Artículos y reportajes
El Día de la Reina

Fotografía: Bernard Annebicque

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Cuando la reina Beatrix recibió la investidura (en los Países Bajos los reyes no se coronan) hace 26 años, decidió hacer del 30 de abril, cumpleaños de su madre, una fiesta nacional. Desde entonces ese día el país a lo largo y ancho se convierte en una verbena popular. La reina acompañada por otros miembros de la Casa Real visita uno o dos lugares, mientras que los neerlandeses se visten de anaranjado y salen a las calles a celebrar.

Los holandeses, ni aun con unas copas de más, olvidan sus dotes de comerciantes, así que esta es la ocasión en la que todo el país se convierte en un mercado de pulgas al aire libre, tanto niños como adultos pueden participar en la venta de tiliches, cacharros, antigüedades, disfraces, ropa vieja, juguetes, libros, aparatos electrónicos, cosas inservibles, absolutamente todo está a la venta y lo que es peor, ¡hay quien lo compra!

La música no podría faltar en una fiesta, por lo que el que sabe y los que no también hacen ruido: alumnos del conservatorio exponen su repertorio en alguna esquina a cambio de unas cuantas monedas, en las plazas se montan podios donde cantantes de moda entretienen a la masa presente. Y el rugido que sale de los balcones y fiestas privadas se une al ya mundanal ruido, todo es música.

Otra actividad que se lleva a cabo principalmente en los parques es la de organizar juegos y concursos; para participar tienes que pagar un euro, en esta ocasión me tocó clavar clavos; claro, eso no es para nada difícil, pero si consideras que la mayoría de los participantes llevan entre 6 y 8 horas ingiriendo bebidas alcohólicas, sabes que la posibilidad de que se acierte es pequeña.

La atracción más grande en el Día de la Reina es navegar por los canales recorriendo el centro de Ámsterdam. Hay botes de todos tipos y colores, con motivos anaranjados. Llega un momento en el que hay tantos botes que no se puede navegar, se apagan los motores y las lanchas van moviéndose por sí solas. También sobre las embarcaciones hay música, es difícil bailar no sólo porque mantener el equilibrio sobre un bote es complicado, sino porque suenan tantos ritmos, que no se sabe cuál seguir.

La fiesta es una borrachera comunal, es cierto, pero es impresionante ver lo bien que conviven los 2 millones de participantes; en todos los años que he sido parte de esta algarabía nunca he visto ninguna riña o conflicto.