Percusión, publicada por primera vez en 1982 y considerada la obra cumbre del escritor venezolano José Balza, Premio Nacional de Literatura 1991, ha sido reeditada por el sello Paréntesis y presentada este 28 de abril en la Casa de América, en Madrid, con la presencia de los escritores españoles Ernesto Pérez Zúñiga y Toni Montesinos (prologuista del libro), así como Antonio Rivero, director de la editorial.
“Con la imitación de las vidas no iba a conseguir nada; las vidas ya estaban hechas, y en la literatura, también. Creo que hay muy pocas variantes en la existencia humana, varían los matices: muere un niño, muere un hermano, pero es la misma muerte. Decidí que mi variación sería la forma, y en cada libro me reté a lograr una forma única”, explicó el autor.
Nacido en el Delta del Orinoco en 1939, Balza, quien cuenta con más de cincuenta obras entre ensayos, cuentos y novelas, es prácticamente un desconocido en España, pese a que algunos de sus libros han sido editados en ese país, como los libros de cuentos Un Orinoco fantasma (2000), La mujer de la roca (2001) y Caligrafías (2004), e incluso la primera edición de esta novela, Percusión, publicada en 1982 en Barcelona.
“En verdad lo que quise con esa ejercitación era tocar una verdad, cada narración buscaba una verdad, y no sé si pude lograr alguna vez esas verdades o eran transitorias. Tal vez me ha servido la ejercitación para vislumbrar verdades”, indicó Balza.
Considerado “de culto” por lectores de todo el mundo de habla hispana, Percusión es un relato poético del mundo interior de un anciano que narra, a través de personas que marcaron su vida, el paso del tiempo y un mágico reencuentro del joven que fue con el viejo que es.
Obsesionado por la forma en la que se escribe un libro, no llama a sus novelas, o cuentos, con esos nombres, sino que los denomina “ejercicios narrativos” —robándole el nombre a un texto del también venezolano Guillermo Meneses—, una expresión que le permite zafarse de las limitaciones genéricas. Dice que no tiene imaginación, que escribe sobre las cosas que ve y de las que toma nota, pero crea situaciones y mundos “que luego trae la realidad”, dice entre sonrisas.
Le pasó con el sida (su amigo Reinaldo Arenas fue quien le desveló que existía la enfermedad sexual que mata a una de las protagonistas de Percusión, Janneke, casi diez años antes de saber su existencia); con la ciudad en que se convierte Caranat (Caracas); o con la guerra que “devora lo concreto” y destruye imaginación y la sensibilidad, y “en la que aún estamos metidos”, se lamenta.
Ha dictado cursos, seminarios y conferencias en universidades de México, Buenos Aires, Salamanca, Viena, Nueva York, y la Sorbona, en París. Y ese Balza académico es el mismo que conoció la luz eléctrica a los once años, ya que vivía en una zona casi salvaje, el Delta del Orinoco —curvas que también han sido reproducidas en la estructura de una de sus novelas, titulada simplemente D.
“Empecé (muy temprano) a imitar: yo era un salvaje, mis hermanos y yo éramos como animales, así que poder leer me permitió diferenciarme: era como si yo estuviera destinado a ser árbol y la posibilidad de leer ya no me dejara ser árbol”, explica el escritor, que reconoce a Kafka como su escritor predilecto.
Otras novelas suyas son Marzo anterior (1968); D (1982), Medianoche en video: 1/5 (1995), Después Caracas y la última, Un hombre de aceite (2008) sobre la situación política actual de Venezuela. “Es terrible”, opina, “estamos en manos de un gobierno estéril, y al ser estéril el gobierno, el país se queda en nada”.
Fuente: EFE