María Kodama inauguró este 28 de abril en Tokio (Japón) la exposición “El Atlas de Borges”, una selección de 130 fotografías de su colección personal que ofrecen una visión íntima del escritor argentino en sus viajes por el mundo, entre ellos a Japón.
La viuda del escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) rememoró en Tokio las experiencias que el insigne literato vivió en sus dos viajes a Japón a través de fotografías y textos que se exponen hasta junio en el Instituto Cervantes de Tokio.
Las instantáneas forman parte de la exposición “El Atlas de Borges”, una selección de las fotografías privadas de María Kodama que llevan el título homónimo de una obra de Borges, ambas nacidas de las vivencias de la pareja a través de sus viajes, entre los que Japón dejó en ambos un fuerte recuerdo.
“Desde Buenos Aires se preguntaba cómo sería el Japón que había conocido en los libros”, rememoró Kodama ante el público que asistió a su conferencia, en la que repasó las anécdotas que vivió con el escritor en ciudades como Estambul, Londres, Ginebra o Izumo, al sur de Japón.
Kodama acompañó al escritor en sus dos viajes a Japón, en 1979 y 1984, en los que Borges se interesó por los jardines, los templos y las representaciones de arte tradicional japonés, que recorrió a través del sonido y el tacto debido a su ceguera.
La admiración de Borges por Japón comenzó con los cuentos sobre ese país que le leía su abuela, continuó con clásicos de la literatura nipona como el Genji Monogatari y desembocó en dos viajes en los que pudo conocer la espiritualidad y amor por la estética de la cultura nipona, dijo Kodama.
“Un día asistimos a la ceremonia del té y se aproximó con timidez y vacilación, aunque poco a poco comenzó a palpar la forma de la taza, a sentir el silencio. Más tarde dijo que descubrió cómo en Japón el rito no se siente como algo lejano, sino que es algo natural”, recordó Kodama.
Además, destacó la admiración especial de Borges por la espiritualidad, la estética y la corrección en la cultura de Japón, país que el genial escritor argentino y Premio Cervantes en 1980 describe en “Atlas” como un lugar de “muchedumbre en voz baja” y al que dedicó una colección de haikús.
“Borges daba mucha importancia a la literatura de cada país a la hora de valorarlo y consideraba a Japón e Islandia países extraordinarios con una literatura extraordinaria”, destacó Kodama, que añadió que apreció mucho la literatura de Yukio Mishima o Junichiro Tanizaki.
Kodama explicó que el autor de obras como El Aleph buscó en sus viajes por el mundo el sentido universal de sus obras y lo hizo con una gran sensibilidad por el arte y una memoria privilegiada, que se ayudó en las descripciones que ella le hacía de los lugares que visitaban como la isla griega de Creta o el desierto.
La viuda de Borges, hija de un arquitecto japonés que se afincó en Buenos Aires, recordó también un encuentro en el Museo del Prado, en Madrid (España), con el también argentino Julio Cortázar, en que el autor de Rayuela le agradeció haber publicado por primera vez uno de sus cuentos, “Casa tomada”, en 1951.
“Cortázar le agradeció con un abrazo lo que hizo por él años antes. Borges le dijo que le daría una respuesta sobre su texto en una semana, pero ya al día siguiente le llamó porque le encantó y nunca le negó su valor literario pese a sus diferencias políticas”, indicó.
Kodama acompañó a Borges desde mediados de los años 70 por todo el mundo, trabajó con él en traducciones, entre ellas de la obra japonesa El libro de la almohada, de Sei Shonagon, y convivió como su esposa sus últimos meses de vida hasta su muerte en Ginebra.
Como abrebocas a la exposición, el Instituto Cervantes realizó el “Taller Borges”, orientado al público japonés. La actividad, celebrada en la Biblioteca Federico García Lorca del Cervantes de Tokio, estuvo a cargo del hispanista Akifumi Uchida, quien habló en la primera sesión, realizada el 7 de abril, sobre la vida de Borges y las características de su obra, además de leer algunos textos del autor. El 28 de abril se realizó la segunda sesión con la presencia de María Kodama.
Fuentes: EFE • Instituto Cervantes de Tokio