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Jaime Salinas
Salinas: puntilloso y erudito.
Murió el editor español Jaime Salinas
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El editor Jaime Salinas, hijo del poeta Pedro Salinas (1891-1951) y figura destacada del mundo editorial español de la segunda mitad del siglo XX, falleció el pasado martes 25 de enero a los 84 años, en Islandia, donde residía.

Salinas, quien fue director general del Libro, trabajó en el mundo editorial español ligado a Seix Barral y a Alianza Editorial, y fue también director de Alfaguara.

En 2003 obtuvo el Premio Comillas de Biografía con su libro de memorias Travesías. Memorias (1925-1955), en el que contaba sus primeros treinta años de vida y mostraba el placer que le producían los viajes en transatlánticos.

Hijo menor de Pedro Salinas y de Margarita Bonmatí, Jaime Salinas nació en Maisón-Carré, Argelia, en 1925. Ese mismo año su familia se trasladó a Sevilla y, en 1927, a Madrid, ciudad en la que asistiría a la proclamación de la República y en la que se forjaría su conciencia izquierdista.

La guerra civil les sorprendió en Santander, donde su padre dirigía la recién fundada Universidad Internacional de Verano. Con su hermana Soledad huyó en barco hacia el sur de Francia y en octubre de 1937 la familia se reencontró en Nueva York y se instaló en Estados Unidos, país en el que Salinas realizó sus estudios y residió tanto en la Costa Este como en California.

Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en Europa como voluntario civil en el cuerpo de ambulancias del American Field Service, y al acabar la guerra, trató de encontrar su identidad en el ambiente cultural de la Norteamérica de la época.

Casi veinte años después de haber dejado España, regresa a su país para pasar un verano en la finca de sus vacaciones infantiles e, inmediatamente después, se instala en París, donde comienza su relación con el mundo editorial.

En 1955, uno de sus primeros trabajos le llevó a Barcelona, a Seix Barral, editorial en la que desempeñó un papel clave. Su encuentro con el editor y poeta Carlos Barral le transformó en uno de los mejores editores españoles, gracias a los idiomas y su visión literaria, aunque nunca tuvo vocación de escritor.

En Barcelona entabló vínculos e impulsó a una gran cantidad de noveles autores españoles e hispanoamericanos, ejerciendo de amigo y editor de figuras como Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y gran número de los miembros del recién inaugurado “boom latinoamericano”. Al mismo tiempo, dedicó un especial esfuerzo para que se conocieran en España las novedades literarias de la Europa contemporánea.

Con Barral, Salinas promovió los Premios Internacionales de Edición y el Formentor para autores noveles, de donde salieron autores como Juan Marsé. También fue cofundador de Alianza Editorial, donde reinventó el libro de bolsillo, apostando por un formato al que dio una calidad todavía no superada. Reivindicó autores, traductores e ilustradores en modernas colecciones con miles de ejemplares.

En esta tarea tuvo como sus más estrechos colaboradores al editor Javier Pradera, quien se encargaba de las secciones de ciencias sociales, mientras que Daniel Gil trabajaba en el diseño las portadas legendarias de la famosa colección de libros de bolsillo que abrió una ventana cultural en una sociedad que aspiraba a la modernidad pero que aún vivía bajo los estrechos y absurdos límites de la censura de una dictadura.

También transformó la editorial Alfaguara a la muerte de Franco y fue director general del Libro y Bibliotecas con el primer gobierno socialista de Felipe González, entre 1982 y 1985. Luego volvió a la labor editorial en Aguilar hasta su retiro cinco años más tarde por razones de salud.

Salinas reconstruyó editoriales, promovió premios y desarrolló una carrera singular en el mundo de la edición a pesar de que no tenía una vocación definida de editor, según explicó su amigo, y también editor, Josep María Castellet.

Críticos, autores y compañeros coincidieron en señalar su carácter puntilloso y erudito y su gran inteligencia a la hora de valorar libros y traducciones. Salinas era desde la década de 1960 un habitual visitante de Islandia, donde murió en un pequeño pueblo de pescadores en el que lo acompañaba su amigo, el gran escritor islandés Gudbergur Bergsson.

Fuentes: EFEEl PaísHechos de Hoy