Entrevistas
A favor del periodismo

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Alfonso Armada (izquierda) y Doménico Chiappe
Doménico Chiappe (derecha) y Alfonso Armada, durante la presentación de Tan real como la ficción.
 
Nota del editor

“Tan real como la ficción, herramientas narrativas en periodismo”, de Doménico Chiappe

El pasado jueves 27 de enero fue presentado en la librería La Central del Museo Reina Sofía, en Madrid, el libro Tan real como la ficción, herramientas narrativas en periodismo, del periodista y escritor peruano-venezolano Doménico Chiappe. La presentación se realizó en el marco de una conversación entre el autor y el periodista, poeta, dramaturgo y ensayista español Alfonso Armada. Hoy ofrecemos a nuestros lectores la versión que de esa velada ha preparado la editora española Linda Ontiveros.

Doménico Chiappe: Publicar un ensayo es como desnudarse. En la ficción el autor se puede resguardar detrás de los personajes y sus tramas. Pero con el ensayo, se expone. Se arriesga. Quiero agradecer el apoyo que he recibido estos años a mi mujer, familia, amigos, alumnos y todas aquellas personas con las que comparte día a día, que siempre están allí y de las que se aprende. Agradecer a La Central y a Alfonso Armada, periodista que cree en un periodismo que es el mismo en que yo creo. Siempre recuerdo una anécdota suya que le escuché la primera vez que le vi en una mesa redonda, y si tuviera que novelarlo, la utilizaría para presentarle. Creo que esta historia le pesa como una losa y le lleva a renovar el compromiso con el periodismo día a día. Él estaba en Ruanda, durante el genocidio, y, cuando viajaba con los militares italianos, encontraron una nueva matanza y, en medio de los cuerpos, una mano se movía, pidiendo ayuda. Me gustaría, en vez de hacer una presentación usual del ensayo Tan real como la ficción, tener un conversación con Alfonso sobre cómo estas visiones, estas impresiones, nos llevan a renovar un compromiso que la mayoría de las veces yo siento extraviado.

Alfonso Armada: No quiero hablar de mí mismo, sería fatigoso. Prefiero empezar por el final del libro: “El retorno a la investigación y el estilo literario podría salvar al oficio de la mediocridad de los periodistas cada día más acomodados y partícipes del discurso oficial del poder (eco­nómico, político, cultural) y del auge de la dispersión infor­mativa que fomenta el ciberespacio”. Y quería preguntarte si esta crítica es generalizable a todo el periodismo contemporáneo o tiene rasgos más inquietantes en España.

DCH: Creo que el texto profundo, bien escrito y bien investigado puede salvar al periodismo de la mediocridad que impera y que está generalizada en el mundo. El periodista está en un proceso de embrutecimiento; un proceso compartido por el resto de la sociedad, que se produce por la simplificación del discurso y la búsqueda de comodidad. El periodista avezado se deja vencer por la facilidad y el joven es víctima de este proceso de embrutecimiento, que le deja sin criterios para discernir y pensar y sin herramientas para enfocar lo que tiene que transmitir. Es generalizado y abominable; es dificilísimo encontrar un buen texto incluso en los periódicos que hace años uno admiraba, la televisión es escandalosa en su superficialidad y la radio es una máquina de opinión, que no hace periodismo.

AA: ¿En qué medida el ciberespacio influye en el periodismo y la lectura?

DCH: Lo más interesante es la pérdida de la autoridad del editor. Twitter, que es el reino de esa superficialidad, sin embargo, tiene de vez en cuando links que te llevan a un desarrollo que es, muchas veces, independiente. Y es el lector el que elige esa independencia. Pero también sucede que ese contenido, en gran parte, ya no es profesional y, si el que lo escribe no puede vivir de aquello que divulga, tampoco puede dedicarle la investigación que merece. Se llega otra vez al exceso de opinión, pero el proceso concluye en restar autoridad y soberbia a los grandes medios, que están viendo que se desmenuzan como monstruos de arena, que es en lo que se han convertido, y que hace que veamos desmoronamientos como la venta del grupo Prisa al capital de Berlusconi.

AA: Quería ir al principio del libro. Es un libro hermoso, me gusta. Tiene un color azul, que es mi color favorito, y me encanta la foto de Humberto Mayol, de Cuba, en que un tipo maneja un triciclo en el que transporta un ataúd. ¿Por qué elegiste esa foto?, si la elegiste tú, si pudiste convencer al editor de que la publicara.

DCH: Elegí esa fotografía porque, cuando yo dejé de hacer crónicas de viaje y me pasé a lo que se puede llamar periodismo serio, renuncié a mi trabajo y empecé a trabajar freelance para El Nacional, que es uno de los principales diarios de Venezuela. Y el suplemento, Siete Días, me asignó a Humberto Mayol, cubano que vivía en esa época en Venezuela. Trabajamos juntos y nos hicimos muy amigos. Cuando se me ocurre el título, que es lo último que surgió, la única foto que veía acompañándolo era esta. Para mí es un homenaje a esas ideas que tenía al principio de mi carrera, que no creo que hayan sido ingenuas y que no he querido abandonar, aunque ahora no hago periodismo.

AA: Este título, Tan real como la ficción, parece paradójico y no lo es. Me gustaría que le explicaras a los lectores por qué no es paradójico, qué esconde ese título.

DCH: ¿Podrías explicar esa visión tú mismo?

AA: Estás jugando con la mirada del lector. El subtítulo, Herramientas literarias en periodismo, tampoco desvela lo que encierra. Me gusta porque es un juego que se plantea durante todo el libro y es un gran debate, del que en España hay grandes “apóstoles”, por decirlo así, entre comillas, con una pelea constante entre los límites de la ficción y la no-ficción. ¿En qué medida tú también participas en esa fatiga por la ficción y la defensa de la no-ficción? En España es, sin embargo, un género que no se sabe bien dónde publicar, a diferencia de Estados Unidos, donde tiene mucho predicamento.

DCH: Este título tiene una doble lectura. La realidad se puede contar con esas herramientas de la ficción, capaces de cautivar al lector, pero respetando los límites y los pactos. El que escribe no-ficción ofrece un pacto de veracidad, nada de lo que hay allí es falso, y eso no se puede romper aunque se puede jugar con la manera de contarlo, con la exposición. Mientras que el que escribe ficción hace un pacto de verosimilitud, le dice al lector que va a pensar que es verdad la historia, aunque no lo es. La veracidad del pacto del periodismo puede estar revestida de verosimilitud, de lectura amena, porque cuando le pides a alguien que lea, le estás pidiendo su tiempo en exclusiva. Es mucho lo que se le pide al lector.

AA: ¿Y el papel de la imaginación? Cómo puede ser útil para el periodismo, en qué fase, mientras que en la literatura es casi su razón de ser.

DCH: Cuando buscas algo, la imaginación te puede guiar. El periodismo tiene dos fases, la de investigación y la de escritura. Durante la investigación puedes intuir hacia dónde dirigir tus pasos para encontrar tus eslabones para construir tu historia. Eso es el olfato del periodista, que es la visualización de la estructura de la historia del protagonista elegido. A la hora de escribir sólo puedes contar con lo que has averiguado y con aquello que puedes sostener que ha ocurrido.

AA: Recientemente Galaxia Gutenberg ha publicado Kapuscinski non-fiction, escrito por el periodista polaco Artur Domoslawski, que era amigo y discípulo de Kapuscinski. Es una biografía muy extensa y trabajada donde cuestiona, a mi forma de ver de manera irrefutable, algunas libertades que se tomó el gran reportero polaco a la hora de redondear sus reportajes. ¿Has seguido el caso y qué opinión te merece la biografía y estas conclusiones?

DCH: No he leído el libro, no he seguido el caso. Cualquier cosa que opine sería superficial. Para mí, Kapuscinski es un maestro y creo que, en esa idealización en que lo tengo, leería una biografía de este tenor buscando qué cosa es ficción en los argumentos del autor, que se vende como amigo y discípulo de Kapuscinski, pero que lo conoció a los sesentitantos años, cuando ya había escrito la mayoría de sus obras. Entonces no estuvo con él en esos trabajos. No lo he leído; tú dices que es fehaciente y yo te creo, pero, si lo leyera, sería para hacer un juicio a este juicio. Pero seguro que no voy a leer el libro.

Biografías

Alfonso Armada

(Vigo, 1958) es periodista. Durante 14 años trabajó para el diario El País, cinco como corresponsal para África, y desde 1999, para ABC. Ha cubierto el cerco de Sarajevo, el genocidio de Ruanda y el ataque contra las Torres Gemelas. Además de trabajar como reportero desde que regresó de la corresponsalía de ABC en Nueva York, desde septiembre de 2009 dirige el máster de periodismo de este periódico. Es también editor y uno de los promotores de la revista digital fronterad. Ha publicado, entre otros, los libros Cuadernos africanos; España, de sol a sol; El rumor de la frontera; Nueva York, el deseo y la quimera; El sueño americano. Cuaderno de viaje a la elección de Obama; Diccionario de Nueva York y, con Gonzalo Sánchez-Terán, El silencio de Dios y otras metáforas. Una correspondencia entre África y Nueva York. Ha publicado también obras de teatro, como La edad de oro de los perros / Sin maldita esperanza, y poemarios como Pita velenosa, porta dos azares, Los temporales y TSC. Diario da noite.

 

Doménico Chiappe

(Lima, 1970). Escritor. Autor del ensayo Tan real como la ficción, herramientas narrativas en periodismo (2010). Desde los noventa trabajó como periodista de investigación. Fue miembro fundador de la revista Primicia y del diario TalCual, en Venezuela. Es colaborador de la publicación digital fronterad. Actualmente imparte su taller de periodismo narrativo en Fuentetaja Literaria (Madrid) y en el máster del diario ABC. Es coordinador editorial de La Fábrica. Por una serie de reportajes sobre niños apátridas fue galardonado con la mención de honor en los Premios Iberoamericanos de Unicef y la Agencia EFE. También es autor del libro de cuentos Párrafos sueltos (2003), la novela Entrevista a Mailer Daemon (2007) y la obra multimedia Tierra de extracción, elegida por Electronic Literature Organization para su antología ELC2, como una de las mejores obras de literatura multimedia de habla no inglesa. Se crió en Venezuela y desde el año 2002 vive en Madrid.

AA: ¿Podrías explicar la expresión: “el periodista es un mudo que señala”?

DCH: Esa frase podría parecer una contradicción, porque también defiendo que el periodista tenga su propia voz. Cuando digo que es un mudo, no me refiero a que no reivindique su voz, porque critico mucho el rol del periodista transcriptor. Cuando un periodista reúne una cantidad de fuentes, la única manera de darle coherencia es con su propia voz. Lo que quiero decir con la frase, es que, a menos que haya sido un protagonista relevante de la historia, no debe intervenir y, si lo hace, señalar cómo ha sido esa intervención.

AA: Me ha sugerido muchas cosas que sostengas que el periodismo es más arte que oficio, cuando aquí las escuelas defienden precisamente lo contrario.

DCH: El oficio es algo mecánico, y el periodismo bien hecho no puede serlo. Hay que enfrentarse a un reportaje como si te enfrentaras a una novela.

AA: Un fragmento que me creó bastante perplejidad, es este que dice: “El periodista que afirme emprender el oficio como un viaje, largo o veloz, hacia la verdad, se descubrirá como un ingenuo o un impostor. La verdad no es asible. Existe, pero es inhumana, incomprensible. El perio­dismo permite la intromisión en múltiples vidas y situaciones, pero no arroja sabiduría por sí mismo; detrás de su ejercicio no se esconde ninguna luz. El periodista registra los hechos, los reconstruye, nada más, nada menos. Su máxima aspiración es contar algo por primera vez. Descubrir aunque sea un detalle hasta entonces desapercibido. Lo hace a partir de la investiga­ción en ocasiones de la presencia para visionar, recabar tes­timonios, sentir. Escribe una historia sin pretensiones, basada en hechos y no en conjeturas. Una historia desacralizada, que se permite hurgar en las fisuras de los grandes personajes para encontrar esos detalles perdidos en las opiniones, las síntesis y las conclusiones. La aplicación de técnicas de novela en el texto periodístico no afecta la calidad del oficio. El mal periodismo surge a partir de la investigación insuficiente, no de la utiliza­ción de herramientas que enriquecen la factura de la narración”. Y me causó perplejidad porque yo mismo, alguna vez, he caído en esa metáfora del periodista que emprende un viaje en busca de algo y que intenta encontrar la luz. Sí existe el riesgo de caer en cierta mistificación o en cierta sensación de considerar al periodista como una especie de misionero en busca de una verdad. Citando a Arcadi Espada, él dice que, muchas veces, los periodistas se escudan en su pereza para decir que la verdad es inasible. Es cierto que la verdad absoluta es inasible, pero también que el periodista puede esconderse detrás de esa premisa para no trabajar lo suficiente.

DCH: La verdad puede estar allí, pero el hombre no tiene capacidad para transmitirla. El periodista lo único que puede hacer, por más que investigue, es dar una versión de un hecho, y ahí está la necesidad de una investigación profunda. Así como se dice que el periodista se escuda en la pereza para no encontrar la verdad, yo podría decir lo contrario: el periodista se escuda en la verdad para esconder su pereza. Una vez que es dueño de la verdad, nunca más vuelve a buscar, a pensar, a investigar. Así como nadie ha encontrado la verdad ni la ha transmitido, puede usar su predicamento como quiera. Y es mejor, entonces, no usarla. Nadie es objetivo. En vez de objetividad hay pluralidad. Puedes intentar encontrar algo que se acerque a la objetividad haciendo una historia plural, polifónica. Pero para ser objetivo tienes que despojarte de todos tus prejuicios, ideología, bagaje cultural y todo lo que te conforma, y eso no lo logra nadie.

AA: Precisamente, si estás hablando de la degradación del periodismo contemporáneo, muchos se escudan en este relativismo, de que es imposible llegar a la verdad sobre nada para llegar a un cinismo absoluto, y la prensa española es un ejemplo palmario de esto. En la prensa española es mucho más sangrante la imposibilidad de llegar a un consenso mínimo sobre los hechos básicos que concurren en un suceso, que en Estados Unidos, donde viví siete años, y sí percibí que había un consenso mínimo sobre los hechos, y después cada uno hacía su análisis. Aquí no hay ni la posibilidad remota de que coincidan en la descripción de los hechos El País, El Mundo, ABC y La Vanguardia. Estoy de acuerdo en que la verdad como gran ente metafísico es inasible, pero hago mucho hincapié en el máster de ABC en que creo que es posible que un periodista investigue un hecho y llegue a conclusiones lo más cercanas posibles a la verdad, dejando de lado sus prejuicios y convicciones. Creo que es posible y es una aspiración realmente legítima. De lo contrario, como cada uno tiene su verdad, al final es imposible llegar a ningún consenso sobre nada y todos nos volvemos unos cínicos.

DCH: Pero en el ejemplo de la prensa española no hay ningún convencimiento de que se hace un buen trabajo. Cuando cuentas un hecho de tal manera que lo llevas hacia la ideología del medio que lo publica, haces un periodismo deshonesto. Yo creo que, en vez de buscar la verdad, se tiene que hacer un trabajo honesto. Contar lo que encuentra. Porque, si no, con ese concepto de verdad disfrazas la manipulación. Todo lo que se cuenta está manipulado, aunque haya buena intención. Cuando se elige un personaje de un montón, y de ese uno eliges las cualidades que vas a transmitir, tienes que ser honesto porque a cualquiera puedes convertirlo en héroe o villano. Y luego, cuando eliges el punto de vista desde el que contarás, también estás influyendo. Y a partir de esas dos elecciones, ya puedes contar la historia que quieras a partir de cualquier hecho. Entonces, lo único que puede salvar una historia es la honestidad del periodista que se acerque a narrarla. Que no cuente lo que ha prejuzgado.

AA: Quizás sea una cuestión de terminología. Evidentemente siempre que eliges una palabra, un enfoque, si hablas de este personaje y no de otro, si hablas desde el piso cuarto y no del bajo, ya estás buscando una caracterización, una mirada de la realidad. Pero a pesar de eso puedes ser honesto con el lector, puedes intentar proporcionarle el mayor número de ángulos sobre un hecho, evidentemente no todos, porque no se tiene la capacidad de estar en varios lugares de forma simultánea.

DCH: Claro, esa es la pluralidad de la que yo hablaba antes. Pero no creo que con eso logres contar la verdad.

AA: Este tema da mucho de sí, no vamos a aburrir a los lectores. Aquí hablas de herramientas narrativas para periodistas y quisiera que hicieras un pequeño inventario de estas herramientas útiles para periodistas y no periodistas.

DCH: Las herramientas las he ordenado de acuerdo a la intensidad con la que influyen en la manera de contar. Empiezo con los personajes y el punto de vista. Y luego con la descripción de lo que rodea a los personajes. Porque en el periodismo son muy importantes las circunstancias. Jugamos con los arquetipos, no con los estereotipos. Las personas son, y reaccionan, de acuerdo a las circunstancias en que se mueve. Después paso a la estructura, porque, en la manera en que ordenas los eslabones de una historia, también se influye. Y después paso a estrategias que hacen del periodismo literario, literario: el diálogo, un principio que cautive, las estrategias temporales, el manejo de la tensión, la dosificación de los ingredientes para atrapar al lector y mantenerlo hasta la última línea. En los capítulos finales, titulados “Cuándo se explica y para quién se narra”, entronca con la introducción y la conclusión, donde está mi visión del oficio. Y luego unos apuntes para la entrevista, en donde intento de alguna manera abordar las claves de la entrevista de personalidad, y no esas entrevistas en que se anula por completo el periodista, para hacer un regalo al patrocinador o quien sea. Y a lo largo de todo el ensayo, cada teorización se acompaña con citas y referencias bibliográficas que sirvan como ejemplo y que incentiven a la lectura completa de esos libros que recomiendo.

AA: En ese sentido, el libro es muy interesante, porque propone lecturas. A algunos autores no les conocía y me he animado a comprarlos. Sin embargo, me ha llamado la atención que no estuviera Truman Capote. Porque ha habido mucha controversia sobre A sangre fría. Quería saber tu opinión sobre aportes y carencias de este libro.

DCH: A sangre fría es un gran libro escrito con grandes licencias de ficción. Hay un libro que no cito, y debí hacerlo: La canción del verdugo, de Norman Mailer, que es un contrapunto a la obra de Capote. Pero sí cito otros que se adentran en la ficción, porque el narrador afirma lo que siente y piensa el personaje, como hace Woodward con pésimos resultados, hasta el punto que ha tenido que desdecirse de algunos libros con otros siguientes. Hacer textos en tercera persona, desde el narrador omnisciente, es hacer ficción.

AA: Aunque de la lectura a mí me parece deducir cuál es para ti el mejor libro o reportaje que se ha escrito nunca, me gustaría que lo dijeras abiertamente. ¿Hay un libro que valores especialmente, porque se ha acercado más a lo que a ti te parece un extraordinario libro de reportaje?

DCH: Hiroshima, de John Hersey.

AA: Quería hacerte dos últimas preguntas: ¿quién es Doménico Chiappe y quién le gustaría ser?

DCH: No sé responder eso.

AA: ¿A ninguna de las dos?