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Rodolfo Fogwill
Fogwill: provocador.
Fallece el escritor argentino Rodolfo Fogwill
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La mañana del pasado sábado 21 de agosto falleció en Buenos Aires, a los 70 años, el escritor y sociólogo argentino Rodolfo Fogwill, quien estaba internado desde hace varios días por una grave infección pulmonar provocada por su afición al cigarrillo.

Autor de novelas como Los Pichiciegos (1983), Una pálida historia de amor (1991), La experiencia sensible (2001), Urbana (2003) o Runa (2003), además de libros de cuentos y poesía, Fogwill trabajó también como directivo de publicidad y marketing. En 1980, por su cuento “Muchacha punk” obtuvo un importante premio —patrocinado por la empresa Coca-Cola— que le permitió renunciar a su trabajo y dedicarse a la escritura. Recibió la beca Guggenheim en 2003 y el Premio Nacional de Literatura al año siguiente.

En 1979 crea la editorial Tierra Baldía, donde promovió su poesía y la de otros poetas hasta entonces desconocidos, publicando las obras de escritores como Osvaldo y Leónidas Lamborghini, y Austria-Hungría, los poemas de Néstor Perlongher, entre otros.

En los últimos tiempos, escribía columnas de opinión para el diario Perfil. Era padre de Andy Fogwill, uno de los directores publicitarios más premiados del mundo, y de la actriz Vera Fogwill, conocida por sus papeles en cine y televisión.

Textos suyos integran diversas antologías publicadas en Cuba, México, España y Estados Unidos. Según la crítica, “Fogwill es dueño de un estilo que se maneja con igual soltura en la ternura y en la ferocidad y que no tiene quién le gane en su capacidad de intimidar, irritar, seducir, imponer respeto”. De él se ha dicho además que es uno de los narradores más originales de América Latina. “Es un escritor violento y nato que debería ocupar el tan disputado lugar que dejó vacante Roberto Arlt” , aseguró Héctor Libertella.

Conocido únicamente como Fogwill, que es también firma sus libros, a secas (“como Sócrates, Platón, Aristóteles, entendés”, dijo en una oportunidad), como publicista fue autor de eslóganes y campañas publicitarias como “Suaves pero con sabor, el equilibro justo” para los cigarrillos Jockey. De esa experiencia dijo: “Por veinte años fui consultor de una tabacalera y pude librarme —en orden— primero del cine, después del dinero, del alcohol, de la marihuana y finalmente de la cocaína, pero aún sigo dependiendo de la estúpida nicotina”.

Uno de los temas que abordó recurrentemente en sus novelas es el del amor. “No sé qué es el amor, pero sé que si hay algo que te puede salvar es el amor. Creo que tiene que ver con el amor propio, una cuestión neurofisiológica que te produce una sensación de totalidad; nada lo puede remplazar. Inmediatamente después de salir por la televisión y tener éxito los cinco minutos de gloria de todos en la sociedad democrática, te das cuenta de que no existió, que fue sólo una puesta en escena y que está terriblemente desarticulado... El amor, en cambio, produce un bienestar casi neurológico”, comentó en una entrevista.

En sus textos tampoco evitó la crítica a la cultura. “En la etapa de la transición democrática en la Argentina escribí durante dos años más de 250 columnas sobre política cultural. Me sentí muy frustrado porque era el centro de la prensa, me copiaban fatal y sin entenderme, y dejé de pensar en ese tema. Pasados veinte años vuelvo a pensar en ello y no tengo ninguna idea nueva, porque nada cambió: aquellas ideas siguen vigentes”, argumentó.

En su última columna en Perfil, publicada el sábado 13 de agosto, prometía “chismes e infidencias” del mundillo editorial que finalmente se llevó a la tumba.

“Falleció un escritor de los que escasean, alguien que sabía disfrutar del placer estético y que ponía a la belleza y a la perfección estilística por sobre todas las cosas, incluidos los compromisos políticos, los códigos de convivencia y la buena educación. A partir de hoy todo va a ser mucho, pero mucho más aburrido”, dijo el escritor y periodista Guillermo Piro, también columnista de Perfil.

Fuentes: La GacetaPerfil