Letras
Tres poemas

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El hombre restaurado

Soy el hombre restaurado
        el hombre puzzle
        el nuevo Frankenstein
del siglo XXI
y lo que resta por venir.

Soy la resurrección del polvo
       la restauración del cielo.
Soy el hombre destruido.
Soy el hombre restaurado.

Soy el hombre
                   con piernas de palo veneciano
                   el hombre
                   con ojos de vidrio cósmico
                   el hombre
                   con falanges de nácar
                   el hombre
                   con corazón trasplantado,
                   con recuerdos en mi cerebro
                                           de bombas atómicas
                                           de napalm
                                           de hambre
                                                polución
                                           inundaciones
                                           y cataclismos.

Soy el hombre nuevo.
        El hombre
        con lengua de diamante
        el hombre
        con vísceras de pollo
        el hombre
        con muslos de acero dulce
        el hombre
        con sangre donada.

Soy el hombre restaurado.
        El hombre
con pestañas de alambre
        el hombre
con pantorrillas de goma
        el hombre
con pectorales rabiosos
        de aceite de ballena,
        y mandíbulas de tiburón
        y cabello de foca
        y cintura de avispa
        y nueve bypass gástricos
        y un clavo en la carótida
        y tres costillas menos
        de cada lado
        para moverse mejor
        y talones de plástico
        para elevar la visión,
        y espalda escamada
        para ocultar bien
        las atrofiadas alas vestigiales,
        y 27.332 tatuajes tribales
        de Sumatra, Samoa, Sri Lanka,
        Madagascar, Isla de Pascua,
        y sin alma.
        ¿Para qué quiero un alma
        en un mundo sin alma?

Soy el hombre restaurado,
        el nuevo Frankenstein
        del siglo XXI.

 

El domador de huesos
(evocación del contorsionista)

“El domador de huesos puso
su bolsa de tela colorada
en el suelo, y mandó callar
a su clavícula
que estaba fuera de lugar”.

“Con todos estos huesos tengo que vivir”
dijo para sí el domador de huesos.
Para vivir entero, de la cabeza
a los pies, tengo que domar estos
huesos, colocarlos a como dé lugar,
porque mañana, o acaso esta noche
tenga que volver a la intemperie
mojarme como otra vez
y colocar con cuidado
cada hueso en la cajita.

“Con todos estos huesos tengo que comer”
dijo para sí el domador de huesos.

¿Habrá alguna vez una noche dada?
¿Cuándo tendré calor, medio plato
en la mesa, un tercio de cuchara?

Y agua que no caiga del cielo.
Y sed que no la repare
el agua de la lluvia.

No quiero para mí
agua de lluvia,
viento de temporal
calor de fogata.

El fémur derecho
afectado por la humedad.
De tibia y peroné, ni hablar;
falanges entumecidas
omóplatos que ya no están
en su lugar
mientras se detiene de a ratos
la lluvia
y los huesos vuelven a girar:
el brazo que se pliega,
la pierna izquierda...

Un acordeón de hombre,
un fuelle humano
entrando en la cajita;
un cubo loco y transparente,
un dado eterno
girando al azar por dos monedas.

 

Mecanismos

a Peter Boyle

¿Has visto alguna vez
un cuerpo humano por dentro?

Fuera de toda elegancia,
al descubierto el sistema
que nos sostiene: vísceras,
tendones, grasa que amortigua
los sacudones del día
y la desilusión,
tendidos de cables, usinas,
alarmas, inmensas redes
de circulación, controladores
de temperatura,
etc., etc., etc...

Materia prima perecedera,
que debemos, con esmero, cuidar.

¿Has visto alguna vez
qué poco elegante es
un cuerpo humano por dentro?

Y frente a lo hermoso por fuera,
qué precario resulta todo.
¡Qué frágil! ¡Qué elemental!

Es como ver un mecanismo
de relojería,
como levantar la tapa
de un auto y ver el motor,
las poleas, la bomba de agua.

Materia prima perecedera,
que debemos, con esmero, cuidar.

¿Alguna vez has visto
cómo funciona un cuerpo
humano por dentro?

Igual que una máquina
para volar.
Igual que una máquina
para matar.

También
igual que un reloj.
Un reloj al que alguien
hace tiempo le dio cuerda,
o lo activó
en medio de la noche
sin que lo supiéramos...
Hasta que ese misterioso tic-tac
se detenga para siempre
(incluso en medio de un bellísimo
día de sol)
y el silencio que emana
del complejo sistema
de vísceras, nervios y tendones,
se apague de golpe
y para siempre
bajo la mirada
impasible del cielo.

¿Has visto alguna vez
un cuerpo muerto por dentro?

Es como un pájaro indefenso,
como una rama seca
que nos dice
desde su infinita muerte,
que es materia prima perecedera,
finita, acuñada en el misterio
de una noche primordial,
en un remoto tiempo
lejano
muy lejano.