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Publican en España antología con todos los cuentos de Ribeyro
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El sello español Seix-Barral acaba de publicar la antología La palabra del mudo, que reúne toda la obra cuentística del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro (Lima, 1929-1994), ampliando ediciones anteriores de 1994 y 2000 con seis cuentos olvidados, tres desconocidos y uno inédito, aparte de los agrupados en sus ocho libros que van desde Los gallinazos sin plumas (1955) hasta Relatos santacrucinos (1992).

El libro de 1.052 páginas compendia, así, toda la obra cuentística conocida del escritor peruano, incluyendo textos como “Surf”, que permanecía inédito, y que fue el último que escribió, el 26 de julio de 1994, cinco meses antes de su muerte. En él, Bernardo, un sexagenario barranquino, se instala en su nueva casa y, en su soledad, invita a jóvenes amigos, aunque su ansiedad no se calma porque descubre la belleza y gracilidad de los surfistas, de los que montados en una tabla desafían a las olas y a la muerte contra los acantilados. El hombre, de total factura ribeyriana, sube a una tabla y cabalga hacia la eternidad.

También, los “cuentos olvidados” de Ribeyro ya publicados en La palabra inmortal, editado en 1995 por Jorge Coaguila: “La vida gris”, la historia de un hombre que de la cuna a la tumba siempre fue nadie; “La huella”, la persecución de un rastro de sangre que conduce al protagonista a descubrir su propia muerte; “La careta”, en el que a falta de una máscara Juan se pinta la cara y, finalmente obligado a quitársela, le desgajan la piel con un final espeluznante; “La encrucijada”, donde un viajero busca la ciudad soñada, llega a la intersección de un camino y se equivoca, como todo en su vida; “El caudillo”, el relato de un hombre obligado a ser solidario por su musculatura, y quien en pago recibe el desdén y la burla, y “El cuarto sin numerar”, el retorno onírico de un adulto a su niñez, con un testimonio material traído del más allá. Todos ellos, escritos entre 1949 y 1956, no aparecieron en su primer libro.

Entre los desconocidos figuran “Los huaqueros”, donde cuatro buscadores de tesoros son descubiertos por unos policías que en vez de arrestarlos los animan y, al no descubrir nada, huyen; uno de ellos se lleva del aparente botín, muy feliz, un cajón de madera para hacer leña; “El abominable”, el principio de una novela inconclusa sobre un supuesto hombre de las nieves en la sierra central, y “Juegos de la infancia”, un fragmento de la autobiografía de Ribeyro no incluido en su libro, tal vez por el tinte racistoide de “los cholos que hollaban su espacio” (p. 1.016).

“La producción cuentística de Ribeyro”, dice la presentación del volumen, “transmite los anhelos, arrebatos y angustias de sus personajes a través de una prosa limpia y un estilo alejado de artificios, ofreciendo uno de los más grandes ejemplos de la narrativa breve en el mundo occidental. La palabra del mudo se encarga de dar voz a aquellos personajes que en la vida cotidiana están privados de ella: los marginados, los olvidados, los condenados a una existencia soterrada. Todo ello tiene cabida en este centenar de relatos donde cada frase es absolutamente imprescindible”.

Fuentes: La RepúblicaSeix-Barral