Secretos del Fénix
Saturnino Valladares
Poesía
Editorial Celya
Colección “Generación del Vértice”
España, 2010
ISBN: 978-84-96482-79-1
Me miras la mirada toda mía,
temblándome la calma apasionada,
de besos cubierta toda mi boca,
de un color caliente, toda frescura,
de brazos, manos, de dedos toda hecha
por mi cabello. Toda eres caricias
hacia mí, hacia el amor que te tengo.
Tú, sin prisa, me sonríes mirándome,
una mirada mía inesperada,
súbita, vertical, tan sorprendida
del instante tuyo y de la esencia
informal de este mirar amándonos,
besando el estremecido instante,
sin siempres ni promesas, sin futuro.
Todo, mirándonos ser todo, todo
en la esperanza del durar amándonos,
aquí, hoy y ahora, en el calor
de tu beso y de tu nunca mañana
Quieres amanecer conmigo, amor,
dices mientras mis manos
despiertan la desnudez de tu cuerpo.
Yo camino sobre el rumor
de las palabras que acercan tu latido.
Amanece conmigo, repites
mientras mi lengua lame la saliva,
la lluvia que te tiembla en la boca.
La humedad de tus ojos jadeantes
apaga las estrellas de la noche.
Amaneces
en la extensión de mi cuerpo.
Fluye un temblor viviente por tus venas.
Dolorosa y ardiente estás gimiendo
en ti misma extraviada
y en el calor mojado
que te acaricia la luz íntimamente,
extendiendo mareas en torno a ti,
lluvias sumergidas, pájaros vivos.
En líquidas sustancias las nubes se deshacen,
como si al mar bajase el cielo entero.
Se humedecen los cuerpos, la tierra, la mañana;
confundidas las aguas son lluvias y son olas
tiernas y enfurecidas como una mordedura.
Un secreto temblor, un látigo en el cielo,
un íntimo latido golpea y acaricia,
más adentro cada vez, cada vez más adentro
alumbrando el diluvio. La tormenta.
La fuerza de las llamas
abre el torso de los cuerpos.
Arde el Ave Fénix
abrazado a la tierra,
avivando los colores
de las alas en llamas.
La danza de los cuerpos.
El lenguaje incendiado del amor.
Nos bebimos dulcemente en la calma,
manantial que se desboca en las bocas,
bautismo de las gargantas sedientas,
entre las humedades y las sombras.
Una lágrima, después del amor,
sin gestos comunica su ternura,
su violencia proclama sin palabras,
y una espiral ardiente de deseo
por la boca deja el gusto de la sed.
Mira el cielo todo en tronco de árbol
con un sesgo de hoja siempre cayendo
ante el azul atónito del aire.
Encorvado, el árbol que murió tanto
posee en sus raíces cualquier cosa
de calor amable y de poder en flor.
Un nuevo aumento de amor por la vida
me anima fuertemente a abrazar
toda su eternidad y su certeza.
Violentamente el ave
asciende a lo profundo
de la materia líquida.
Atraviesa la lluvia,
los pétalos oscuros,
la luz que habita en la piel,
las aguas silenciosas.
En su esencia de incendio
luchan la sombra y la luz:
la luz fluyendo desde la sombra apresada.
Sobre la tierra fresca y ahora en tus manos,
el intenso perfume
de la fruta madura
que será la simiente y ya fue la flor
y el beso áspero de las abejas.
Sin principio ni final, por tus manos
respiran la vida y mis horizontes.
En tus manos florecen naturales
designios y secretos,
ruidos de piedras y de hojas futuras,
mínimas masas líquidas
por donde tersos se escurren los peces
del mar y del instinto
temblando a mis salivas.
En las manos del agua
viene a dormir la noche
su placidez redonda.
Desprendida del cielo y de la tierra,
envuelve la pasión
mi cuerpo a la deriva.