“Nunca fue tan claro el amor
como cuando Hans Christian Andersen
amó a Jenny Lind,
el Ruiseñor de Suecia”.
(“Balada de Hans y Jenny”, Aquiles Nazoa).
Lugar: Dinamarca
Escenario: El Tivoli. Copenhagen
Época: siglo XX
Y erase una vez en Dinamarca...
Y dijo el rey de los gnomos
A los demás congregados,
Hay que raptar a Michelle
Para ponerla en el trono.
En las cuevas bajo el Tívoli
La fiesta ya comenzaba,
Bebían snap con cerveza
Que en barriles calentaban.
Las gaitas y las trompetas
De los duendes se escuchaban
Y contentos los enanos
A bailar se levantaban.
Arriba radiantes luces
De Copenhagen brillaban
La sirenita del puerto
También estaba invitada.
Sólo faltaba Hans Christian
Que en su casa se bañaba
Para asistir al sarao
Que el rey gnomo preparaba.
Por el camino de Aarhus
Venía la bruja malvada,
En su corcel de pajilla
Montaba su escoba alada:
Dos ojos, dos llamaradas
En la boca un solo diente
En la mano una manzana
Que como todos recuerdan
La tenía envenenada.
Venía luego Blanca Nieves
De sus enanos rodeada
Con un cantar contagioso,
Su blanca blusa ajustada
Iba contenta al jolgorio
A ver lo que pasaba.
Ya desde Skyve asomaba
Un polvero que asustaba
La calabaza dorada
Con ratones por caballos
Que el hada los transformaba,
El postillón de librea
El látigo propinaba
Era la cenicienta
Que en su carroza llegaba.
De la corte de palacio
Sale temblando la reina
Fúrica y agitada,
Con príncipes, mariscales,
Con soldaditos de plomo
Y de leche condensada,
Cañones de chocolate
Y caballitos de nuez moscada.
Entonces era que el reino
En mucho peligro estaba
Pues los duendes muy traviesos
A Michelle la coronaban.
En el castillo paterno
El mismo Hamlet dudaba,
Y su duda verdadera
No era el ir o no ir
Sino qué ropa ponerse
Para poder asistir
A la fiesta de Michelle
Que en el Tívoli se daba.
En su caballo montado
El príncipe se aprestaba
Lujosamente trajeado
A cabalgar la comarca
Diciendo a todos al paso:
Llevo a Michelle la corona
Que ya el pueblo le ha otorgado.
Y la gente recelosa
Que al pasar lo contemplaba
No dudaban al hablar
Y entre ellos comentaban
De verdad que huele mal
Huele mal en Dinamarca.
Si es la duda existencial
Del ser o del parecer
Su dilema resolvió
De una muy noble manera:
Tomó capa, espada y calavera
Y hacia Aalborg se largó.
De Suecia una comitiva
En el puerto ya distingo
Es una tropa bullera
Y aguardientosa,
Harta de gin y cerveza,
Es un tropel de vikingos
De amarilla cabellera.
Entre ellos custodiada
Viene una linda rosa
Que se ve lánguida y callada
Porque el temporal arrecia
Y la mar está picada.
Cruje la mesana
Y el remo que se volteaba
Hasta los peces se espantan
De aquella furia sin par
Mas de repente
Queda quieta y serenada,
Canta la niña angelical
Canta la novia de Hans
Canta Jenny Lind
El Ruiseñor de Suecia.
Así a la hora puntual
Incluyendo a Gôsta Berling
De Noruega señorial
Acudieron a la cita
De los gnomos del lugar.
Sin faltar todos los niños
Que a Michelle querían mirar,
Los amigos y enemigos,
Los nobles y los villanos
Partidarios y adversarios
Seguidores y demás.
Pudieron ver a la reina
Inclinarse ante el altar
Para ofrecer la corona
A esta niña encantadora
De este cuento medieval.
Esta es la historia final
Que quedó para el arcano
Y los viejos en sus diarios
Le pondrán mucha atención
Pues, gracias a la ficción
El reino de Dinamarca
Se volvió republicano.