La editorial del Estado venezolano, Monte Ávila Editores, anunció este 18 de junio el veredicto de su Concurso para Autores Inéditos 2010, realizado en los géneros poesía, narrativa, ensayo, dramaturgia y literatura para niños, niñas y jóvenes.
En esta oportunidad el jurado de poesía estuvo conformado por Mharía Vázquez Benarroch, Antonio Trujillo y Luis Enrique Belmonte. Las obras ganadoras en este género son Los aromas dulces, de Ninoska Laya Pereira; Máquinas prodigiosas, de Carlos Suñer, y No es por vicio ni por fornicio: uranismo y otras parafilias, de Alejandro Castro.
El jurado consideró que la propuesta plasmada por Laya Pereira en Los aromas dulces “transita con ternura hacia un encuentro íntimo con el paisaje y las voces ancestrales de la Amazonia, dejando delicados aromas que son reminiscencias de un viaje que confronta al hombre citadino con la Naturaleza”. Asimismo, consideró que Máquinas prodigiosas, de Suñer, “constituye un logrado y mesurado ejercicio en el que la reflexión sosegada da paso a la auscultación de situaciones vitales primordiales para el ser humano”. Entre tanto, No es por vicio..., de Castro, fue elegido por constituir “una apuesta en la que sobresale una voz honesta, que es consciente de los recursos expresivos del lenguaje y que asume con riesgo los conflictos derivados de las tensiones entre el cuerpo y el poder”.
El jurado de ensayo, compuesto por Douglas Bohórquez, Mirla Alcibíades y Edgar Páez, concedió el premio a Henrique Avril: los rostros del desolvido, un trabajo de Claudia Pignataro Belgrave, del cual se tomó en cuenta “el aporte brindado por esta obra tanto para el estudio de la construcción del imaginario nacional desde finales del siglo XIX, como para el abordaje de aspectos fundamentales de la literatura venezolana así como de la revista El Cojo Ilustrado”. Además, los jueces consideraron que el planteamiento y desarrollo del punto de vista de la autora “contribuye a enriquecer el estudio sobre la fotografía y otros aspectos que desarrolla. Fue igualmente determinante para la selección el adecuado manejo del lenguaje, que se resuelve en una prosa cuidada que, a su vez, está puesta al alcance de lectores no especializados en estos temas”.
En dramaturgia resultaron seleccionadas las obras Mi abuela en pijama, de Loida Pérez, y Necro-lógica, de Yamilet Rosales Paolini. El jurado estuvo conformado por Mónica Montañez, Rodolfo Porras y Rodolfo Santana, quienes consideraron que la obra de Pérez tiene “una excelente estructura donde la realidad pierde sus contornos y los personajes, dotados de fuerte carácter, brotan de la memoria, de las neurosis y de las paredes de una antigua casona repleta de secretos y fantasmas. Tragedias, amores que regresan del pasado con pasión renovada y odios familiares, se tejen en un ritmo vibrante que pareciera hablarnos sobre la eterna juventud de los afectos y los odios”.
Necro-lógica fue considerada “una breve pieza con un diálogo excelente. Una mujer dispuesta a morir acude a la morgue para informarse de los trámites a efectuar para lograr su cremación. Oscilando entre la soledad, la ilusión y un corrosivo humor negro nos muestra la obsesión por la muerte e, igualmente, lo hermoso de una vida donde se cumplen los sueños”.
El jurado en literatura para niños, niñas y jóvenes estuvo integrado por Luiz Carlos Neves, Nelci Marín y Linsabel Noguera. Unánimemente consideraron ganador al manuscrito Un secreto en el mar de los espíritus, de Adriana Ramírez, “por ser un texto ágil y alegre, que encara la muerte libre de tabúes y dramatismos, donde el sentimiento de pérdida se conforta a través de la magia como metáfora del recuerdo de quienes han amado”.
En narrativa, los miembros del jurado, Orlando Chirinos, Krina Ber y José Roberto Duque, seleccionaron tres obras ganadoras: dos de cuentos, Los impresentables, de Raymond Nedeljkovic, y Las Trinitarias y Barba Azul, de Carolina Álvarez Arocha; y una novela, Mujer de tiza, de Daniel Alberto Linares Rivero.
El libro de Nedeljkovic fue escogido “por su destreza narrativa al retratar los estados compulsivos de la neurosis urbana. Es la voz de un ciudadano anónimo que no le hace concesiones al trámite fácil de la tragedia y el melodrama”. Por su parte, el de Álvarez Arocha resultó entre los ganadores “por la armonía entre el divertimiento de una anécdota simple y el dominio del lenguaje en su apuesta por la transgresión de los géneros”, y la novela de Linares Rivero “por ser una obra completa, que aspira sin complejos a desentrañar el sentido de la vida. Destaca su maestría en el manejo del lenguaje y del tiempo narrativo”.
Para cada uno de los géneros el premio consiste en la entrega de 1.500 bolívares y la publicación en Monte Ávila de las obras seleccionadas.
Fuente: Monte Ávila Editores