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Poemas

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Saga de los desterrados

1

No intentes habitar este añico del mundo
porque aquí el fuego se extinguió.
Es este un lugar oscuro
donde el fuego fatuo fundó su morada
y crecieron ciudades con rostro de carbón.
No intentes habitar este pedazo del mundo
el fuego fatuo se aposentó en la montaña
y crecieron desiertos con oasis púrpura
y ríos cárdenos de peces purulentos.
No intentes asomarte, Prometeo,
no hay coro para tu gesta.
No intentes asomarte
el fuego fatuo puede ser tu perdición.

 

2

Ahora mi patria es tu cuerpo.
Luce vano el trono
del rey de las miserias
ante el poder de mi dolor.
La ley es ese cuervo
que pugna por saciar su hambre.
La ley es el lazo que amordaza
mis lágrimas.
País de cuervos ahítos
y de lágrimas prohibidas.
Ahora mi patria es tu cuerpo.

 

Noción del cerdo

Insolente y sinvergüenza
emerge cual Dios lustros de fango
y agradece a los santos
la lluvia propiciadora de los charcos.
El cerdo ríe hocico arriba
de la inercia pueblerina
incapaz de impedir
el avance de la podredumbre.
Hay días que siente piedad
y se retira a tomar el sol,
luego vuelve a su chiquero
que se le antoja un fragmento de calle
cercada y a la sombra
y se deleita con la servidumbre del ama
que acude a la mendicidad para engordarlo.
Pero aparece el día
el día que le toca
gruñir más de la cuenta
porque lo acecha
—insolente y sinvergüenza—
el reluciente metal del hacha.

 

A orillas del Río Grande

Salgo a la hora en que el sol
Todavía es una realidad ausente.
Camino de la orilla
Las mujeres barren los pretiles
Y afilan la lengua
Para la calumnia del día.
Ya en el puerto se respira algarabía:
pescadores y comerciantes
ofician de malabaristas
sobre el borde de las canoas.
Huele a aceite caliente
y montañas de empanadas
se derrumban ante la penumbra del hambre.
El bagre soporta la crueldad del cuchillo
hasta expirar para que otros respiren:
es la vida revuelta con la muerte.
Las manos sudorosas y ensangrentadas
se confunden en un cambalache
De dinero, doncellas
y eructos con sabor a ñeque.
Un perro levanta la pata
y satisfecho orina
sobre un balde repleto de bocachicos:
recibe como premio
la entrada de una cuchillada en las entrañas.
Cuando el sol tortura
los piojos de los niños
regreso con una mancorna de pescado
en la mano izquierda
y el alma quebrada en la derecha.

 

Consejos del fracasado

“Sin nosotros, no serían excepcionales,
¡oh triunfadores! Sin nosotros, vuestro mundo
victorioso, resultaría monótono y frío”.

Germán Espinosa

Asegúrate siempre de ser el mejor perdedor.
Asegúrate
y nadie demandará tu sabiduría
ni reclaman urgidos tu amparo.
Asegúrate siempre de ser el mejor perdedor
y evitarás convertirte
en el ejemplo digno de imitar.

Si fracasas
Eludirás los incómodos escrúpulos.
Serás siempre falible
ahorrándote la excomunión del aprendiz.
Si fracasas no conocerás la máscara
ni la servil lisonja.

Cuestiona con escarnio,
Nunca fabriques ni siembres nada:
ni un cariño, ni una sonrisa,
ni un hijo, ni un árbol
mucho menos un libro.
Y no dejes de disfrutar descaradamente
si una gallina se traga en dos bocados
al gusano inerme.

Sé pusilánime.
Prostérnate ante éste
y también ante aquél.
Erige gesto a gesto
un monumento al ridículo.
Apuesta siempre al gallo tuerto y cojo
Al boxeador más desnutrido
Al jíbaro de saco y corbata
Al bacán que cambió su vida
Por un trago de aguardiente
A la puta vientre de llanta
Al desesperado que huye en la moto
Dejando a sus espaldas
un reguero de amargura
Al traficante de esperanzas
que nunca dice lo que piensa
Al sepulturero feliz entre los infelices
Al mercader de calificaciones
—él te garantiza la inutilidad humana—
Al ángel negro y aterido
guardián de la noche en los pretiles
Al desgraciado que aplaza
desde una sonrisa
Hasta una cópula con ternura.
Sácale el cuerpo a la alegría.
Que sea tu única ley la anarquía.
Nada más honesto
seguro y confortable que el fracaso.