Noticias
Juan Carlos Chirinos reedita novela en España
¡Comparte este contenido! Compartir en Facebook Compartir en X Compartir en WhatsApp Enviar por correo

La novela con la que Juan Carlos Chirinos fue en 2005 finalista del premio Rómulo Gallegos, El niño malo cuenta hasta cien y se retira, y en la que se mezclan amor, humor, crueldad y rendida admiración por los poetas venezolanos, será presentada este martes 20 en Fnac Callao, en Madrid.

Ya sólo el título es un homenaje a la poetisa Ana Enriqueta Terán (Valera, Lara, 1918), paisana de Chirinos (Valera, 1967), pero el texto, editado por Escalera y disponible también en formato digital, está trufado de guiños, como el dedicado a Eugenio Montejo, de quien hereda el nombre uno de sus protagonistas. “Espero que el libro tenga muchas capas de lectura y que cada una sea igual de rica”, declara el autor.

Entre poesía venezolana, relatos populares y leyendas yanomami y célticas, El niño malo... cuenta un momento de la vida de D.Jota, un impertinente “choro” caraqueño que emprende una huida hacia el exotismo del norte, saltándose la primera regla básica de la literatura: “Lo exótico está en el sur”. “Ser choro”, explica Chirinos, “es una manera de pensar, un modo de sobrevivir sin tener mucho en cuenta qué te llevas por delante, con un cierto grado de maldad y “mucha jeta”.

D.Jota vuela en un inexplicado viaje y aparece en El Pueblo, un lugar donde hace frío y que ya vivió la llegada de otro extranjero, negro y caribeño como él mismo, y de quien sólo quedan su nieta y algunos recuerdos atesorados por una extraña octogenaria, Derdriu, que pasa la vida bailando “porque, si se para, muere”, comenta Chirinos.

Pero la poesía que envuelve el recuerdo de aquél choca de frente con el despiadado sentido del humor y la brutalidad y obscenidad del incorrecto D.Jota, que arrasa cuanto queda a su paso, en un recital de maldad al que no puede sustraerse porque es “choro”.

En la novela, que es también un canto a Caracas, ningún personaje tiene un nombre al azar: así, Derdriu es el de una heroína de la mitología celta; Svevo, el contador de historias, se llama así por Italo Svevo, y hasta el perro, “Don Camilo”, le roba el nombre a Camilo José Cela, a quien el autor no guarda mucha simpatía.

“Le detesto porque vendió su pluma al dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez para escribir una novela (La Catira) que fuera respuesta a la maravillosa Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, presidente en 1948 de Venezuela y que Pérez Jiménez derrocó”, explica el escritor.

Chirinos, doctor en letras por la Universidad de Salamanca, reivindica la obra de los jóvenes autores venezolanos —muchos, desconocidos en España—, como Silda Cordoliani, Ednodio Quintero, Victoria de Stéfano, Israel Centeno o Juan Carlos Méndez Guédez.

Declara su admiración por los “clásicos” vivos José Balza, Francisco Massiani o Rafael Cadenas y, por supuesto, por el recién fallecido Eugenio Montejo, que autorizó “con su dulce y elegante amabilidad”, recuerda Chirinos, la utilización de sus versos en El niño malo...

Fuente: EFE