El pasado lunes 8 de noviembre murió el coleccionista y curador mexicano Ricardo Pérez Escamilla, a los 79 años, de causas naturales, según informaron sus hijos Juan Ricardo y Rafael. Sus restos fueron velados por familiares y amigos en la agencia Gayosso de Ciudad de México hasta que fuera cremado la tarde del 9.
Cientos de exposiciones realizadas en los principales museos y galerías de México, a lo largo de varias décadas, no habrían sido posibles sin haber acudido a la biblioteca de don Ricardo, instalada en su propia casa y compuesta por poco más de 10.000 libros y 20.000 revistas y documentos, la mayoría dedicados al arte mexicano y popular.
Consultoría e investigación; asesoramiento personal y corporativo en adquisiciones, ventas y autentificaciones; proyectos de curaduría académicos y editoriales; creación y desarrollo integral de exposiciones de arte, subastas y otros proyectos culturales, fue la oferta de esa extraordinaria biblioteca personal.
Desde Octavio Paz hasta Raquel Tibol, Carlos Monsiváis o Francisco Toledo, pasando por decenas de museógrafos e investigadores, directores de museos y catedráticos de México y otros países disfrutaron de la hospitalidad de Pérez Escamilla, quien gracias a su memoria prodigiosa ubicaba exactamente qué libro contenía el dato, la imagen, la información necesarias para el estudio en turno.
Pérez Escamilla nació el 3 de marzo de 1931 en Ciudad de México. Abogado de profesión, muy joven decidió abandonar el derecho para dedicarse de lleno a su pasión de coleccionista de arte, la cual, contaba, nació cuando de niño llegó a sus manos el libro Fermín lee, ilustrado por Diego Rivera, ejemplar que formó parte de una exposición dedicada al artista en 2008.
A los 15 años, narraba, “no sé cómo, pero ya tenía mi dinerito; entonces empecé a comprar libros. Cuando estaba en primero de preparatoria me entusiasmó mucho la revista México en el Arte, publicada por el Instituto Nacional de Bellas Artes; ahí entré en contacto con los grandes del país, supe de Carlos Chávez, vi portadas de José Clemente Orozco, de José Chávez Morado, un dibujo de Lola Cueto, había diversidad y riqueza”.
Muchos de sus libros fueron adquiridos en La Lagunilla, otros, rescatados de alguna librería de viejo o simplemente adquiridos con oportunidad y preservados con la visión de quien no olvida para compartir el conocimiento con las nuevas generaciones.
El investigador afirmaba que su entrada “por la puerta grande” a la vida artística de México fue por medio del suplemento México en la Cultura, del periódico Novedades, dirigido por Fernando Benítez entre 1948 y 1961, el cual leyó y conservó semanalmente, pieza fundamental de su biblioteca.
Curador de exposiciones o asesor de un sinfín de proyectos, entre ellos el memorable rescate de los archivos de Frida Kahlo y Diego Rivera de la Casa Azul, Pérez Escamilla señaló al diario La Jornada en marzo de 2008: “Antes de irme, espero que me dé tiempo de ubicar mi biblioteca en un lugar especial, tengo particular inclinación por el Museo Nacional de Arte, porque desde que se fundó ese recinto he sido muy cercano. Pero si no se puede en ese lugar quisiera algún sitio donde estuviera garantizado, ante todo, que el acervo se va a poder consultar”.
Fuente: La Jornada