A fin de año será restaurada la vivienda de La Serena (Coquimbo, Chile) donde la poetisa Gabriela Mistral residía cuando empezó a dar clases, a escribir y publicar, en 1903. En septiembre, en tanto, estará listo un moderno edificio que acogerá al Centro Mistraliano.
“Cuando yo enseñaba geografía en Compañía Baja, al lado norte de La Serena, la escuela era tan pobre, que para enseñar geografía sólo contaba con el tierral del patio o la arena de la playa próxima”. Así recordaba Mistral sus inicios como profesora. Era 1904 tenía 15 años y también su casa era humilde. De color azul, era la única de dos pisos en el villorrio, y la escalera estaba por fuera.
“Hace un tiempo estaba muy deteriorada”, recuerda Rolando Manzano, director del Centro Mistraliano de la Universidad de La Serena. “Por eso denuncié que un invierno más la podía derribar, por el estado del adobe y porque estaban oxidadas todas las planchas de zinc. Afortunadamente, fue declarada monumento nacional en 2008”. Un año después, el Estado compró la vivienda, con la intención de restaurarla y convertirla en el corazón de un hito patrimonial que incluiría, además, una sede para el Centro Mistraliano.
Inserto en el Programa de Puesta en Valor del Patrimonio —que está ejecutando la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)—, la inversión total de este proyecto Bicentenario bordea los 1.500 millones de dólares. Se trata del hito de la Ruta Patrimonial Mistraliana que muestra el mayor grado de avance después del renovado Museo de Vicuña, reinaugurado este año.
“En la vida de Gabriela Mistral son muy significativos los años que vivió en La Compañía. Allí empezó a hacer clases y a escribir y publicar, pues colabora con los seis diarios locales. Allí se enamora de Alfredo Videla, su primer amor. Si bien Lucila Godoy nació en Vicuña, acá en La Compañía nace Gabriela Mistral. Aquí fue donde se hizo mujer, profesora y escritora”, comenta Manzano. Viviría ahí hasta 1908. De día les daba clases a los niños; de noche, a los peones y obreros.
“Esperamos que la restauración de la casa comience antes de fin de año. Estamos en etapa de diseño; queremos reproducir la experiencia que tuvo Gabriela Mistral en esa vivienda. En vez de mostrar objetos, queremos integrar la música, los olores, los colores y las sensaciones que ella vivió”, adelanta Loreto Silva, subsecretaria de Obras Públicas.

“La escuela era tan pobre, que para enseñar geografía sólo contaba con el tierral del patio o la arena de la playa próxima”.
“Ella misma les atribuye mucha importancia a estos años; es un periodo de soledad, pobreza y tristeza. Espiritualmente, la convirtió en lo que fue. Esa casa pequeña demuestra el verdadero origen de Gabriela Mistral y la fragilidad en que vivía, pero también su fortaleza, su resiliencia”, agrega Silva.
Un patio de olivos conectará la vivienda con el Centro Mistraliano, cuyas obras tienen un avance del 70%. Según la subsecretaria: “Ya estamos en las terminaciones de este relevante centro cultural que estará listo en septiembre. Será muy moderno; tendrá un sistema informático que permitirá visitarlo desde todo el mundo”.
Con un costo de 657 millones de dólares, el edificio respetará la altura de la casa de la poetisa, y su materialidad. “Será un volumen mediterráneo. Está en una zona bastante pobre de La Serena, y esperamos que el sector se vaya desarrollando en torno suyo”, dice Silva. De hecho, el proyecto Bicentenario incluye la recuperación del espacio público circundante.
“Mientras Mistral vivió en La Compañía, los escritores y los intelectuales de la época la visitaban y hacían tertulias. Era un núcleo muy intenso de creación y producción literaria y artística. Y ahora eso se podrá retomar en el mismo lugar”, apunta Manzano. Y es que allí se cobijarán los 1.200 documentos originales del Centro Mistraliano, entre revistas, diarios y fotografías, además de 22 rollos de microfilmes.
“Pero esto no será sólo documental; queremos trabajar con la gente del sector y con la Escuela Darío Salas. Postularemos a fondos concursables, y haremos talleres. Lo importante es hacerlo con una idea pedagógica, respetando lo que defendió Mistral —la educación de la mujer—, y apoyar a los niños y a los desposeídos”.
Fuente: El Mercurio