Noticias
Pacheco al recibir el Cervantes: hay otra realidad llamada ficción
¡Comparte este contenido! Compartir en Facebook Compartir en X Compartir en WhatsApp Enviar por correo

José Emilio Pacheco dijo en su discurso, al recibir el Premio Cervantes, que Internet “es al mismo tiempo la cámara de los horrores y el Retablo de las Maravillas”. Recordó su primer contacto con la obra cumbre de Miguel de Cervantes y destacó cómo “en medio de la catástrofe” del mundo actual, siguen en pie “el misterio y la gloria del Quijote”. Lea el discurso íntegro en esta edición.

A sus 70 años, 50 de los cuales dedicado a la literatura y la creación, el polígrafo mexicano José Emilio Pacheco recibió el pasado 23 de abril el Premio Cervantes de las Letras 2009, con el que se convierte en un “clásico vivo”, en un autor esencial que intenta descifrar el presente.

Después de Octavio Paz, Carlos Fuentes y Sergio Pitol, ahora tocó a Pacheco el turno de llenar con su palabra el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH), en una sesión solemne en la que se consumó su paso a la posteridad. “Me gustaría que el premio Cervantes hubiera sido para Cervantes”.

Su obra está compuesta de 14 libros, 800 páginas y miles de manuscritos o esbozos de poemas destruidos; su relación con la literatura ha tenido varias vertientes; desde sus primeras incursiones en la veta fantástica y de piratas, cuando tenía seis años y ya garabateaba fábulas, hasta sus doctos ensayos literarios o poemas más proféticos.

Rodeado de académicos, escritores, de los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, y del presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, Pacheco subió al estrado, apartó con elegancia su inseparable bastón negro e inició un discurso rico en referencias literarias y de gran profundidad.

Pacheco recordó su primer contacto con la obra cumbre de Cervantes, El Quijote, cuando, con tan sólo ocho años, fue al Palacio de Bellas Artes con sus compañeros de escuela para escuchar una adaptación realizada y dirigida por Salvador Novo.

“La cortina se abre. De la oscuridad surge la venta que es un castillo para don Quijote. Quiere ser armado caballero a fin de que pueda ofrecer sus hazañas a la sin par Dulcinea del Toboso, la mujer más bella del mundo. Dos horas después termina la obra. Desciende de los aires Clavileño que en esta representación es un pegaso. Don Quijote y Sancho montan en él y se elevan aunque no desaparecen. El Caballero de la Triste Figura se despide: No he muerto ni moriré nunca... Mi brazo fuerte está y estará siempre dispuesto a defender a los débiles y a socorrer a los necesitados”.

Con esa visita escolar y la influencia involuntaria de Novo, Pacheco descubrió “que hay otra realidad llamada ficción. Me es revelado también que mi habla de todos los días, la lengua en que nací y constituye mi única riqueza, puede ser para quien sepa emplearla algo semejante a la música del espectáculo, los colores de la ropa y de las casas que iluminan el escenario. La historia del Quijote tiene el don de volar como aquel Clavileño. He entrado sin saberlo en lo que Carlos Fuentes define como el territorio de La Mancha. Ya nunca voy a abandonarlo”.

José Emilio Pacheco confesó además que en sus sucesivas lecturas de esa obra descubrió que “el Quijote no es cosa de risa. Me parece muy triste cuanto le sucede. Nadie puede sacarme de esta visión doliente”.

El poeta mexicano también dedicó unas palabras a Internet, que definió como una instancia que es “al mismo tiempo la cámara de los horrores y el Retablo de las Maravillas. No me dejará mentir la red si les digo que el 30 de noviembre de 2009, en una rueda de prensa en la Feria del Libro de Guadalajara, me preguntaron, con motivo del Premio Reina Sofía, si con él yo estaba en camino del Premio Cervantes. ‘Para nada’, contesté. ‘Lo veo muy lejano. Nunca lo voy a ganar’ ”.

Acompañado por su mujer, Cristina, y sus hijas Laura Emilia y Cecilia, Pacheco volvió después a lo que llamó “el plano de la realidad irreal o de la irrealidad real”, en el que los personajes del Quijote pueden ser al mismo tiempo sus lectores, y afirmó: “Me gustaría que el premio Cervantes hubiera sido para Cervantes. Cómo hubiera aliviado sus últimos años al recibirlo. Se sabe que el inmenso éxito de su libro en poco o nada remedió su penuria”.

Tras detallar cómo padeció Cervantes un orden injusto e impuesto, concluyó: “El Quijote es muchas cosas, pero es también la venganza contra todo lo que Cervantes sufrió hasta el último día de su existencia. Si recurrimos a las comparaciones con la historia que vivió y padeció Cervantes, diremos que primero tuvo su derrota de la Armada Invencible y después, extracronológicamente, su gran victoria de Lepanto: El Quijote es la más alta ocasión que han visto los siglos de la lengua española”.

Finalmente, volvió a esa realidad diaria, a ese “pan cotidiano” de la violencia extrema que padece México. “Nada de lo que ocurre en este cruel 2010 —de los terremotos a la nube de ceniza, de la miseria creciente a la inusitada violencia que devasta a países como México— era previsible para comenzar el año. Toda cambia día a día, todo se corrompe, todo se destruye. Sin embargo, en medio de la catástrofe, al centro del horror que nos cerca por todas partes, siguen en pie, y hoy como nunca son capaces de darnos respuestas, el misterio y la gloria del Quijote”.

El discurso de JEP recibió la respuesta de la ministra de Cultura española, Ángeles González-Sinde, quien señaló: “Pacheco escribe sabiendo que vendrá la marea, y con ella, la desintegración en el tiempo, la desmemoria”.

El rey Juan Carlos, por su parte, destacó la “bondad” y la “modestia” de Pacheco, cuya obra rezuma “una humanidad y un compromiso fraterno” que “le han llevado siempre a estar cerca de los que sufren”. El monarca recordó, en su discurso, un poema escrito por el galardonado tras el terremoto que asoló su país en 1985, para expresar el “hondo dolor” causado por los recientes seísmos sufridos por “el querido Haití” y “en esa patria hermana y literaria que es Chile”.

Al felicitar en su intervención a Pacheco por el máximo galardón de las letras hispanas, el rey destacó que el autor premiado “continúa la estirpe de extraordinarios literatos mexicanos que ya han sido distinguidos” con el Cervantes: Octavio Paz, Carlos Fuentes y Sergio Pitol.

“Quiero expresar también nuestro agradecimiento a México, esa gran nación hermana que no ha dejado nunca de proporcionar a la cultura iberoamericana, y a la literatura en español, los más excelsos exponentes”, añadió el rey Juan Carlos, quien resaltó que, en su “extenso recorrido creativo”, en el que ha transitado por “muy diversos” estilos y géneros literarios, Pacheco “ha viajado a través de la riqueza y los matices del español”.

“Desde lo conversacional hasta la alegoría, desde el monólogo dramático a la voz del cronista, desde el guiño irónico hasta la hondura de un compromiso ético, ejemplar y necesario”, resaltó.

Don Juan Carlos aseguró que esta diversidad creativa, que comparó a la de Miguel de Cervantes, “ha estado siempre teñida de un profundo sentimiento de cercanía humana”, y resaltó la aportación de Pacheco a la poesía —el género más explorado en su obra y que le valió el año pasado el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana—, a la que ha incorporado “numerosos elementos del lenguaje oral, esculpidos literariamente con admirable sencillez y maestría”.

“Es la suya una poesía entendida casi como un ‘producto social’, de todos y para todos, que se eleva por encima de las voces individuales”, afirmó.

El discurso poético de Pacheco, agregó, está elaborado “con una cadencia serena que recorre el tiempo histórico” del autor, “lo anticipa y, al mismo tiempo, es crónica de su propio recorrido vital”.

“Se ha dicho que Pacheco nos adentra en un mundo poético marcado por la conciencia de lo efímero, y en una narrativa que modula y sopesa de tal modo que nada aparece ni parco ni desmedido”, prosiguió, añadiendo a estos “indudables logros literarios” otros “méritos y cualidades”.

“En el plano intelectual ha reflexionado e investigado rigurosamente sobre la formación de la cultura y la literatura mexicanas; y sobre su presencia en el mundo”, dijo el rey del galardonado, que “ha sido también un gran lector, de espíritu curioso y sentido crítico, siempre abierto al vasto universo de la cultura”.

Además, Pacheco ha desarrollado una “precisa” y “generosa” labor de investigación y divulgación de otros creadores, que “merece igualmente reconocimiento y gratitud”, agregó.

Don Juan Carlos hizo referencia al poema de Pacheco “Las ruinas de México” para expresar seguidamente el “hondo dolor” provocado por los recientes seísmos ocurridos en tierras americanas.

A continuación recordó que el terremoto sufrido por Chile a finales de febrero impidió la celebración del V Congreso de la Lengua Española, “instrumento y soporte de la literatura que hoy ensalzamos en la obra de Pacheco”, que debía haberse desarrollado en la ciudad de Valparaíso del 2 al 5 de marzo.

“En palabras del premiado, el español es también la lengua que ‘lava en el poema las heridas del ser, las manchas del desamparo y del fracaso’ ”, citó.

El rey quiso expresar a Pacheco su agradecimiento y el de la reina “por su gran obra y por su vida de entrega a la literatura”, “por haber revelado de forma singular la intensidad poética” del español y “por habernos hecho cómplices de una obra que ocupa un lugar destacado en la cultura literaria hispánica”.

Fuentes: DPAEFELa Jornada