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El Caribea y los fantasmas de Puerto Quequén

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Leyenda conocida por los lugareños. Empezó el día de los santos inocentes, el 28 de diciembre de 1978, cuando asomó por la boca del río Quequén un enorme barco pesquero. Algo inusual pues un presunto navegante había solicitado su ingreso al puerto sin práctico, quien normalmente conduce la entrada de los barcos a los distintos muelles. Los hombres de la Prefectura al ver su desplazamiento sin nadie a bordo al mando del timón pensaron en una nave fantasma.

El nombre de la nave figuraba en las dos bandas y una de las chimeneas. Y, para sorpresa de los prefectos, cuando atracó el barco se les presentó el sueco León Noren, quien dijo ser el capitán, aunque jamás presentó documentos probatorios. No se pudo establecer el origen y destino de la nave.

Se pudo saber que dicha nave contaba con cinco tripulantes. Según entendidos difícilmente un barco de semejante porte se pudiera manejar con menos de quince hombres. También se averiguó que el “Caribea” había estado amarrado en Recife, donde su tripulación se largó a tierra y desapareció.

Noren contrató cuatro tripulantes en Recife y en Montevideo realizó gestiones ante la Embajada de Gran Bretaña para adoptar la bandera de Caimán, protectorado inglés. No pudo culminar con éxito la tarea y el puerto de Montevideo le exigió pagar la estadía. Al no poder cumplimentar se largó al mar.

Demasiadas intrigas envolvieron a esta nave: se mencionaban problemas y escaramuzas con drogas, armas y corsarios, abordajes, saqueos y hasta crímenes cometidos en alta mar.

La redacción del diario local resaltó la imposibilidad de encontrar un responsable del barco, ya que no tenía país, ni bandera, ni dueños, ni tripulantes. Sus escasos tripulantes reclamaron salarios caídos ante las autoridades del puerto, y al no encontrar eco, y obligados por la necesidad de sobrevivir, se fueron alejando en busca de mejores aires...

Así pasó a convertirse en la leyenda del buque fantasma. Se hablaba de piratas modernos, de misteriosas incursiones nocturnas en la cubierta; más de un prefecto creyó ver fantasmas durante su guardia.

La gente que visitaba la reserva de lobos marinos escudriñaba la imponente silueta que permanecía amarrada, a la espera del desguace.

En mayo de 1980, la danza que trajeron las turbulentas aguas del río Quequén lo arrancó de su amarre y salió perfectamente del puerto rumbo al mar, pasando entre las escolleras, como si un experto piloto lo estuviese timoneando, aunque realmente no había un solo tripulante. Muchos creyeron verlo tomar rumbo a alta mar, retornando a sus andanzas, comandado por infatigables y fantasmagóricos marinos.

Ahí la nave desistió volver al mar y giró hacia la playa. Suavemente encalló frente a lo que era la Posada de la Bahía de los Vientos.

Ahí descansaba el barco “fantasma”. Al caminar por la playa hoy día se ven restos del enterrado en la arena... Hubo testimonios de varias personas, entre ellos miembros de Prefectura, que cuando el “Caribea” soltó amarras aquella fría noche de mayo, habían visto dos sospechosas sombras de forma humana. Una en tierra soltó las amarras saltando rápidamente al barco y junto con otra sombra más se perdieron en el puente de mando. Otros espectadores que estaban en la Bahía de los Vientos dicen haber visto esas sombras en el puente de mando y luego lanzarse al mar y desaparecer...

Aún se sigue hablando en Quequén del “Caribea” y los fantasmas...