Confesable
La habilidad de los años creó una amazona que reniega de la flor-delicadeza,
y desafiante guerrera deja ver su lengua implacable que saeta sin freno rompe
el pétalo de una rosa.
Se reveló atenta a los bramidos de felinas trepadas en el techo de una lámina.
Entretenida con garras en los dedos que desean clavarse en el negro de la selva.
Contuvo hambre sin vergüenza, de tocar la piel bañada en el salado, cuando los ojos se posaron en un pecho al toque del sol bronceados.
Mantiene el hambre entre los muslos
que añoran cerrarse en el encuentro.
De madrugada ha deseado
posar sus labios en violeta prohibida
y con rocío hasta el cansancio humedecerla.
Con el roce de un dedo al amanecer sellarla.
Ha soñado con lascivas fauces que se alimentan en la comisura de una orquídea virgen,
al tacto extinta, resucitada con lengüetazos disolutos.
Que no espera el amor de un macho,
que eleva sus patas como hembra.
y sin pudor en la penumbra huele la concupiscencia entre las piernas de una loba en celo.
Arpón en la oscuridad
Oceánica tortuga que me observas frente a la transparencia del cristal y aguardas que una puerta se abra.
¿Cómo fue que te atraparon?
Un engaño de luz artificial al arpón te atrajo, de una pantalla salió incisivo y en un descuido se ensartó en tu blanda piel.
Desarmada me recrimino por no poder desenterrarlo, y librar tu fragilidad de nueve años.
Es un arpón que cada noche con aliento mareador te acorrala y huyes, te ocultas en el armario, y juntas las manos para confundirte entre la sombra y con un poco de suerte mimetizarte en la nada.
Te imagino temblando como un bebé que su madre abandonó en la tormenta.
Y yo sé de acuarios, pantallas, arpones, sé de oscuridades secretas con puertas cerradas y, sobre todo, sé de vacíos, de la nada.
Hoy te visité en el acuario, pero no pude llevarte porque esa es tu heredad, el palacio de toda una generación, y nada puedo hacer.
Escapa un día, tortuguita, cuando los tiburones duerman, y ven conmigo a caminar sobre la arena, renace de nuevo cuando haya luna llena y encontrarás el mar que te han negado.
Sé fuerte y sobrevive entre aquellas miles por arpones atrapadas.
Y en esa alegre luna llena acompañaré tus pasos hasta llegar al océano.
Musa bajo el farol
Tus ojos
oscuras calles sin salida.
Altivez los tacones que preceden a la gloria
con zancadas de yegua lista para el galope.
Ropaje saqueado a la sombra de la noche,
Talle iluminado por estrellas-faros de autos.
Tu escote
invitación a meter la cola del diablo
y su aguijón punzante.
Tu garganta
Procesión de estalactitas
que las náuseas aprendió a disfrazar.
Tu abertura
Cíclope de sal,
fuente de agua dulce mitigadora de secas lenguas.
Sacerdotisa que atiendes lujuriosas confesiones
y adivinas intenciones en las miradas de soslayo.
Santa que con orgasmos de ave maría
otorgas el perdón al escuchar el rosario
entre cascadas de semen.
Virgen lóbrega de firmes pasos al vacío,
baile circular con ecos por las avenidas.
Diva que escupes en la palma de dios sus designios.
Incendio de luna en el centro del universo.
Depositaria de penas y liviandades.
Máscara diurna paralizante de sentidos.
Nido,
grieta de sangre escurrida.
Coleccionista de sables de intrusos y conocidos.
Herida que se abre intermitente
sin temor de ser lacerada,
porque lacerado fue tu espíritu.
¿Quién vitupera tus manos suaves o rugosas?
¿Quién cuando sacudes batallón de amantes?
Cuando tus senos
amamantan héroes y bandidos.
Cuando tus muslos
son ladrillos de catedral para creyentes e incrédulos.
Cuando tus piernas
reciben maestros y aprendices en el salón.
Cuando el incendio de tu hoguera
es luz para santos y pervertidos.
Aferrado a ti, lejos de mí
Me acerco a ti aunque duela el golpeteo, como el perro que siente las patadas en las estampadas costillas del hambre y no se aleja porque siempre será su amo.
Me pego a tu pubis, como el cortocircuito del cable escarapelado de la descuidada instalación de mi departamento.
Me pego a tus caderas como mosca en la miel, que aún zumbadora se pega en un abrazo letal, que no sabe lo que es y sólo se alimenta.
Me pego a ti como la taza que olvidaste lavar desde hace días, y con gusto lleva el café a tu boca.
Me pego a tu cuerpo pegado a otros cuerpos, aunque saboree el resabio salado de anteriores días del otro.
Me aferro a tus quemantes manos resbaladizas de sudor que no es el mío, que no es el tuyo, no me libran pero me calientan, para no fallecer en primavera.
Me pego a ti como el obsesivo-sordo que no espera que lo amen, que come segundos de fingido amor para respirar sólo por algunos segundos.