Artículos y reportajes
Gonzalo Torrente Ballester
(El inconformista que escribía artículos periodísticos)
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Como los años van pasando, se van dando los acontecimientos. Éste que nos ocupa, no es otro que los cien años del nacimiento del escritor ferrolano Gonzalo Torrente Ballester. En nuestra niñez escolar un libro que él coordinó, Aprendiz de hombre, ocupó el estudio de nuestra formación política. Que en este caso sería literaria-social, porque los textos eran fragmentos de obras, con ejemplos moralizantes, en el que no podía faltar Cervantes. Éramos púberes e imberbes. Se vivía tiempos que pertenecían al estado de la inocencia. A esa edad, con ese escaso entendimiento, que no iba más allá del juego, aquellas formas y gestos nos parecían normal, como le hubieran parecido a otros muchachos la Rusia de Stalin o la China de Mao, o la Cuba de Castro, o la Italia de Mussolini. Aquel señor que escribió el libro llevaba gafas de culo de vaso. Y resultaba su lenguaje agradable y peculiar. Ya había escrito varios libros: El viaje del joven Tobías (1939), El casamiento engañoso (1941), Lope de Aguirre (1942), República Barataria (1943), Javier Mariño (1946), El retorno de Ulises (1946), El golpe de estado de Guadalupe Limón (1947), Compostela y su ángel (1949) e Ifigenia (1950). Alguno de ellos hubimos de leernos por prescripción de un profesor, que no gozaba de reputación por su licenciosa vida. Su licencia no era otro asunto que su manifiesta forma de entender la enseñanza con amplitud de miras. (Para un servidor Compostela y su ángel fue la impronta de quien ama a su tierra, al punto de darle alma). Algo parecido me sucedió con La guía espiritual de Galicia, de Castroviejo. Fuimos creciendo y advirtiendo de cuanto pasaba a nuestro alrededor. El escritor le sucedería lo propio. Vería los acontecimientos a la luz de los tiempos nuevos. Vicisitudes de la vida, cambios de residencia, nacimiento de hijos, publicaciones de libros y reconocimiento. En definitiva, el quehacer y discurso de una vida. A un servidor le parece que lo escrito no fue fácil. Quiere decir que no se lo puso fácil a los lectores, y aun así se le leyó como lo que fue: un clásico de la literatura española, que no desmerecería a ningún autor del Siglo de Oro. Y éste fue, sin lugar a dudas, su mérito, su excelencia como escritor único, irrepetible y clásico. Que lo diga un servidor, quizá tenga que ver más con agradecimientos que autoridad en el tema. Siempre habrá quien reclame esa parcela que le cedo gustoso. Y que a estas alturas no es necesario que nadie avale nada que es público y notorio. Baste con abrir cualquier texto de estudio de literatura de nuestro siglo y las dudas están resueltas con su presencia. Siguiendo con nuestro curso, hacia 1995 quien suscribe publicaba sus artículos en Faro de Vigo y en Diario de Pontevedra. Ya hacía 25 años que Caixa de Pontevedra convocaba anualmente los premios periodísticos Julio Camba, de quien Torrente era presidente de su jurado. Había bien poco que perder y bastante que ganar. Se envió un artículo en el que se resaltaba las excelencias del “magosto”, que es una fiesta dedicada a la castaña, que abunda por estos lares y que ha supuesto la manutención. Se conoce que al presidente del jurado —según defendió— le gustó el modo de narrar la magia festiva. Me concedió el Premio para Galicia. El segundo se lo llevó Juan Manuel de Prada y el primero, un artículo de un crítico taurino, Miguel Ángel Blanco, que recreaba la madrileña calle de la Vitoria. Un placer y un orgullo recoger el premio de un escritor a quien uno admiraba en la lejanía. Varios más asistí a la entrega de premios en los que aún pudo. Hasta que nos comunicaron la fatal noticia. Esas cosas del azar hicieron que al principio de mi vida y al final de la suya nos uniera la literatura. En esta última estancia, el periodismo, a quien el maestro también dedicó su ingeniosa y barroca pluma. Labor ingente desde temprana edad, recogida en obras como:

 

“Cuadernos de La Romana” y “Nuevos cuadernos de La Romana”, de Gonzalo Torrente BallesterCuadernos de La Romana y Nuevos cuadernos de La Romana

Ediciones Destino
1975-1977

Ambos volúmenes recogen la recopilación de las colaboraciones de GTB en el diario Informaciones desde octubre de 1973 a agosto de 1975. En estos artículos GTB habla desde su casa de La Romana (Pontevedra) de temas variadísimos, desde los asuntos domésticos, sus lecturas, la política o la noticia del día. Escritos en tono irónico y reflexivo, están impregnados de anécdotas y buen humor.

 

“Cotufas en el golfo”, de Gonzalo Torrente BallesterCotufas en el golfo

Ediciones Destino
1986

En la misma línea que en sus colaboraciones anteriores, desde 1981 GTB pasa a escribir semanalmente en el diario ABC, y este volumen recoge, bajo el mismo título de su columna, los artículos entonces publicados. Recogidos por orden cronológico, se traza su itinerario vital a lo largo de esos años a través de una visión personal de los hechos que acontecían o de sus pensamientos íntimos, sus lecturas y, cómo no, su ironía.

 

“Torre del aire”, de Gonzalo Torrente BallesterTorre del aire

Diputación de A Coruña
1993

Desde septiembre de 1975 hasta diciembre de 1979, GTB continuó su labor de articulista en el suplemento literario Informaciones de las Artes y las Letras, aunque en este caso cambia el título por el de Torre del aire, pues escribe desde su casa de Salamanca, frente a la torre del mismo nombre. Los mismos temas, las mismas preocupaciones, las mismas inquietudes que en su obra periodística anterior.

 

“Memoria de un inconformista”, de Gonzalo Torrente BallesterMemoria de un inconformista

Alianza Editorial
1997

Los artículos reunidos en Memoria de un inconformista aparecieron en el diario Faro de Vigo, en la columna titulada A modo, desde julio de 1964 hasta principios de 1967, en uno de los periodos más conflictivos de la dictadura franquista. En ellos, GTB, sin abandonar en ningún momento sus inclinaciones literarias, se enfrenta con temas de índole social, político o religioso, no sólo de carácter nacional, sino también internacional, y pasa desde la respuesta al cura por su ácido sermón del domingo a comentar lo que está aprendiendo de la Norteamérica que le ha acogido como profesor.