El poeta mexicano Gilberto Castellanos Tenorio (Ajalpan, Puebla, 1945) falleció el miércoles 7 de abril al mediodía en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores al Servicio de los Poderes del Estado de Puebla (ISSSTEP), a causa del problema renal que venía padeciendo desde hace un año y por el cual debía realizarse, cada tres días, una hemodiálisis para purificarse la sangre, proceso que le desgastaba y le causaba enormes fatigas, ocasionándole finalmente un infarto cerebral.
El poeta, quien fue velado y acompañado por familiares, amigos, periodistas y parte del gremio literario y artístico de Puebla, recibió el jueves 8 un homenaje con cuerpo presente en el Benemérito Instituto Normal del Estado, a cargo del gobernador del estado, Mario Marín Torres, y el secretario de Educación, Darío Carmona.
Días antes de la presentación de su último poemario, Omnívaga, el autor habló con la prensa mexicana de la enfermedad que sufría y del proceso de purificación al que era sometido para aminorar sus males, agregando que había que tomarlo “con humor y optimismo, porque es la única oportunidad que tengo de vivir”.
El poeta, quien meses antes había padecido un infarto en el cerebro que le llevó a perder gradualmente la vista, no paró de hacer poesía. Y desde su primer libro, Mirar el artificio (1982), confió que sobre géneros como la novela y el cuento, “la poesía siempre conservará su supremacía, su respiración íntima”.
Profesor normalista de profesión, dibujante, promotor cultural y a veces pintor, Castellanos fue autor de otras publicaciones, como Rama del ser, Semillas del barro, Arcángide, Caudal y Letranía, que vieron una edición compilatoria titulada Cómo podar la luz, realizada por la Secretaría de Cultura.
Para el escritor Enrique de Jesús Pimentel, Castellanos no sólo marcó la pauta para las generaciones venideras de poetas, sino entre sus contemporáneos. Pimentel describió la obra del escritor como “una verdadera poesía de la luz”, en la que había una real preocupación por la palabra, que a través de referencias e imágenes aportaban un mundo lleno de imaginación y belleza poética.
“Estoy profundamente consternado. Como amigo y lector suyo reconocí en Gilberto un poeta que dedicó toda su vida a escribir y a hacer poesía. Su fallecimiento, sin duda, es una pérdida para la vida cultural y literaria de Puebla”, evocó.
Por su parte, el artista plástico José Lazcarro distinguió de Castellanos su labor como pintor “disciplinado e inalcanzable”, aunque recordó que había conocido a Castellanos como poeta. “Nunca me imaginé que fuera un gran pintor. Una vez, a mi regreso de Ciudad de México, me recibió en su casa: los pisos de tres salones estaban repletos de dibujos hechos con tinta; fue realmente abrumador”.
Para Lazcarro los poblanos deberán hacerle justicia a la memoria y a la obra del poeta oriundo de Ajalpan, pues “no sólo la literatura de Puebla le deberá mucho, sino también la comunidad”. El artista rememoró el paso de Castellanos como director de la Casa de la Cultura, institución a la que durante 10 años llenó de actividades, y apuntó que pese a la carencia de recursos solía llevar las actividades locales a recorrer diversos estados de la nación azteca.
Cofundador en 1964, al lado de Jorge Altieri Hernández, del Coro Normalista, Castellanos compuso varias obras corales que forman parte del repertorio de la institución. Altieri recordó de Castellanos su pasión por la escritura y la música, ámbitos en donde dejó huella. “Exponente de la poblanidad y la mexicanidad, Gilberto tenía la característica principal que debía tener un artista: la sensibilidad”, expresó.
Por su parte, el secretario de Cultura, Alejandro Eliseo Montiel Bonilla, declaró que hace un par de semanas entregó de propia mano para su publicación sus dos últimos libros revisados: El árbol y el viento y Trama del día, que aparecerán en el transcurso de este año.
Castellanos participó, además, en programas de radio y televisión, con transmisiones como “Puebla en la Cultura” y el Festival Internacional de Puebla Musical. Fue becario por el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, escribió para revistas nacionales como Tierra Adentro, y aunque autoridades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (Buap) le prometieron el doctorado honoris causa, éste jamás se le otorgó.
Fuente: La Jornada de Oriente