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Poemas

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Todo para nada

Retuércete como el tronco
del árbol que nos separa,
esquívate la mirada,
soporta embestidas, cicatrices
y a hijos de puta orinando en tus raíces.

Al final todo como al principio,
tú en tu casa semidesnuda,
tirando por el retrete los diamantes del alba
y yo detrás del camión de la basura.

 

Resumiendo

Se me hizo cuesta arriba
bajar las escaleras
por las cataratas de los ojos
y la pus del extranjero.

Dos minutos esperando
la automatización de lo desaparecido,
y después de dejarme las gafas puestas
cae la rampa.

El lugar era diferente,
subiendo escaleras de dos en dos,
con los platos en la mano,
uno casi vacío
y el otro sin comida,
a los pocos meses sonaría
melodía en la estancia.

Silencios, preguntas,
arena en el plato,
sal,
otra vez las escaleras
de una en una,
de uno en uno.

Bifurcación,
luego nos vemos,
gotas de lluvia
y el “Ain’t too proud to beg”
para descolgar
lo pendiente.

Más lluvia,
hasta luegos
para siempre,
ángeles de última hora
y después todos mis demonios,
juntos, más que nunca.

 

Los que se dedican a crear

Hay quien se dedica a crear,
parir ideas originales
de trompas ligadas,
de úteros secos.

Escritos,
oraciones a la niebla,
pinturas,
manualidades,
inventos útiles a la humanidad
para escapar de la locura
y estimular el giro del agua.

Otros sólo se dedican
a destruir,
a crear armas de carbón,
para que con las mismas
los que creamos
podamos dibujarles
entre ceja y ceja
puntos,
que no son precisamente lunares.

 

Siete días

Un goteo incesante
con golpes de puerta
que se resisten a la fuerza del viento.

Cortinas que no se están quietas
absorbidas por el mal tiempo.

Caras manchadas en menos de siete días.

Sonidos que no hacen falta,
palabras que se alarman
y mujeres que se olvidan de que no es para tanto.

Escaleras que cumplen la única función
de llevarnos arriba para caer en un parque
con campos separados, con barcos hundidos y tocados.

Rutinas de algunas horas
con cambios permanentes de luz
y apagones intermitentes.

Líquidos que sugieren
otras formas de ser
por el mero hecho de ser formas.

Caminos deformados
rosas tiradas en círculos
con alucinaciones gastadas.

Espejos rotos en menos de diez años
y cuerpos esperando una repulsión atractiva.

Rampas que caen y sueños que dormitan.

 

Bucles de gracia

Mi cárcel de oro
hacía brillar tu silueta
en aquella noche de
parques nuevos.

Sin preocuparnos
por cuerpos de tantos géneros
y tantas especies.

No había Parental Advisory,
ni dentición,
ni esqueleto,
ni órganos internos.

Ni doce canciones,
ni espejos al revés,
ni rotos televisores.

Aunque algunos presumían
de haber vendido
más de medio millón
de copias falsas
de lo que ya dijo
alguno en sueños.

Y por fin el murmullo se adivinaba,
aunque podía ser ya demasiado viejo,
los círculos se retorcían,
se cuadraban.

Fue como quisimos,
a pedir de boca,
aquella noche fue
como la sangre en la nieve,
escandalosa.

 

Buscando agua

Doce en la escala de Beaufort,
y uno vomitando a los mareantes.
Muchos sin rumbo, buscando en los derroteros,
y calculando la distancia con el sextante.
Unos cuantos recalando, mirando desde la cofa,
virando hacia un imposible, tirando sueños por la borda.

Ninguno en la línea de flotación,
sedientos, buscando agua en el aljibe,
arrojando escapularios sin ton ni son,
con sus barcos engalanados se van a pique,
porque no hay nadie aguantando el timón.

 

La fase REM

Hemos venido a mancharnos las uñas,
a lavarnos la cara con barro,
a pronunciar improperios,
hemos venido a pronunciarnos.

Hemos llamado a todas las puertas,
hemos amputado brazos,
nos hemos ahorrado lindezas,
hemos talado los palos de Mayo.

Hemos ensayado sonrisas,
improvisado llantos,
hemos quemado sueños en la pira
y después hemos dicho lo que nos ha interesado.

Hemos soportado la sequía en la boca,
el triunfo nos lo hemos pasado por el arco,
nos hemos creído basiliscos
y aquí todo Cristo ha caminado sobre charcos.

Nos hemos inmortalizado en cuadros de hielo,
en canciones ajenas,
en fotografías biodegradables,
nos hemos querido y nos hemos mentido,
nos hemos maleado,
nos hemos vuelto maleables.

Hemos dejado a los romanos sin toga,
a las vainas sin espada,
al tragaluz atragantado,
a la endorfina inmaculada,
al frío sin ropa,
y con el zumo de cebada
nos hemos cebado.

Y por fin, cuando creíamos
que la fase REM era nuestro último recurso,
nos hemos meado en la cama,
nos hemos quedado a gusto,
y de un ronquido
nos hemos despertado.

 

Me dio

Me dio por la esmeralda
y ponerle acento a lo agudo,
por buscar las causas perdidas
y perderme con Alicia en su madriguera.

Por limpiar el cuchillo
y dejar las pruebas,
por bailar sin saber caminar.

Me dio por llorar.

Me dio por celebrar
el penúltimo fracaso,
por saltarme los muros
y las reglas cada 28 días.

Me dio por fumar
y hablar por el móvil
en las gasolineras.

Me dio de lleno,
por no estar atento.

Lo debí esquivar.

 

Kilómetro 47

No entiendo cómo justo en ese punto
empieza a sonar el “While my guitar gently weeps”
y poco a poco me voy alejando de donde estás.

Suenan Lennon y los Drive-by Truckers
y unos cuantos kilómetros después
no suena nada, no me acuerdo de nada.

Sólo falta que suene el “Imagine”, otra vez.