La escultora ambiental y promotora cultural mexicana Helen Escobedo (DF, 1934) murió de cáncer el jueves 16 de septiembre en su domicilio de San Jerónimo Lídice, tras una lucha de varios años contra la enfermedad. El pasado 28 de julio había cumplido 76 años. Le sobreviven su marido, el alemán Hans Jurguen, y Andrea y Miguel, hijos de su primer matrimonio.
En 2009 le fue otorgado el Premio Nacional de Artes en la categoría de Bellas Artes, galardón que compartió con el compositor Arturo Márquez. También fue nombrada ciudadana distinguida por el Gobierno del DF.
Apenas el pasado 29 de abril “regresó” al Museo de Arte Moderno de México, recinto que dirigió de 1982 a 1984, cargo al que renunció, con la muestra “Helen Escobedo: a escala humana”, retrospectiva de 150 obras entre gráfica, escultura, maquetas e instalaciones que abarcaba de 1959 a 2010, y que fue curada por su amiga y biógrafa, la investigadora Graciela Schmilchuk.
Una semana después la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda le rindió un homenaje por su trayectoria y abrió la muestra “Escuchen el silencio” en las instalaciones de ese plantel. Escobedo presentó también, en noviembre pasado, la instalación “Éxodos”, integrada por 101 figuras femeninas, en la Plaza Juárez y sus alrededores.
Hija de un abogado hidrocálido y una inglesa con “una excelente educación en artes y humanidades”, Elena —su nombre de pila— pudo haber sido violinista o bailarina, sin embargo lo que más le fascinaba era modelar con plastilina. Su “talento innato” fue descubierto por su madre, quien la orientó hacia el arte y la apoyó cuando con sólo 16 años tuvo oportunidad de estudiar en el Royal College of Art, de Londres, donde conoció a Henry Moore. En México fue alumna de Germán Cueto.
Continuó haciendo lo que la crítica de arte Raquel Tibol llamó “mis muros dinámicos, que eran como paneles de color ya grandes, entre puertas y ventanas, ya más arquitectónicos”. De hecho, cada tres, cuatro o cinco años daba un brinco: “Me salía de donde estaba, porque ya había terminado ese estilo de lenguaje y me metía a algo nuevo”. Con el tiempo su obra se volvió efímera.
Su primera escultura monumental al aire libre fue “Puertas al viento” (1968), dentro de la Ruta Olímpica. Como jefa del Departamento de Artes Plásticas del Museo Universitario de Ciencias y Artes (Muca), de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), promovió las tres ediciones del Salón Independiente, del que fue miembro fundador. Participó del trabajo colectivo para concebir el Espacio Escultórico (1979), en el Centro Cultural Universitario.
En 1991 recibió la beca Guggenheim, con la que hizo la instalación “Negro basura, negro mañana”, en el Bosque de Chapultepec. En 2000 volvió al Muca con “Estar y no estar”, un conjunto de instalaciones con sus temas y preocupaciones de las pasadas dos décadas. En 2008 inauguró “Summerfields” (“Campos de verano”), 25 obras permanentes en Yorkshire, Inglaterra.
Fuente: La Jornada