1
Mi alegría de hoy
tiene su origen en el mar.
La ola se repite sin teoremas,
siempre su música,
siempre su sal.
No puedo dividir lo que amo,
y mi alegría es inmensa
como mi amor.
Mi amor es inabarcable
porque es inmenso como mi alegría,
que es como decir el mar.
La inmensidad tiene sentido,
pero no se puede explicar
porque es inabarcable.
Por eso mi alegría de hoy
tiene su origen en el mar
4
Nuestros caminos se cruzan tantas veces
que el deseo de juntarnos en un beso
es un lugar común,
si no fuera que comúnmente
en el lugar que nos cruzamos
para cruzar de un beso a otro beso
a veces tuerce los caminos
y tantas veces nos alejan
que terminan siendo ese lugar común
donde nos cruzamos
para estrecharnos en un beso.
5
Cuando cruzas la frontera
y yo quedo arriba, rodeado de tantos dioses,
un mundo nos separa,
de siglos inmensos.
Afino el oído y trato de percibir
el más leve sonido,
el pasar de una página
o la pluma dibujando sus quimeras.
El tiempo que cruza, por muy leve,
desgarra mi heroísmo, mi sistema de ser
y me desbordo incontenible, de nervios rotos,
buscando un cauce que me devuelva tu sombra.
Cuando empiezo a olvidar mi rostro,
a punto ya de estallarme los sesos con el grafito
me levanto y echo a andar con la sangre hecha jirones
y cruzo la frontera a pesar de las vallas
y de los plomos que injurian el aire.
Soy una flecha que se juega el latido
si algún hilo se rompe y caeré allí donde tú
conjuras la infamia de las hachas,
abrazada a un árbol como si fuese historia
que ha de salvarte y ha de salvarme.
6
Llego del afuera todo erizado
de luces que semejan astros.
Pedazos de mí quedaron en el comercio,
y en los nervios masacrados en el pavimento.
Traigo productos de espléndida alquimia
y los desparramo sobre sus manos urbanas
que inician la ceremonia de convertirlos en pan.
Nos juntamos en el rito de las especias,
entre el jengibre y la hierba buena
sazonando el aire de un murmullo profundo.
De vez en cuando sus manos me buscan
y descubren fragmentos de mi carne
que brinca como pez sorprendido en el asalto,
pero me dejo cercar y sigo en el rito
de mezclar las hierbas y los sueños.
13
Nos desnudamos
sobre una taza de café,
con letritas impresas en la piel
y nos leímos de pies a cabeza,
desde la primera plana.
El néctar nos embriagó de golpe
y nos caímos entre carcajadas
que se partieron en los mosaicos
en mil pedazos de lujuria.
Sacamos el sol después del llanto
y lo colocamos en el balcón,
a que alumbrara para todos.
Ese día nos regalamos a chorros
sin miedos académicos
y sin espantos noticiosos.
Recuerdo ese día
como uno de los pocos que he vivido
y en adelante quisiera repetirlo
siete veces a la semana
si me lo permiten,
por favor.
15
Si me tendieras tu mano fraterna
en el instante mismo en que te busco
a través del telescopio de mi cuarto
con un cigarro a medio arder
y esta hoja en blanco
golpeándome en mi aliento.
Si supiera dónde estás,
en qué rincón de la ciudad
me lanzas tu señal de humo,
qué dígitos debo marcar en tu piel
y no me suene ocupado.
Si me dieras al menos un abismo
donde lanzar tanta ceniza,
o la sorpresa de llegar
por alguna rendija de la madrugada.
Si me enviaras tu desvelo antes del alba
a esta misma dirección en que trasnocho,
en que me escapo a perseguir tu sombra,
valdría la pena el café,
y esta hoja en blanco
golpeándome el aliento,
y esta cama vacía donde tú vas a caer,
al menor descuido.