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Megamente o de la forma como se cambian los papeles

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Megamente

El domingo me dijo mi hijo: Papá, juguemos. No hay mejor opción para un niño. Asentí. Luego, me intimidó: Juguemos a los buenos y a los malos. ¿Quién será de bueno y de malo?, pregunté. Me respondió: Hacen lo mismo los dos. Su respuesta aún me conmueve.

Creo que ese domingo, la influencia de haber visto la película Megamente fue determinante. Una tarde de crispetas, divertida, dejó en mi hijo el esplendor de haber descubierto que los villanos, los malos, los que supuestamente nacen para hacer lo peor, pueden ser lo mejor. Sucede que el cine cautiva, atrapa, nos pone a sentir historias ajenas como propias, y desde hace rato corroboro cómo el cine para niños es más para grandes. Están hechas esas películas para que los padres queden más intrigados que nuestros hijos. Mi hijo resolvió el conflicto fácil. Pero yo sigo pensando en cómo los buenos pueden ser malos y viceversa. Sobre todo, cuando me eduqué en un mundo bipolar.

La magia del cine es poderosa, tan poderosa son las historias de niños, que además de efectos técnicos, son conmovedoras y seguro las hacen unos genios allá en Disneylandia y tienen productoras tan brillantes como desafiantes. La colonización de la diversión infantil ha augurado películas muy taquilleras como Buscando a Nemo, Cars, El rey león, Toy Story, Monsters, Inc., entre un arsenal muy grande... que además dejan una serie de mensajes y valores, con los cuales seguramente están creciendo muchos niños.

Por ejemplo, no deja de sorprenderme la frase de la película La familia del futuro, cuando uno de los hijos comete un error, y la familia celebra, luego dicen: “Con el error aprenderás”. Esa película inquieta mucho, la historia del niño es de éxito, en el mundo sabemos que hay muchos fracasados, pero la idea de convertir en premio lo que siempre castigamos resulta más que llamativa, importante. ¿Qué pasaría si la familia les celebra los errores a los niños y los premian en vez de castigarlos? Lo mismo pasa con una película que me movió el piso: Lluvia de hamburguesas, el niño fracasado sale con las suyas, es un niño científico y genio apesadumbrado, que sabe salir imbatible. Otra película animada de España me sorprendió, se trata de Planet 51, pues aterriza un humano en otro planeta, y cuando uno espera que los nativos lo tomen como invasor, la película nos advierte que no hay que temerle a lo desconocido.

El mundo al revés es claro que nace con Alicia en el País de las Maravillas, pero como me gustó y como enganchó a mi hijo la saga de Shrek, me dije: es un espacio para los que no han tenido espacio. Es la venganza de los cuentos.

MegamenteVolviendo a Megamente. La película no deja de ser una manera de exaltar el individuo más allá del colectivo. Es decir, es parte de ese ideario de esperar o estar al garete de alguien que salvará al mundo. Eso es más de lo mismo. No aporta nada y en cambio promueve un estilo de vida en donde buscamos ser héroes. La variante se encuentra en que al antihéroe, el que sabe que nació para ser malo, se le presentó la oportunidad de hacer algo distinto y la aprovechó.

Megamente como muchas películas invierte los papeles. Deja la sensación de que un mundo con una serie de valores diferentes puede ser posible, de hecho lo es, cuando hoy estamos gobernados por la generación digital que despegada del mundo real se fascina con lo virtual, quiere la diversión a cambio del sentido, quiere hacer de la vida un hecho divertido y alegre pero sin pensar en la realidad. ¿Qué será de los que vienen?

Antes crecimos con los cuentos de los hermanos Grimm, con ellos los valores se inculcaron en nosotros: no decir mentiras, no salirse del camino, respetar la tradición, en fin, hoy el cine deja en los niños otros valores: hay que salirse del camino, provocar una idea de mundo donde los papeles se invierten, hasta pensar en que los buenos y los malos hacen las mismas cosas. Puede ser que el mundo bipolar desaparezca y cada vez que vaya con mi hijo al cine una nueva idea salga a flote para inquietarme.