando de todo el mundo porque para esto de hablar de la gente sí que sobra la gente. Medio mundo se come a medio mundo y las cosas siguen lo mismo porque mientras más hablan más alborotan el gallinero. Liberación femenina por todos lados es lo que deberían hacer todas las mujeres que como yo viven entre la espada y la pared de una casa polvorienta, de una casa olvidada hasta de las cucarachas. Bueno no mucho de éstas porque he visto una bajando por las cortinas y hormigas en los rincones de la cocina. Me dan unas ganas de vomitar cada vez que veo una bajando por el muro azul de la ventana que da al patio donde está el naranjo que sólo echa flores todo el año y una aquí esperando siquiera una naranjita. Ya estoy cansada de comer las mismas paliduchas que trae Arturo. No sé dónde se las regala el fulanito ese que tiene la finca en el mismo pueblo donde vamos algunas veces a saludar a los que quedan de nuestra familia diezmada por el tiempo y por los enlaces conyugales que han hecho que todos nos desperdiguemos como restos de una bomba estallada. Ese asunto de la liberación femenina ni siquiera se podía pensar en la época en que vivíamos aún en ese pueblo donde mamá era la que cocinaba y se entendía con los mil asuntos de la casa todo el día desde que se levantaba hasta que se acostaba. ¿Cómo iba ella a liberarse si tenía que estar pendiente del fogón de leña y de todos los asuntos domésticos de la casa grande como la llamaban los peones cuando llegaban desde por la mañana y le pedían el tintico para, como decían, poder empezar bien entonados la jornada? Creo que ella hubiera querido liberarse pero de nosotros que vivíamos detrás de ella para que nos dejara ir a jugar a la finca vecina donde tenían unas yeguas muy bonitas con las que podíamos ir al pueblo a ver a los muchachos que venían de la ciudad tan ‘titinos’ como nos parecían a todas las que nos reuníamos para darnos la ‘palomita’ a asomarnos a ese pueblo tan solo y polvoriento que parecía como el mismo cementerio. Era una soledad tan impresionante que hasta el tendero de la esquina se dormía sobre el mostrador y llegaban los vagos que siempre estaban en el parque espantando las palomas y le robaban lo primero que encontraban. Una vez lo dejaron sin sombrero y él, como tenía una calva muy grande como un franciscano, no se atrevió a salir durante todo aquel día. Al fin le prestaron uno y pudo por fin salir aunque él ya estaba a punto de hacerlo con un periódico en la cabeza pero en el momento de poner los pies en la calle no lo hizo pensando en lo que irían a creer los que lo vieran. Tal vez se imaginarían que estaba loco y se lo hubieran llevado al manicomio para acompañar a la única loca que por aquella época tenía el pueblo. Bueno, no pensemos tantas majaderías que ya pasaron y pongámonos a pensar de nuevo en eso de la liberación de la mujer. Sí, hubo un año hace poco dedicado a la mujer pero fue lo mismo que si hubieran quemado cien papeletas en el parque para que salieran todas las sirvientas y dejaran de trapear porque no se oyó sino el alboroto que siempre causamos nosotras las mujeres o más bien las que en vez de sesos tienen trapos viejos en la cabeza. Cuando dejo vagar mi memoria por ese pueblo de mi infancia donde no tenía las contrariedades que tengo ahora precisamente por culpa de haberme venido tan joven de él y por culpa de mi matrimonio con Arturo quien me trajo a vivir en estos desiertos de concreto donde una se pierde tras un apartamiento sin tener ningún contacto con el mundo exterior a no ser por el papel amarillo de los periódicos que nos traen todos los días los mismos chismes políticos y las mismas carajadas. Esto me hace comprobar de una vez por todas que esto sigue lo mismo y que un año que viene es lo mismo que el que se ha ido y que en esta ciudad, lo mismo que en ese pueblo del que ahora me acuerdo mecánicamente, no ocurre nada a no ser las mismas historias realizadas por hombres sin oficio serio en la vida. No sé pero me parece que desde esta oscuridad puedo ver todo más claro porque hace rato he estado pensando tantas cosas ni de día puedo atinar a discursear tan bien y todo esto ocasionado por la demora de Arturo. No sólo hoy sino muchos días, sobre todo cuando suele encontrarse con algún compinche con el que se encarreta hasta muy tarde mientras una siempre está dedicada exclusivamente a él y sólo a él durante todo el santo día. Son tantos los enredos y los recuerdos que tengo en esta cabeza que no es sino ponerme quieta unos momentos debajo de la manta y ya empiezo a darle vueltas y más vueltas a todos esos asuntos que me tienen siempre preocupada porque no he olvidado, cosa curiosa, ni uno solo de los detalles de esa maldita época de la violencia en la que mataron por culpa de no sé qué corriente política a todos mis familiares. Cómo lo recuerdo ahora y en una noche como ésas. Pero en fin, todo este pensar y más pensar me lleva siempre al mismo punto del que no hay ninguna solución sino es la resignación y el ver cómo todo sigue lo mismo y acabar una convenciéndose de que todo es lo mismo hoy y seguirá así mientras no ocurra un milagro, porque no hay un motivo decisivo para que cambie porque ¿quién dijo que esto podía cambiar si el mismo gobierno dice continuamente que aquí no pasa nada y que hay una paz completa y que no hay nada que altere el orden público en todo el territorio nacional? Que todo se reduce a que un partido está luchando contra otros por ese asunto de las elecciones en las que se cree que el pueblo participa activamente porque mete el dedo en una tinta y dice que está votando por fulanito o sutanito y los del gobierno revisten ese mismo día de todo un ceremonial de movilizaciones populares para que por todas partes puedan ver cómo es que este país tiene una avanzada democracia. Sin embargo sigue ésta tan fregada cada día que pasa que da hasta miedo de lo puro tranquilo que está todo por aquí porque de un momento a otro puede explotar todo en un polvorín. Esto mismo era lo que decían la semana pasada. Que tantos problemas como estamos viviendo son consecuencia de la situación actual. Y que por todo esto estamos yendo hacia mayores dificultades y que un día de éstos esto toma otro rumbo y sólo Dios sabe dónde iríamos a parar con este complicado lío de enredos parecidos a los que se vienen a mi cabeza en esta noche que se me está haciendo más larga, mientras mi marido de los mil demonios se dedica a una de sus tantas juergas nocturnas. Para esto es que una se pone de boba a enamorarse tan joven. Yo a mis hijas es mucho lo que las voy a aconsejar para que no vayan a meter la pata así, porque una para pasar de una mala situación a otra peor sí que debe sobrar tiempo. Eso sería estar una bien de malas sabiendo todos los partidos buenos que hoy día se le ofrecen a una joven bien educada. Se debe fijar una muy bien en todo lo hay que hacer para el momento de enmatrimoniarse. Pero cómo iba a saber mi mamá que todo esto iba a pasar, ni imaginarlo podía siquiera. Tendría que haber ella pasado por todo esto mismo, pero esto sería como pensar para atrás. Pero, Dios mío, ya va siendo demasiado tarde y quién sabe cómo andará Arturo. Lo que más me preocupa es algún accidente en ese carro. Pero no, él es muy cuidadoso y además me ha dicho y lo sé por propia experiencia que él cuando tiene algunos tragos en la cabeza es más seguro cuando está manejando aunque a veces se cae de lo puro bebido que se encuentra. Me acuerdo una vez que casi se pone a pelear cuando Luis le dijo que le soltara el carro y ahí fue la de Troya porque se armó de una furia de los mil demonios y fue como si lo hubieran ofendido en todo su amor propio. Ahí mismo fue como si no hubiera tomado nada porque cogió más decidido el carro y dijo que a él nadie tenía que darle órdenes. Y por más que le insistieron él no quiso dejar de manejar. Fue mucho lo que sufrimos todos ese día cuando vimos lo rápido que manejaba para demostrarnos que lo hacía muy bien y convencernos a todos de que efectivamente no debíamos tener ningún problema porque él aunque estuviera así de borracho no tendría ningún contratiempo con el carro ya que lo conocía al derecho y al revés. Casi ya no me acuerdo de lo que ocurrió aquel día. Todos los momentos cuando uno está de buenas no se repiten. Son tantos los casos de accidentes cuando se ha tomado en exceso y se confían muchísimo sin tener en cuenta todo lo que arriesgan. Pero espero que Arturo sepa controlarse. Pero sin saber siquiera con quién estará lo dudo mucho. Quién sabe qué persona estará a su lado incitándolo a hacer lo que no se debe hacer, sin tener en cuenta que una pobre esposa permanece en vela mientras regresa. Es como si lo viera por todos lados por donde él acostumbra pasar cuando de noche viene para la casa. Pero hasta que no regrese no estaré tranquila. Es como si estuviera aquí en esta pieza que ya se me convierte en una gran cueva donde me tuvieran encerrada completamente sola y con los sufrimientos más inimaginables. No, no quiero seguir pensado en todo esto que está ya taladrándome todo mi interior. Pero, ¿qué oigo y a estas horas? ¿El teléfono? Ay, Virgen santa, ¿quién será? Tal vez Gloria recordándome alguna vuelta importante que tendríamos que hacer mañana. Pero cómo suena de duro este teléfono. Me duele esta cabeza volteando como estoy así en la cama. Me parezco a la niña de Gloria cuando se pone a jugar y a dar vueltas sin importarle el edredón y yo que me muero de la impaciencia. En fin, ya tengo el teléfono en la mano, pueda ser que no sea nada grave porque a estas horas una siempre se imagina las peores cosas... Pero, Dios mío, ¿cómo fue eso?... Mi Arturo muerto, imposible. Esto tiene que ser un sueño. Oh, ¿qué voy hacer ahora? ¡Y para colmo de males me dijeron que tenía que ir inmediatamente para efectuar la correspondiente identificación!”.