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Diccionario de americanismos
Un diccionario para comprender las mil maneras de hablar español.
Presentaron en Madrid el Diccionario de americanismos
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El Diccionario de americanismos, presentado el miércoles 27 de octubre en la sede de la Real Academia Española (RAE), en Madrid, establecerá una mayor cercanía entre España y Latinoamérica, después de una gran dedicación por parte de los países de habla hispana durante diez años.

La presentación se realizó en un acto que congregó a los directores y presidentes de las 22 academias. El director de la RAE, Víctor García de la Concha, y Humberto López Morales, director del Diccionario de americanismos, expusieron las características de esta obra, que lleva ya varios meses en circulación por los países hispanoamericanos.

La obra, que contiene un total de 70.000 voces, lexemas complejos, frases y locuciones, así como un total de 120.000 acepciones, contribuirá a un mayor entendimiento entre ambos continentes y ahorrará algún que otro malentendido mediante la explicación de términos que en algunos países significan una cosa mientras que en otros el significado es totalmente diferente.

Publicado por Santillana y a un precio de 75 dólares en Estados Unidos y 75 euros en España, el diccionario pretende velar por la unidad y la buena utilización del castellano. En el acto se destacó que este trabajo tuvo sus orígenes en el siglo XIX tras la creación de las primeras academias americanas, pero no se puso en marcha hasta 2002.

García de la Concha dijo que el trabajo dedicado por las veintidós academias asociadas para crear este diccionario “ha impulsado la preparación de diccionarios nacionales de cada uno de los países, y, pionero en muchos aspectos, se presenta así como fruto de la política lingüística panhispánica”.

Por su parte, López Morales, que ya ha presentado esta obra en varios países americanos, incluido Estados Unidos, hizo hincapié en la importancia que han tenido las nuevas tecnologías a la hora de desarrollar y elaborar la obra. Destacó el programa informático ARU, que reúne a los casi 150 diccionarios de americanismos que fueron publicados desde 1975 hasta la actualidad. “Todo se encuentra en formato electrónico, con excelentes y ricos índices que facilitan cualquier tipo de búsqueda”, señaló.

Explicó que el diccionario “es descriptivo y no normativo”, además de “diferencial con respecto al español general”, es decir, sólo recoge los significados específicos de América. Es una obra actual que contiene un sinfín de palabras vivas, muchas de ellas pertenecientes al vocabulario juvenil, y miles de formas complejas, locuciones y frases proverbiales.

Cada artículo del Diccionario de americanismos especifica los países en los que ese término es usual, y se facilitan los significados que adquiere en cada uno de ellos. Algunas entradas tienen más de diez páginas, como sucede con la del verbo “dar”, según explicó López Morales, autor de más de 50 libros relacionados con el español.

Una de las singularidades de este trabajo es que contiene numerosos términos de las distintas variantes del español en Estados Unidos, “el segundo país hispanohablante del mundo” y “donde cada minuto que pasa” hay 2,5 hispanos nuevos, lo que equivale a 13 millones de personas al año, subrayó López Morales, quien además se refirió también a otra de “las grandes novedades” de esta obra, que es la larga lista de sinónimos que incluye, reunidos al final en un índice sinonímico.

Así, palabras como “tonto” y “borracho” tienen centenares de sinónimos en los diferentes países hispanoamericanos, donde a los que no andan sobrados de inteligencia les pueden decir “asnúpidos”, “abismados”, “cabeceburros” o “cocolisos”; a los listos los llaman “aguzados”, “chispudos” y “listocos”, y a los que se pasan con el alcohol les vienen bien términos como “cachucos”, “empedados” o “turulatos”.

Así, por ejemplo, “afinar el piano” no siempre tiene que ver con la música, porque en el lenguaje popular de Chile equivale a realizar el coito con una prostituta.

“Afincar(se)” en Puerto Rico es “pegarse mucho una pareja de bailadores”; en Cuba sería “propinar golpes” y en el lenguaje juvenil de Nicaragua significaría “besar una persona a alguien”.

La palabra “agua” es sinónimo de borrachera en Cuba; “agua corta” es en Ecuador “un género musical que se interpreta con marimba y se acompaña de un baile” y “agua de culo” es en El Salvador un “brebaje que una mujer da a un hombre para retenerlo”.

“Dar agua de calzón” se dice en Honduras cuando se seduce a alguien con malas artes; “dar bola” equivale en algunos países a “prestarle atención a alguien” y, en otros, a “aceptar una propuesta amorosa” o a “coquetear”. Y “dar chance” significa “otorgar permiso para algo” en países como Estados Unidos o México.

En algunos países hispanoamericanos, si alguien anda “arrastrando el mecate”, “arriando chanchos” o “cortando caña” es que se ha excedido con el alcohol, como también están borrachos los “aguarapados”, “cachucos”, “doblados”, “duraznos” o “empedados”. Y los que están “más jalaos que un timbre de guagua”.

El “cortico” es un hombre de pene pequeño en Cuba, mientras que “aventajado” expresa lo contrario en Perú y “cargado” se usa en Colombia para referirse a quien está bien dotado en este terreno, como también lo estarían el “chiludo” y el “macanudo” en El Salvador, o el “miembrudo” en Puerto Rico.

El diccionario iba a ser presentado durante el V Congreso Internacional de la Lengua Española que iba a celebrarse en Valparaíso, Chile, pero no pudo ser debido al terremoto que sufrió el país en marzo.

Fuentes: EFEEroski ConsumerIBLNews