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Reclusos de Murcia evocan la obra de Miguel Hernández
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Salpicada por poemas como “Me llamo barro”, “Vientos del pueblo”, “Elegía” o “Nanas de la cebolla”, un grupo de internos de la prisión de Murcia repasó este 27 de marzo la vida de Hernández, desde sus años de pastor en la cercana localidad levantina de Orihuela, hasta su enfermedad de tuberculosis y su muerte en presidio, recordando también sus influencias literarias, el amor que profesaba a su familia y la fuerza con la que luchó por la libertad.

Frente a la imagen proyectada de Miguel Hernández, la voz de Diego Herrera, uno de los internos más implicados en la escuela taller, guió este recorrido por la vida y obra del escritor en el que los presos han desafiado la vergüenza, el pánico escénico y, en algunos casos, las barreras del lenguaje para homenajear al poeta en el centenario de su nacimiento.

Un centenar de presos y personal de la cárcel presenció el recital, en el que también participó el octogenario actor Ramón Centenero, nacido en Archena pero muy vinculado a Orihuela y a la familia del poeta. Para el recital se escogió obras como El rayo que no cesa o Perito en lunas, que los internos han estudiado durante meses y con las que, además de descubrir al autor, han conocido la España rural de principios de siglo, la dureza de la guerra civil española y la miseria de los años posteriores.

Antiguo profesor de arte dramático, Centenero se ha identificado con la pobreza de la infancia del poeta y ha relatado las dificultades que se vivían a principios del siglo XX en el entorno rural.

El jefe de servicios de la prisión de Murcia y organizador de esta actividad, Antonio Jávega, se mostraba emocionado por la dedicación con la que los internos participaron en todos los actos, y vinculó este entusiasmo a la figura de Miguel Hernández, pues, para él, el poeta “fue una persona que estuvo presa y que luchó por la libertad. Y eso, dentro de la cárcel, va más allá de lo simbólico, es un significado de vida, de esperanza”.

En cuanto al trabajo del grupo de lectura, Jávega ha manifestado: “No veo cómo recitan los poemas los internos, veo los paseos que han tenido que dar en la celda, cuando llega la noche, para memorizarlos, y eso es lo grande”.

La pasión por la literatura que los profesores inculcaron a estos alumnos trascendió el homenaje al poeta y dio lugar a Canciones de amores y demonios en la cárcel de Sangonera, un poemario escrito por el interno Diego Herrera en el centro penitenciario, ubicado en esta pedanía murciana. Según relata el propio autor, al “caer preso” hace cuatro meses sintió la necesidad de escribir para “aliviar la pena”.

Esta inquietud se vio alentada por el trabajo de los profesores de la escuela, que le descubrieron a autores como Miguel Hernández y Federico García Lorca, y le dieron las pautas para plasmar estos sentimientos y convertirlos en los poemas que conforman el libro.

Fuente: EFE