Noticias
Retoman proyecto de Camilo José Cela sobre sabiduría popular de España
¡Comparte este contenido! Compartir en Facebook Compartir en X Compartir en WhatsApp Enviar por correo

Gaspar Sánchez Salas, quien fuera secretario personal del escritor español Camilo José Cela (1916, 2002), ha decidido continuar la pasión del Nobel de Literatura 1989 por recabar la sabiduría popular de pueblos y regiones de España con la publicación del Diccionario geográfico popular de Madrid.

El libro, publicado por Ediciones La Librería, fue presentado el pasado 4 de marzo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, con Camilo José Cela Conde, hijo del Nobel y autor del prólogo, ejerciendo como padrino. Para él este libro supone continuar con el “fervor científico” de su padre de intentar recoger la sabiduría popular en sus diversas manifestaciones (chascarrillos, refranes, gentilicios o mote colectivo) y resucitar un “proyecto truncado” que se inició con la publicación del Diccionario geográfico popular de España en 1998.

Locuciones populares que se refieren a la capital de España como “El foro” o frases como “la capital del Reino”, que suple al topónimo “Madrid” en lo que Camilo José Cela denominó técnicamente seudotopónimo, tienen cabida en esta obra, así como seudogentilicios como “gato” o “ballenato” para referirse al de “madrileño”.

Cela Conde explicó cómo su padre comenzó en los años setenta a recopilar los llamados “dictados tópicos” de cada pueblo gracias a las misivas que enviaban al escritor los carteros rurales de muchos pueblos de España.

Incluso el propio Cela Conde recorrió algunos de estos pueblos “a lomos de un Seat 600” mientras estudiaba ingeniería en la capital de España, por deseo expreso de su padre, para recoger en fichas la lexicografía más popular, preguntando “cómo llamaba la gente a los del pueblo y, sobre todo, qué nombre le daban a los de los pueblos vecinos, detalle siempre mucho más jugoso”.

“Es muy importante no perder parte de este bagaje cultural español”, advirtió. Agregó que su padre era muy dado a tener “raptos de actividad ajena”, es decir, “inventaba algo que luego significaba mucho trabajo para otros”.

Así, para emprender el proyecto del Diccionario geográfico popular de España embarcó a todos los carteros rurales del país. Cela les escribió para pedirles que le enviaran información sobre los gentilicios, motes y chascarrillos que se decían en sus respectivos pueblos, y el resultado fueron “30.000 o 40.000 fichas” y una distinción: lo nombraron “cartero honorario”.

En palabras de Cela Conde, Gaspar Sánchez Salas ha “recogido la antorcha” que dejó el autor de La familia de Pascual Duarte, aunque espera que la universidad o alguna institución apoye este trabajo “ímprobo” que inició su padre y que es “desconocido” para la mayoría del público y que en el futuro se publiquen otros volúmenes.

Por su parte, Gaspar Sánchez Salas indicó que su pretensión es “seguir investigando la obra del Nobel” tal y como le sugirió el propio Camilo José Cela y continuar “creando escuela en la dictadología tópica” y “dar a conocer esta rama prácticamente desconocida dentro de la obra del Nobel”, alegó el autor.

En este sentido, explicó que la dictadología tópica, de la que se nutre este diccionario, “es una disciplina que conjuga la literatura popular con la geografía” o “los nombres que da el hablante al conocimiento que se trasmite”.

Sánchez Salas empezó a trabajar en esta disciplina en los años 90 cuando entró a trabajar como secretario del Nobel y una de sus primeras tareas fue ordenar y archivar las miles de fichas recopiladas por Cela durante años.

Los dictados tópicos han trascendido a veces las fronteras geográficas en que fueron creados, como es el caso “De Madrid al cielo” que se emplea para señalar que si se quiere triunfar es necesario estar en Madrid, explica Gaspar Sánchez Salas en el prólogo.

Los 179 municipios de la actual Comunidad de Madrid tienen un lugar en este diccionario, colocados por orden alfabético y donde se incluye el origen de sus nombres, el gentilicio que distingue a sus habitantes o refranes como “a burlarse de la diosa Cibeles” o “a burlarse de la mona del Retiro”, dichos a la persona que trata de molestar a otra con bromas enojosas.

Al madrileño también se le denominó “ballenato” ya que se dice que en una avenida arrastró el Manzanares varias cubas de un ventero de la ribera que gritaba “¡Una va llena!, ¡una va llena!” y muchos salieron a su encuentro con picas y chuzos, de donde quedó el apodo de ballenatos a los madrileños, según cita que recoge esta obra.

“De Madrid al cielo, y en el cielo un agujerito para verlo” fue una frase muy popular en tiempos de Carlos III ante las bellezas de la capital y las mejoras introducidas en la Villa y Corte.

Algunas de las fichas que comprenden el proyecto original están en la Fundación Camilo José Cela, cuya presidenta es Marina Castaño. Pero tras sus declaraciones, en la prensa, señalando que no tenía sentido continuar la labor iniciada por Cela en el campo de la lexicografía popular, Gaspar Sánchez Salas entendió que las puertas de esta fundación estaban “cerradas” para él.

Preguntado por el deterioro de la imagen de la fundación, sus escasas actividades y el descenso del número de visitantes en sus salas, Cela Conde indicó que todos los proyectos nacen con “euforia” y luego atraviesan “dificultades”. “Pero sabe usted la cantidad de gente que atraviesa dificultades en estos momentos”, preguntó.

No obstante, señaló que en diciembre se puso en marcha en Mallorca la Fundación Charo y Camilo José Cela, que pretende reunir la memoria de ambos durante el tiempo que vivieron en la isla. Asimismo, esta fundación, que cuenta con la ayuda del Gobierno de las Islas Baleares, Cort y la Universidad de las Islas Baleares (UIB) y que fue creada con motivo del 20º aniversario de la entrega del Nobel al escritor, pretende construir un museo dedicado a la figura del autor gallego. “Por eso no me parece elegante hablar de otras fundaciones. Pero lo más natural es que se coordinaran las actividades de ambas”, aclaró.

Preguntado por el curso de la sentencia que ha condenado a una de las sociedades de Marina Castaño (viuda del escritor Camilo José Cela) y a la fundación gallega que gestiona a resarcirle económicamente, Cela Conde respondió que no había venido a hablar de “problemas legales” y dijo ampararse “en el silencio”.

En este sentido y cuestionado por la imagen que puede trasladar la Fundación Camilo José Cela, el hijo del Nobel señaló que todavía se produce un “registro demasiado próximo y sensible” pero espera que dentro de un siglo su padre sea recordado como un “escritor y un vagabundo”.

Fuentes: EFEEuropa Press