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Ilustración: Jim DandyLa libertad que causa el desapego

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El apego está definido como un estado emocional fuerte a aquello que amamos y está estrechamente ligado a la creencia de que forma parte de la felicidad; dicho de otra manera, la seguridad de contar con lo que se anhela otorga una profunda satisfacción similar a la felicidad.

Cuando se mira el mundo desde la perspectiva del apego, la visión es limitada, reducida y segmentada. El ser humano se encierra en sí mismo y mira el mundo desde ese enclaustramiento intentando que los demás también lo hagan desde allí. Su falta de libertad interna los resta en el plano personal y social que dificulta su entrega a los demás. Por lo tanto, el desapego viene a representar el des-pegarse del ego, apartarse, desprenderse del afecto al yo. Es renunciar al yo, mirar al tú para vivir el nosotros. Es salir de la yoidad para alcanzar la nostridad. Por consiguiente, el desapego es el pasaporte a la libertad de pensar, sentir y actuar para entender y aceptar a los demás.

Platón escribía que, buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro. Suavizando las penas de los demás casi olvidamos las propias o, dicho de otra forma, las nuestras son mínimas ante el resto. La felicidad está en compartir los que nos ocurre, previo a ello es necesario trabajar los valores como la nobleza, la honestidad y la bondad.

Llegamos al mundo con el cuerpo desnudo y las manos vacías, por qué insistir entonces en hacer de este viaje una conquista de bienes y poderes que alejan de los afectos sesgando las oportunidades, pues éstas llegan en la medida que se le brinden los espacios.

El ser humano, a diferencia del resto del mundo natural y animal, se caracteriza por su capacidad de pensar, y su mente es un universo aún sin explotar, lo que deja de manifiesto las capacidades de las que está dotado para dirigir las emociones y mejorar las conductas que le permitan tener una mejor calidad de vida.

La vida pasa por nosotros, por aquello que sentimos, por la espiritualidad que nos recoge, por la libertad de pensamiento y por la fuerza que ponemos en alcanzar lo que anhelamos, para llegar a ello tenemos que desprendernos de lo que nos impida volar.