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Poemas

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Magritte pasa montado encima de una roca

“Los delfines treparon por los árboles [...]
leones, tigres, jabalíes!”
(Publio Ovidio Nason)

Este Magritte del diablo
se me ha metido en la cabeza,
por más que la agito, no sale,
navega por mis venas,
por más que me las corto y sangro
pasa de un lado al otro de mi corazón;
Magritte bombea en mi pecho y se agita,
ni con aspirinas se calma,
Magritte anda conmigo
en bicicleta de una sola rueda,
y cuando freno bruscamente, no
se cae de mi cabeza;
como la naranja o el limón en invierno,
Magritte es bueno para la salud,
me lo tomo a cucharaditas
antes y después de las comidas;
con él me llevo a la boca las flores del jardín,
Magritte es una sonrisa en un día
excepcionalmente lleno de sol,
Magritte es un sábado feliz lleno de locura,
por ti, mujer de mi encanto, él lleva tu nombre,
Magritte es mi hermano tocando guitarra
en una banda del olvido,
Magritte es un gol maravilloso
hecho con la mano,
Magritte es toda una hinchada
que celebra la victoria,
Magritte se me ha metido en la cabeza,
por más que la agito, no sale,
y para que yo viaje sin cuidado por el mundo
Magritte me ha traído un barco transparente
hecho de mar salada,
de aire puro y buenos horizontes.

 

A una flor que no es una flor

¿Qué sería de mí, qué sería de este
granito de arena
vuelto hacia la nada, si tu rostro
que tanto me encanta
no fuera de carne y hueso,
fuera tal vez de cartulina pálida
o quizá de un verdor plástico transparente?
qué sería de aquel que
confía más en el ver y tocar
que en los sueños
del pájaro que canta encerrado
en una jaula de oro,
si tu rostro de trazos luminosos
elevados hacia la cordillera
fuera de papel que viene
en las nuevas bolsas del supermercado?

Pues bien, suponiendo que todo esto
no fuera cierto, que tus encantos
que tanto me agradan, no fueran
más que tierra sobre tierra
en camas muy duras
¿cuál sería ahora mi argumento,
dónde podría hallarte,
tal cual como eres, de carne y hueso,
con arrugas y cansancio, dime,
sin una pizca
de ornamento en tu rostro?
si fuera sólo por mí —tú en una ciudad
y yo en otra— aquí mismo,
si cerrara mis ojos, con la transparencia
de las piedras muy duras, ya estoy contigo.

 

Estas palabras que no escribo

Estas palabras que no escribo
que se han quedado en la sala
donde esperaba el avión
que ya me lleva lejos,
están escritas en un espejo cóncavo
de modo que el lector
que las aprecia
las lee al revés,
y al revés entran en su cerebro,
dicen cosas que nunca
ha pensado decir en su vida,
le enredan con chismes de mal gusto,
le envían cartas anónimas,
le llaman por teléfono
pretendiendo ser la policía
que le amenaza de un crimen
que no ha cometido,
ay, estas palabras malditas
que no he puesto sobre la mesa
de mantel largo, me dan miedo,
puede que sean y no sean
una barca
atacada por un temporal,
puede que sean y no sean
sólo una rosa
observada al revés por el cielo
veloz que lleva
a más de 5 mil metros de altura,
estas palabras que no escribo
están escritas para ti, novia mía
que no existes, son como
los edificios de apartamentos
que parecen caer sobre
mi hoja llena de garabatos
dirigidos a reyes y príncipes