Letras
Ética del aire
Extractos

Comparte este contenido con tus amigos

quiero prisa, olvidos instantáneos,
necesito economías,
desahogar por la ventana la calina,
tirar todas las bolsas de basura,
incendiarme los quebrantos en la sala,
salvaguardias, canjes de fortuna,
un desalojo rápido, un pase de salida,
el cruce de miradas que resuma la orden
del disparo, un trueno que proclame el escampado,
el acallamiento inadvertido
de chicharras,
la demora en los asuntos plenos,
un recuerdo dibujándome la risa,
al menos
la compresa
para la afiebrada llaga,
una siesta,
acaso
algún abrazo quieto,
inmundo

 


 

quedarse es enterrarse
en la ilusión de una semilla en el asfalto,
germinar en la milagrosa hazaña del inválido
que cruzó por puro afán un río,
ya no sé cuál fruto sabe más al fruto,
si ése que probaste porque lo sembraste tú
o aquel otro espléndido que alguien te obsequió,
no sé lo perdurable, no sabré,
dejar es claudicar,
dejarse un tanto en la orilla,
cancelar facturas que nadie cobró,
pisar un suelo falso,
palparse las campánulas del yo más llano,
quizá sea ganarse un tanto,
hacerse una ventaja corta,
dejar tal vez sea partir
después de todo,
huir o ser,
no sé

 


 

cuida al corazón
de los desfiladeros,
de caer en el precario
goce de caer
en los desfiladeros,
cuida al corazón
profundo de caer
piedras abajo,
cuídalo
de los tropiezos,
déjalo
que caiga
sin remedio.

 


 

temo hacer de mí un huraño caso
un áspero contorno sin accesos, el resabio irrefutable,
la experimentada experiencia que ya a nadie oye,
no hago más que debatirme entre bendiciones y condenas,
le interrogo a los abismos cuán dulce es la caída,
me ufano al poseer alguna llave,
no quiero contar más los dedos de mis manos,
quiébrame cariño, címbrame,
hazte la certeza de este desconcierto,
bórrame este amago de soberbia plena

 


 

soy una renegada de mí, esto te lo digo bajito, como para que no oigas,
escribo lo subversivo a mis propias defensas, me mello cada vez y me aniquilo,
pero como sé que quedo dicha y siguen siendo acero las palabras,
ellas continúan tercas ahuecándome,
porque no hay cercados que sus propias fuerzas no derriben

 


 

el amor no es blanco,
probo se apresura a devorar sus pastos, reverencial impone
sus denuedos, cuando se sabe amor jerarca
de quien desprevenido mitigaba sus desdenes, fustigante
tiñe sus espejos, le colma de inasibles cargas
con el pretendido de hacerle tenue toda desventura,
bebemos su espesura, no sabía Iseo cuál materia
se vertía en sus adentros, cómo de calcárea zona, su morada
se transformaría en la vasija del deseo,
tampoco sabe a cieno.

 


 

el silencio
se quedó enramado
en la fronda del caobo,
medra entre los nidos,
se cubre con follaje,
yo le digo:
baja que peligro,
déjate girar
como las semillas leves,
pero en las alturas
la contemplación
es un deleite
y ahora está posado allá,
a salvo
de mi garra

 


 

pongo cada vez una carnada en el anzuelo
y lo lanzo al charco en el que sólo hay renacuajos,
luego espero con paciencia de piedra a que prendas,
pero siempre viene el día con su cielo rojo
y sus olores a fermento,
unas alimañas se han comido el cebo,
tengo el reluciente anzuelo apenas encajado,
ha debido ser cuando solté el sedal
o cuando mis bostezos terminaron en un sueño
donde tres mujeres con guadañas
sesgaban cada brote de mi aliento,
y tú los recogías y guardabas uno a uno,
adentro de ese cofre tan pequeño