La Nueva historia general de México, auspiciada por El Colegio de México (Colmex), no presenta fábulas moralizantes ni una historia de bronce, “es una apuesta por la renovación, sin tabúes”, dice Ariel Rodríguez Kuri, investigador del Centro de Estudios Históricos del Colmex y coautor del libro, que fuera presentado el pasado 16 de febrero en el Centro Cultural Bella Época de la capital mexicana.
Si bien este proyecto se sustenta en el que hace 35 años preparó Daniel Cosío Villegas, la nueva versión “no sustituye la ya clásica Historia general de México, cuya primera edición apareció en 1976”, dijo Rodríguez Kuri, quien agregó que el volumen del que es coautor pretende ser “un libro de cabecera para el lector maduro y paciente que toma en serio el deseo de cultivar el estudio del pasado mexicano”.
Aquel título de hace más de tres décadas se convirtió, sin proponérselo, en libro de texto de los estudiantes universitarios, hasta ahora con más de 250 mil ejemplares vendidos. “No la remplazamos, aunque tampoco nos quedamos con las glorias pasadas”, agrega el especialista.
La obra representa, continúa Rodríguez Kuri, “un acto de honestidad académica, porque la anterior ya tendría 35 años, con textos clásicos y nombres claves, sí, pero el Colmex tenía que asumir su responsabilidad y, con motivo del bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución, la apuesta fue por una renovación histórica”.
Había dos peligros al abordar la escritura del volumen, advierte el investigador: “Uno era hacer una historia moralizante o fabulesca, o ir por la de bronce. Nadie en este proyecto lo hizo. El resultado es una historia bien escrita, bien presentada, con los elementos necesarios para que el lector haga su trabajo, pues suponemos que hará un juicio y sacará conclusiones”.
“El lector tiene un papel muy activo en la interpretación de la historia, la cual no es patrimonio del historiador ni éste es un pontífice para decir qué está bien y qué está mal”, agrega Rodríguez Kuri. “El historiador tiene obligaciones profesionales y éticas y debe plantear las cosas con objetividad, pero también con pasión”.
El investigador detalla que se buscó mantener un equilibro entre los procesos económico, social y político, en relación con el papel de los grandes hombres y mujeres en determinadas circunstancias: “No sé si es posible escribir una historia sin nombres relevantes, porque ese es el otro extremo que tal vez no guarde relación con el devenir histórico, pero en general los autores estimamos al lector y tratamos de los datos necesarios”.
Nueva historia general de México: un acto de honestidad académica.
Entre los aspectos más relevantes del libro destaca “el siglo XX, el cual cobra plena vigencia, pues ya está historiado completamente; también, se revisan los conceptos fundamentales del México prehispánico, de manera que se discute si es pertinente la noción de Mesoamérica. Otra innovación es que se introducen los fenómenos económicos y demográficos de una manera orgánica al desarrollo de la narrativa”.
“No hay tabúes en cuanto a lo que se puede decir. Por ejemplo, el capítulo sobre el Porfiriato indica con mucha claridad y justicia la importancia del desarrollo material en ese periodo, algunos capítulos sobre el mundo novohispano discuten muy bien la idea del imperio español como un imperio universal y no sólo como una Colonia a la manera anglosajona. Está abierta la discusión”, indicó.
“Y en la historia política del siglo XX queda muy clara la nueva exploración de momentos que han estado muy estigmatizados por el comentario político contemporáneo”, agrega. “Por ejemplo, tratamos de hacer una aproximación más fría y objetiva de lo que significan Luis Echeverría y José López Portillo en la historia mexicana, igualmente autoritarios, sobre todo el primero, pero importantes para el desarrollo del país”.
“Si hace veinte años hubiéramos dicho que Echeverría hizo cosas positivas nadie nos hubiera creído ni nos habría querido oír”, explica. “Y no es que estemos sacando las castañas del fuego del autoritarismo mexicano, es simplemente que hubo grandes obras de infraestructura y un crecimiento importantísimo de la educación superior. Pero al mismo tiempo se señala que es casi segura su participación en el 2 de octubre del 68, muy probable su manipulación del 10 de junio o la guerra sucia contra los disidentes”.
“Se desmitifican, pero al mismo tiempo se identifica la importancia de los personajes y se dan los elementos para que el lector saque conclusiones”, aclara. “Sabemos que la obra va a cumplir un papel muy importante en la formación de la idea de historia de los estudiantes de bachillerato y profesional. Las nuevas generaciones de historiadores participan con lo acumulado en estas décadas de debate historiográfico para plantear otra panorámica, desde la aparición del hombre hasta 2010”.
“Hay una mezcla de generaciones y perspectivas muy interesantes, en todos los periodos se discuten viejos problemas y se plantean nuevos, se ofrecen interpretaciones, esa es la fuerza y legitimidad del proyecto”, concluye Rodríguez Kuri.
En Nueva historia general de México se incluyen textos de Erik Velásquez García, Enrique Nalda, Pablo Escalante Gonzalbo, Bernardo García Martínez (coordinador de la obra), Bernd Hausberger, Óscar Mazín, Dorothy Tanck de Estrada, Carlos Marichal, Alfredo Ávila, Luis Jáuregui, José Antonio Serrano Ortega, Josefina Zoraida Vázquez, Andrés Lira, Anne Staples, Sandra Kuntz Ficker, Elisa Speckman Guerra, Javier Garciadiego, Luis Aboites, Engracia Loyo, Soledad Loaeza, Renato González Mello, Graciela Márquez, Lorenzo Meyer y Rodríguez Kuri.
Fuente: La Jornada