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Poemas

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Plegaria

Estos ojos míos
no ven sino angustia.
Esta boca mía
se olvidó del ruego;
es una flor
de mortecinos pétalos.
¡Oh, Señor!
Torna a mis pupilas
los pájaros
que huyeron
con mi risa.
Aventa
“Las escamas de Samuel”
¡Estoy ciega!
¡Sin trinos!
Dios mío...
Vuelve a mí, tu mirada,
deja que el rocío
de tu infinita bondad
bese en la aurora
de cada mañana
mi corazón.
Señor de todas las misericordias,
mi vida es un jardín de sombras.
Los pájaros,
mis amados y temerosos
pájaros,
buscan la luz.
Las tinieblas,
inmensas alas de cenizas,
los aprisionaron
en el vientre de un abismo.
Yacen con el canto
quebrado.
Escucha mi plegaria
¡Oh Dios!
Una sed de ti
abraza mi ser.
¡Purifica la sangre
en el retorcido cauce
de mis venas!
Torna la amargura de hoy
en paloma de esperanza.
Mi alma es una fuente
donde pasó el verano
y agostó el cristal
de su seno.

Teje Señor en mis manos
un nido de dulzuras.
En mi boca,
palabras de amor
que restañen heridas.
La luz de tu ciencia,
encienda la llama
del saber;
que ignorante mi alma
se perturba.
Deja que tu piedad
me guíe por el camino
más abrupto.
Allí donde un Ser
gime.
Allí, donde me aguarden
todos los conciertos
de espíritus dolientes
¡Y un Himno a Ti,
mi corazón agradecido,
Eleve!

 

Advenimiento

Me duelen los costados
y entre los lirios de mis dedos
escapa el filo de mi sangre.

Contempla mi Señor
rosas de senos y de vientres
en el altar del miedo.

Las pupilas del viento
abren los caminos.

El reloj de los siglos
corta los hilos
y las horas del hombre.

Campesinas estrellas
escogen nuevo trigo.

Bajarás mi Señor
al suelo de los pobres
que tocarán tus llagas
y besarán tus carnes.

Postrarás redimidos
con el óleo de tu sangre.

Y amaneciendo auroras
la Señal de la Cruz
en la frente de las madres.

 

Cantares

I

Quien no conoce la tierra
que yo conocí no sabe
dónde comienza la vida
cuando las estrellas nacen.

 

II

Yo tengo sólo tristeza
más tristeza que alegría
soy como agüita clara
de lágrimas cristalinas.

 

III

Cantares de mi esperanza,
cantares del alma mía
cuando yo nací cantaban
las estrellas, letanías.

 

IV

Nací para amar el cielo
en una noche estrellada.
Me dio dolores la vida
y una aurora desvelada.

 

V

En el destino del hombre
existe un pájaro herido
porque en las sombras de su alma
ha quedado sólo un niño.

 

VI

Nace la rosa fragante
en el borde del camino
y al pasar el viento canta
el alma del peregrino.

 

Infancia

Las risas infantiles
que pasan por mi casa,
se enlazan en la brisa
y cantan en el alma.

Pasan como pájaros
risueños, volanderos,
tomados de la mano
¡pañuelitos del cielo!

Risas de luz, infancia
que al mundo da su vida,
miro por los cristales
una lejana niña...

¡Juego con la alegría
del niño entre la fronda!
¡Vuelo como ellos vuelan
en los giros de la ronda!

Cantan la nueva aurora
de un mundo prometido,
ellos van hacia el hombre,
¡luceros encendidos!

A forjar el misterio
sagrado de los siglos.