Noticias
Clorindo Testa, Luis Fernando Benedit y Jacques Bedel
Testa, Benedit y Bedel, hace treinta años, en uno de los pasillos del CCR.
Centro Cultural Recoleta celebra sus treinta años
¡Comparte este contenido! Compartir en Facebook Compartir en X Compartir en WhatsApp Enviar por correo

Hace tres décadas los tres artistas/arquitectos Clorindo Testa, Luis Fernando Benedit y Jacques Bedel fueron los responsables de la obra arquitectónica que le dio origen al Centro Cultural Recoleta (CCR). Desde el pasado martes 14, la institución festejará su trigésimo aniversario con una exposición de esos tres grandes realizadores.

En diciembre de 1980, el Recoleta abrió sus puertas a la experimentación artística en un espacio remodelado por Testa, Benedit y Bedel, quienes le dieron nueva función a un edificio que constituye una de las construcciones más antiguas que se conservan en Buenos Aires, que en el siglo XVIII había pertenecido a los frailes Franciscanos Recoletos y que luego se convirtió en un asilo de mendigos.

Para este aniversario, “era indispensable convocar a los tres geniales artistas que lo diseñaron”, señaló Claudio Massetti, director del CCR, institución que pertenece al gobierno porteño. Entrevistados por el diario argentino La Nación, Testa, Benedit y Bedel recordaron la obra que los convocó como arquitectos. “Fue una obra interesante, divertida arquitectónicamente, creo que nos llevamos bastante bien”, comentó Benedit.

Hace treinta años, los tres posaron para una serie de fotografías en distintas partes del edificio. “Cuando veo la foto de aquella época lo primero que pienso es ¿y éstos quiénes son? Después me doy cuenta de que somos nosotros”, comentó Testa con jovialidad.

En tanto, Bedel señaló: “Este edificio fue uno de los primeros que se hicieron como restauración, pero no histórica, sino con intervención de ideas contemporáneas, cosa que no tenía muchos antecedentes en esa época. Fue un desafío”. También recordó que el Recoleta irrumpió en la escena cultural porteña como un espacio de experimentación artística y de propuestas nuevas que le daba oportunidades a la gente joven desde un ámbito oficial, lo cual era novedoso.

Testa rememoró el llamado que recibieron del entonces secretario de Cultura, Ricardo Freixá, para realizar la obra, debido a que los tres eran arquitectos y artistas. Nunca habían trabajado juntos como arquitectos, pero sí como artistas. Como integrantes del Grupo CAYC, en 1977 habían ganado el Gran Premio de la Bienal de San Pablo.

“Cuando nos convocaron para la obra del Recoleta fue un desafío y un honor, e hicimos el anteproyecto ad honorem”, dijo Bedel. Si bien no volvieron a realizar juntos otra obra arquitectónica, continuaron vinculados en el campo de las artes visuales. En cuanto a los roles durante la construcción del centro, Benedit comentó con humor: “Clorindo llegaba más temprano y lo agarraban a él primero. Él era el bueno y yo el malo”. En tanto, Bedel agregó en sintonía: “Yo era el jamón del sándwich, hacía de amortiguador entre las dos versiones”.

“Testa+Bedel+Benedit” es la exposición de obras que, hasta el 20 de febrero de 2011, se exhibirá en la sala Cronopios del Recoleta (Junín 1930). Una selección que ofrece trabajos de distintas etapas de cada uno de los artistas, a lo largo de estos treinta años. Si bien sus propuestas artísticas son diferentes, hay elementos que los unen, como ellos mismos señalan: una forma parecida de pensar, una constante renovación, y ganas de seguir generando ideas y propuestas.

A la inauguración de la muestra se sumó, desde el pasado viernes 17, la reapertura del auditorio El Aleph, que posee esa institución, obra que estaba detenida desde 2007. El año pasado, el gobierno porteño firmó un convenio con la Universidad Maimónides, por el cual esta última institución colaboró en la restauración y puesta en valor del auditorio, con capacidad para 150 espectadores. Se restauraron los techos, repararon paredes y ventanales de vidrio. La tarea de la Asociación Amigos del Centro Cultural Recoleta posibilitó además que se cambiaran las butacas y el alfombrado, y se reconstruyera el escenario.

Fuente: La Nación