Acaba de aparecer, bajo el sello Siruela, el libro Correspondencia (1940-1985), que reúne 240 cartas del escritor italiano Italo Calvino dirigidas a su padre, a amigos como el periodista Eugenio Scalfari o a creadores como Alberto Moravia, Cesare Pavese, Natalia Ginzburg, Elsa Morante, Pier Paolo Pasolini, Leonardo Sciascia o Umberto Eco, seleccionadas por el poeta Antonio Colinas.
Italo Calvino (Cuba, 1923-Italia, 1985), además de ser uno de los narradores más singulares por su mirada mágica y fabuladora de la realidad, fue un gran intelectual, periodista, editor y teórico cuyo pensamiento se puede conocer ahora por su correspondencia, que hasta ahora había estado en su mayoría inédita en castellano y que constituye un material revelador sobre el panorama social, político y literario de la Italia de la segunda mitad del siglo XX.
El compromiso ético y político de Italo Calvino y su inquebrantable defensa de la libertad, mezclados con los acontecimientos y vaivenes que marcaron su vida, quedan patentes en estas cartas, que hacen del autor de Los amores difíciles una de las miradas más lúcidas y verdaderas del panorama intelectual.
“Esta correspondencia es la historia de la narrativa italiana de los años 50 y 60 y su contenido informativo y anecdótico hace de ellas un material teórico y didáctico de primera magnitud”, afirma Colinas, premio Nacional de Traducción en Italia por verter al castellano toda la obra poética de Salvatore Quasimodo.
Colinas, quien trabajó sobre la edición italiana, que es amplísima, explica que ha hecho una selección por bloques, entre ellos el dedicado a poetas, editores, profesores y figuras del cine, y, entre las misivas, destaca una dirigida a Esther Benítez, la primera en traducir al español a Calvino y a quien, entre otras cosas, muestra sus dudas sobre cómo traducir El barón rampante.
Otro de los bloques está dedicado al punto de vista sociológico y político de Calvino, “con una fuerte tensión ideológica”, añade Colinas. “Aquí se hallan las primeras cartas en las que se van viendo la disidencias con el Partido Comunista, en 1944, a partir de la invasión de Hungría por parte de la Unión Soviética”, precisa el poeta y narrador.
Calvino luego explica por qué abandonó su militancia en el Partido Comunista Italiano en 1956, con cartas a la dirección del partido o a los trabajadores de la Fiat. Unos sucesos que acontecen en paralelo a la escritura de su famosa trilogía, El barón rampante, El vizconde demediado y El caballero inexistente, libros “en los que se ve su sustrato ideológico, su vocación pedagógica y su posición rebelde e independiente contra cualquier abuso de poder”, indica Colinas.
En una de sus misivas, Calvino se dirige a Umberto Eco en 1980 al acabar de leer El nombre de la rosa. “Acabo de terminar de leer”, le escribe. “Los motivos de interés en mi lectura han sido, por este orden: 1) la filosofía de la risa, que comparto plenamente en su valor moral, estético y gnoseológico (no comprendo cómo los críticos que he leído hasta ahora descuidan o dejan en un segundo plano este que es ‘el tema’ del libro, y 2) la erudición medieval: teología, historia y política de las órdenes religiosas, bibliografía, enciclopedismo...”.
La publicación de esta correspondencia inédita de Calvino se suma así a la biblioteca del autor que desde hace años publica Siruela, que lleva más de quince títulos y que editará otra novedad para los amantes de la literatura del italiano: La entrada en guerra. Se trata de tres relatos fundidos en un solo libro sobre la transición de la adolescencia a la juventud en la órbita de la memoria, avanza Colinas.
Fuente: EFE