Hermano...
Oye, hermano, no tardes en salir. Bueno...
Puede inquietarse mamá.
César Vallejo
Voy a hablarte del barrio
Y de aquella casa alegre que un día dejamos
La calle donde crecimos
Cambió su rostro de barro y piedras por la rudeza viril del pavimento
El níspero sigue caprichoso dando sus frutos
Y la semilla que dejaste sembrada ya germinó y te dará frutos
Alguno llevará tu nombre
No habrá quejas ni gritos que turben ese pequeño universo
Papá y mamá ya no alzan la voz ni a la hora de los regaños
En la sala siguen de pie los muebles y los recuerdos
Todo ha envejecido, los retratos, el escaparate y las tardes
Los dormitorios expiden un raro tufo a soledad
Y los pisos reflejan huellas de pasos imaginarios
Las tejas tienen desordenados ojos que el tiempo le ha regalado
Y por ellos pueden verse pedacitos de cielo
Por donde el sol entra dibujando inconmovibles figuras
Ya nadie pelea el caldero del cucayo a la hora del almuerzo
El comedor sigue en el mismo lugar, sitiado de sillas arcaicas
Los jardines del patio son montón de rastrojos
Que no sé quién llevó hasta allí sus semillas
Y no tengo a quién culpar de todo lo que pasa
Porque hasta los perros se fueron de la casa.
A Papa Nacho
¡Qué lástima que yo no tenga comarca, patria chica o tierra provincial!
León Felipe Camino
Mi abuelo tenía los ojos como la noche
Era una mixtura única de indio y acero indomable
Era un hombre de la gleba con guaireña y sombrero
Y la cabeza llena de montañas, ríos y reminiscencias
Saliente en las cejas espesas y pelo como el carbón
La piel arraigada como la espesura de un algarrobillo
Era también un labrador de ilusiones en luna llena
Sembraba la vid con las primeras garúas de las cabañuelas
Forjaba vasos aserrando las botellas con un cáñamo
Hoy sólo recuerdo su cuerpo erguido como un guayacán
Tuvo un machete y una piedra de amolar ambarina
Pasaba todas las mañanas las mismas aguas del Ranchería
Nunca tuvo un pedazo de tierra para colonizar
Pero cultivó en la huerta de su imperio un mundo de ilusiones
Se bañaba a totumazo limpio en la acequia de los Cobos
Se calmaba la sed con el agua fresca de un calabazo
Y amarraba mis cometas a las nubes con las brisas de diciembre
No tuvo caballo para encabestrar en los higuitos de la plaza
Pero cabalgó como Belerofonte sobre el lomo de Pegaso
Para matar la quimera que le dejó la partida de su único amor
Amelia, quien le alegraba en vida el silencio desleído de las tardes
Cada día avivaba el sol y despuntaba la luna
Era más inquieto que golondrina de iglesia
Despertaba las mañanas bregando hacer el café con jengibre
Fue un hombre extraño, nunca se quejó de sus achaques
Tenía el mismo brillo de un relámpago en la noche
Cada tarde vestía pantalón caqui y camisa blanca almidonada
Mi abuelo terminó su obra con sus días exiguos y sin suerte
Y en el albor de la tarde perdió la batalla lejos de su terruño
¡Mi abuelo era como un caracolí a orillas de un río crecido!
Chacales
“No envainaré jamás la espada mientras la libertad
de mi patria no esté completamente asegurada”.
Simón Bolívar
Los chacales rondan
Son seres espantosos carentes de pureza
Incapaces de dar amor e indomesticables
La peor de las desgracias es caer al estómago de un roñoso chacal
Son daltónicos
Perversos que destruyen promesas y sueños
Su olor es inmundo nadie los soporta
Conozco chacales politiqueros y literarios
Que amargan la existencia de los intelectuales
Se encuentran en muchas patrias perforando la noche
En Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador, Colombia, Chile y Cuba
Hay chacales de muchas cabezas
Que prolongan el grito de libertad en América Latina
En desgarradoras notas y rugen cuando tienen la presa entre sus garras
Te envenenan la lengua
Viven de las riquezas que dan nuestros pueblos
Y son amamantados por la CIA
Cazan en manadas con su corte de traidores
Y esconden la maldad en un bello ramo de flores
Su pluma es una bayoneta mojada en sangre
De dramático acento y caminar jíbaro
Vuelan por el mundo en las alas del viento tejiendo miseria.
Mi tierra...
Las Mingas abriendo camino por sus derechos.
Amor en estos tiempos con vientos de guerra
De mañanas sin sentir el trajinar de los azadones
Con crepúsculos de miedos en el surco
Y tu piel destiñendo la esperanza
Quiero que sepas que un día no lejano volverán las caricias
Las siembras matizarán tus paisajes y el río de sudor
Volverá a correr por mis sienes bañando tus senos
Se cerrarán tus grietas de verano y en tus cumbres
Se respirará a hierba fresca con olor a primavera
Amor, claro que volveré siempre se regresa
Como el ave furtiva después de un largo vuelo
Porque se extrañan los atardeceres
Las cabañuelas con su aroma a tierra mojada
Las garúas sobre el techo del rancho
Y otras señas que dan nostalgia
Amor, no importan los desalojos forzados ni sus muertos
Volveré con complacencia como un romántico inexorable
Porque nos das el aire, el pan, la dicha y la claridad del sol
Para mirar más allá del horizonte
Y cuando me procures correré hacia ti porque eres amor en una sola vida
Frente al grito de esperanza más profundo. ¡Mi tierra..!
Yo
Ahora sí he sentido lo que antes no sabía definir:
Miedo y lo estoy sintiendo con una intensidad agobiadora, corrosiva, tal vez.
Isaac Lamprea Yépes: Ratas urbanas
Si pienso, luego existo afirmó René Descartes
Yo, en cambio, existo en los recuerdos sin dueños
En el tiempo anclado de mis emociones
En cada verso de la poesía andariega
En los grafitis plasmados en los muros de la ignominia
Y en el espíritu errante de la nostalgia
Soy el grito adormecido de la pena en el filo del dolor
El sol que emigra bajo las primeras sombras de la tarde
El que escribe una canción en el pentagrama del sentimiento
El rumor de un río crecido, la voz cantarina del viento estacionario
El pintor legendario que combina las pátinas del arco iris
Forastero en mi propio terruño, sin casa y sin ilusiones
Dueño de mi propio destino y de la alegría extinta
Guerrero en las batallas del amor sin espada ni broquel
La llave perdida de la bitácora de los amantes furtivos
Yo
Narrador de las historias arraigadas en las calles de mi pueblo
Trovador de los manuscritos de mis antepasados
Fugitivo de la luz que me habita
Y argonauta de los sueños abandonados en el mar del olvido
O tal vez, la oveja negra de mi estirpe sin corona y sin trono
Yo, no soy nada sin el susurro cantarino de mis versos.
Cuando me haya ido
Cuando yo me vaya, no quiero que llores,
quédate en silencio, sin decir palabras,
y vive recuerdos, reconforta el alma.
Carlos Alberto Boaglio
Cuando me haya ido, no me guardes luto
No me llores que la muerte no es una página en blanco
No me eleves plegarias y no trates de resucitarme en un grito
Enciérrame en tu memoria como a los sueños, ellos nunca mueren
Cuando me haya ido, vierte mi despojos mortales al viento
No me circundas con cirios ni candeleros, léeme un poema
No busques tu mochila Arhuaca en ella me llevé tu sonrisa
También el arete con la luciérnaga que me guiará con su destello
Cuando me haya ido, no fenezcas conmigo vive por los dos
Siembra un árbol, busca en el buró mis poemas y mis canciones
Acicala tu vestido de flores y baila mi mejor canción frente al espejo
Y si escuchas algún susurro no te asustes, es el viento trayéndote mi voz
Cuando me haya ido, busca mis poemas aromados bajo tu almohada
Descálzame que cabalgaré como potro salvaje en las alas del viento
Desgaja el racimo de poesía que parió mi memoria extinta
Y declama mis poemas que la poesía es la única luz que no se apaga
Cuando me haya ido, sabrás el porqué forniqué con las hetairas en los burdeles
Abre la bitácora de los amantes furtivos, allí viven orgiásticos sueños eróticos
Sepúltame en la praxis de la memoria, inmortalízame en un poema de Neruda
Quiero que sepas que nunca me entregué a la muerte ni le temí a los adioses
No permitas que mi marcha sea la ruina de todos tus sueños
Porque cuando me haya ido, seré un habitante más del silencio estoico.
Sin alientos
Yo anduve siempre detrás de tus pasos
Recorrí tramo a tramo tu piel desnuda
Tus besos marcaron territorio en mis labios
Y no sé si gané o perdí, pero abrieron camino agreste
Llenando mis sueños de húmedos recuerdos
Además, conociste el ritmo de mi sangre
Y te bebiste el aura en una noche astral.
Yo perseguí tus instintos
Te embriagué con mis disparates
Y vacié tu memoria en el arpegio de un beso
Tus caricias arrullaron la musa que rompió el silencio
Despertando la demencia de su letargo
Además, convertiste en verbo mi pasión entrañable
Y abrazaste los sueños en una prisión fecunda
Yo desnudé tu cuerpo de abismo
Y lo convertí en poesía, en prosa inagotable
Tú entendiste que el amor vuela sin alas
Porque rompiste el muro, atravesaste el alba
Y encendiste la luz bañando los sentidos de rebeldía sana.
Algo del pasado
Te dejo frente al mar descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas, sin mi respuesta rota
Te dejo sin mis dudas pobres y malheridas
sin mis inmadureces, sin mi veteranía.
Mario Benedetti
Aquí estoy otra vez; reculando con mis recuerdos
Escudriñando el tiempo con sus días difusos y de ausencias
Con la proeza de mi memoria trayendo al presente algo del pasado
Como la brevedad de tus senos y tus besos de oasis en el desierto
Con tus recuerdos de enero a diciembre como el almanaque Bristol
Conservaste mis poemas por tres décadas en el baúl de tu memoria
Y yo no puedo borrar esos ojos negros prendidos de los espejos
Cómo hago para recoger las lágrimas que derramaste por mis locuras
Y desenredar los hilos que movieron dedos titiriteros y me des el indulto
No puedo olvidar tu voz delicada en medio de la espesura de la alameda
Quiero borrar cicatrices y huellas que dejé en tu corazón malherido
¿Cómo olvidar la sombra de tu alegría correteando tras la puesta del sol?
Si ayer enfrenté a tus recuerdos, al tiempo, al espejo y fueron implacables
¿Dónde escondo tu primera mirada y tus labios rodeados por mí cerca de marfil?
Si es que aún siento tu piel y tu aroma a corteza de árbol abatido
¿Cuántas margaritas te hablaron mientras las desojabas en mi ausencia?
Porque si el presente fuera el pasado
Avivaría la flama de tu amor entrañable, me extasiaría de nuevo con tu aura virginal
Le devolvería al viento su aroma para que irrumpa en tu habitación cada mañana
Te dejaría el rastro de mis pasos errantes y que me bebieras en una noche astral
Robaría los grafitis de la ciudad y te los regalaría en una esquela esculpida al sol
Tú y yo envejecimos en el tiempo
Nuestro amor se ancló a lo lejos... en el pasado
Ven quédate abrazada a mí como la brisa que regresa en la diafanidad de la tarde.