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“Ayer”, de Juan Emar
Ayer: novela nada tradicional.
Reeditan la novela Ayer, del chileno Juan Emar
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El narrador chileno Juan Emar (1893-1964), a quien Pablo Neruda llamara “nuestro Kafka” y que en la década de 1930 dio lugar a un proyecto a contrapelo de la narrativa de la época poniendo en jaque al realismo y las formas tradicionales de armar la trama, empieza a circular en Argentina con la reedición de su novela Ayer.

Precedida de un estudio crítico a cargo de la chilena Cecilia Rubio, doctora en literatura y especialista en la obra de Emar, Ayer —cuya primera edición data de 1934— acaba de ser publicada por el sello argentino Final Abierto en su colección “Vanguardia”, que ya adelantara la obra de otro autor trasgresor de las formas narrativas, el ecuatoriano Pablo Palacio.

La obra de Emar —su nombre verdadero era Álvaro Yáñez Bianchi (1893-1964) y debía el seudónimo a la expresión francesa “J’en ai marre” (“estoy harto”)— fue en su momento ignorada por la crítica; incluye las novelas Un año y Miltín, y el volumen de cuentos Diez, todos publicados entre 1935 y 1937.

Su originalidad radica, según Cecilia Rubio, en que “llevó la vanguardia —sobre todo poética y pictórica— a la narrativa, lo que implicaba crear otra forma de narrar, de contar una historia, a la vez que ponía en cuestión lo que se entendía por una historia que valiera la pena contar”.

Parte de esa singularidad, agrega, “es contar más de una historia a la vez o enmascarar una historia con otra o bifurcarla en muchas direcciones; historias entre lo cómico y lo serio, lo banal y lo importante, lo superficial y lo profundo, lo inmanente y lo trascendente”. Lo esencial de su proyecto, continúa la especialista, fue “darle una formulación narrativa a la búsqueda espiritual propia del ocultismo”.

De “críptico y hermético” califica Rubio al universo del escritor interesado en los principios herméticos y la teosofía, pero su obra ¿plantea una metafísica?: “Yo creo que sí, y es por eso que veo poco parentesco profundo entre Emar y otros escritores chilenos. Además, insisto en que esta metafísica no es cristiana ni muy asimilable a ella, sino que es ocultista”.

En la década del 20 Emar ejerció como crítico de arte para el diario chileno La Nación, fundado por su padre, para el que escribió desde París numerosas notas con eje en la vanguardia artística que abarcó además de las letras a textos sobre pintura, música, cine y arquitectura.

No cabe duda de que el autor de Ayer era un especialista en el tema de las vanguardias literarias de la época: “Sus escritos sobre arte en La Nación dan cuenta de que estaba no sólo muy informado y conectado con la vanguardia, sino que había reflexionado sobre ella como lector espectador”.

Juan Emar
Emar: críptico y hermético.

En su obra, la ironía y el absurdo son elementos relacionados con el sinsentido del mundo, señala Rubio. “Emar explora ese sinsentido y crea otro, uno narrativo, literario. El humor es algo inherente a todo el narrar ‘emariano’ y remite a lo cómico”.

“La ironía aparece sobre todo como una actitud del narrador para ejercer la polémica. En el fondo, esta actitud parece estar relacionada con el contraste entre el mundo o la vida ordenada de acuerdo a la rutina cotidiana y el mundo del pensamiento y de la espiritualidad ocultista que practicaba”.

Entre las vecindades de Emar, Rubio menciona a Macedonio Fernández, Cyrano de Bergerac, Rabelais, Lautréamont, Poe y Proust, y aclara: “Polemiza directamente con ellos en algunas obras. En el ámbito de América Latina lo veo más cerca de Felisberto Hernández; hay un tono, una búsqueda, un desarrollo del pensamiento, una imaginación cósmica que comparten”.

Sobre el rechazo de Emar al concepto tradicional del argumento, dice Rubio: “Él tenía que encontrar no sólo otro modo de narrar sino también otras materias narrables y construirlas también de otra manera”.

En sus novelas, la experiencia de los personajes incluye un desplazamiento, que supone trayectos, lo que puede leerse como una búsqueda frenética de experimentación; también como búsqueda trascendente, de un centro en el cual afirmar la existencia frente al inexorable paso del tiempo”.

“De partida”, comenta la prologuista, “sus historias soportan dos lecturas antagónicas simultáneamente y este es un caso de construcción de argumento”.

En 1937, Emar se retira del ambiente literario defraudado por el escaso interés de la crítica ante sus libros. Comienza entonces a escribir Umbral, una novela de cinco mil páginas que dejó inconclusa al momento de fallecer. Sus cinco tomos fueron editados recién en 1996 por la Biblioteca Nacional de Chile.

“No quiso publicar más. Sabía que su obra era demasiado disímil y también que la vanguardia enfrentaba una fuerte disyuntiva: o lograba romper con la tradición y posicionarse en una nueva, una por hacer, o sólo sería una especie de paréntesis sin proyecciones”.

Fuente: Télam