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El soneto chileno, siglos XVI-XX
La antología reúne piezas de primera calidad.
Publican antología que reúne cuatro siglos de soneto chileno
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El poeta e ingeniero Juan Cristóbal Romero presenta un recorrido por esta antiquísima modalidad de estrofas en cuartetos y tercetos que incluye muestras escritas por autores como Pedro de Oña, Gabriela Mistral, Pedro Prado, Guillermo Blest Gana, Pedro Sienna, Rosa Cruchaga, Enrique Lihn, Óscar Hahn o Nicanor Parra.

Romero es el antologador de El soneto chileno, siglos XVI-XX, la más reciente publicación en torno a esta forma poética arraigada en una tradición que viene desde la Sicilia del siglo XIV, con los experimentos de Guido Guinicelli: cuatro estrofas, cuyas dos iniciales son cuartetos y, las dos finales, tercetos.

“A través de la historia han existido magníficos ejecutantes de soneto y me parece estar siendo injusto con varios”, dice Romero desde Harvard, en cuya Escuela de Gobierno está realizando un posgrado. “En el siglo XXI los poetas siguen produciendo sonetos”, defiende.

Los sonetos más recientes que incluye la publicación son los de Parra, Lihn y Hahn, pero se inicia cuatro siglos antes con los desafiantes e insultantes versos de Pedro de Oña, cuya fama lo habría llevado a ser el más grande poeta del Virreinato del Perú.

“No comparto los criterios estéticos de antologías anteriores. Para mí era necesario revisar la trayectoria del soneto en Chile desde un punto de vista crítico”, dice Romero. Entonces su propuesta consistió en la selección de piezas “de primera calidad” que fueran descriptivas de los estilos y temáticas en cada siglo y sus evoluciones, y que de paso dieran cuenta de denominadores comunes a lo largo de esos 400 años. El libro incluye pequeños retratos de los 41 autores elegidos: desde Magallanes Moure hasta Eliana Navarro, de Pezoa Véliz a Floridor Pérez y desde Eusebio Lillo hasta Moreno Monroy. Y más.

“Todo trabajo de investigación literaria tiene rasgos de arqueología. La búsqueda de piezas y autores de ‘prehistoria del soneto’, ese período entre el siglo XVII y mediados del XIX, requirió un trabajo de archivo. En ese sentido, la mayor sorpresa fue el descubrimiento de Carlos E. Keymer. Era un abogado y espiritista. Sus sonetos parecen anticipar los de Borges”, cuenta.

Romero llega a determinar los rasgos del soneto a través del tiempo. En el siglo XVII tiene un carácter satírico y de enfrentamiento con el propio De Oña, mientras que en el XVIII es religioso y acriollado. El siglo XIX está dominado primero por el clasicismo romántico del venezolano Andrés Bello y luego por el romanticismo clásico de Blest Gana.

El siglo XX tiene muchas más variantes: la clásica de Pedro Prado, la costumbrista de Pedro Sienna y la expresionista de Pablo de Rokha. “Da la impresión de que durante la segunda mitad del siglo XX se interrumpió la tradición del soneto, fenómeno que podemos asociar al advenimiento de la dictadura. Su último gran ejecutante fue Óscar Hahn”, dice Romero.

En ese período experimental está el “Soneto del Apocalipsis 1”. En lugar de escribir versos, Nicanor Parra desparrama una serie simbólica de crucifijos. “Tiene el impacto visual de un soneto, aunque es mejor no aventurarse en una explicación. Es todo un enigma, pero nos da la señal de la llegada de su antipoesía”, señala acerca de ese “texto” Adán Méndez, editor del trabajo de Romero.

La académica Adriana Valdés, quien prologó la antología, advierte que en largos pasajes de la historia se ha considerado conservador al soneto, y su ejercicio “de mal tono”. Pero Romero propone superar esas limitaciones de una manera simbólica: la selección se cierra con el soneto de Hahn “Descendiente de cuervo o gallinazo”, que es también un verso del primer soneto escogido, de Pedro de Oña: “Soneto a Sampayo”.

Fuente: El Mercurio